La epidemia frustra la ambición de China de estar en el centro del comercio y la cultura globales

James Areddy
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20 de febrero de 2020  

SHANGHAI.- Una vez, Jing Sun, originaria de la ciudad china de Shenzhen, celebró la Navidad haciendo una excursión al Polo Norte para ver renos. Para otras vacaciones, tomó un vuelo a Marrakech, y hace poco estuvo en Cleveland por trabajo. Los Ángeles, Nueva York y Barcelona estaban en su itinerario para la primavera boreal, y mientras tanto empezaba a tomar notas para un viaje inaugural a Australia. De repente, la joven de 29 años quedó anclada en Pekín.

Por temor al contagio del coronavirus, el mundo cortó muchas de sus conexiones con China. Más de 30 aerolíneas suspendieron sus vuelos al país, mientras que una intrincada red de restricciones y cuarentenas en 78 naciones, desde Estados Unidos hasta Singapur, virtualmente excluyen del territorio extranjero a los viajantes chinos.

El corte de esas conexiones es un golpe terrible para las masas de viajeros chinos, que incluyen a familias que se van de vacaciones, estudiantes que continúan sus estudios en el exterior, y abogados, financistas y vendedores de arte que viajan por todo el mundo, como la señora Sun. Sus economías personales sienten el impacto, y también tienen el ego herido.

Los chequeos de sus ciudadanos socavan las ambiciones centrales del gobierno chino de posicionarse en el centro de la diplomacia, el comercio y la cultura global. Representan una amenaza para sus acuerdos de exportación, para el negocio de las convenciones y para sus esfuerzos para posicionar sus modernos aeropuertos como nodos de tránsito globales.

La postura defensiva de la comunidad internacional también contrasta con los llamados a la calma de Pekín, que asegura que el coronavirus está bajo control.

Todos los rincones del planeta intentaron capturar el poder adquisitivo de los 150 millones de viajes internacionales realizados cada año por los chinos. Estados Unidos y Japón ofrecen visas de diez años, las aerolíneas hacen publicidades con azafatas que hablan mandarín y los hoteles equipan sus habitaciones con teteras.

La señora Sun, que maneja el marketing internacional para una galería líder de Pekín, Long March Space, tuvo que cancelar su asistencia para mediados de febrero al Frieze Los Ángeles, una importante feria de arte. Esta semana, a pesar de 14 meses de preparativos, no podrá estar en Nueva York para recibir a los directores de museo y coleccionistas millonarios a los que invitó al SoHo para ver obras del artista Guo Fengyi, cuyos encargos de intrincados dibujos pueden ascender a 60.000 dólares.

"Para nosotros es emocionalmente devastador", dice Sun, que admite que sintió "confusión, tristeza y temor".

Su estadía en Barcelona también quedó anulada, y ahora habla en tiempo pasado sobre sus planes para visitar Australia.

Los problemas de circulación empezaron a fines de enero, cuando el gobierno de China confinó abruptamente a 60 millones de personas en Wuhan -la ciudad central donde por primera vez se detectó el brote y donde se mantiene concentrado- y la circundante provincia de Hubei. Los bloqueos de ciudades y de barrios limitaron los movimientos en todas partes. Crearon una parálisis nacional justo en medio de las vacaciones del Año Nuevo lunar, la mayor migración mundial de personas en el año.

Rápidamente, Estados Unidos y otros países les recomendaron a sus ciudadanos salir de China, y decenas de aerolíneas suspendieron sus vuelos al país, aduciendo una baja en la demanda. Los diplomáticos chinos intentaron, en gran parte infructuosamente, compeler a otras naciones a acatar las recomendaciones de la OMS y atenuar las restricciones. "Para no generar pánico ni perturbar los intercambios personales normales y la cooperación práctica en varios campos", los gobiernos no deberían "sobreactuar la respuesta", dijo el vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Geng Shuang.

La consultora de aviación privada Asian Sky Group, radicada en Hong Kong, dijo que en China la demanda de vuelos chárter está en aumento ya que la gente intenta evitar los aviones comerciales, incluso a nivel nacional, pero entre las tripulaciones "hay una reticencia evidente para realizar vuelos hacia China". Los datos de FlightAware.com solo muestran un puñado de jets corporativos que parten desde Pekín desde el bloqueo global.

En 2003, el brote del SARS en China también afectó los viajes, pero los aviones siguieron volando. En las últimas dos décadas, la movilidad internacional de los ciudadanos chinos creció vertiginosamente al ritmo de su economía. Los turistas chinos inundan París, Kioto y Nueva York. Poderosos representantes de las multinacionales tecnológicas chinas como Alibaba y Huawei hacen negocios en todo el mundo, y personajes vip de la sociedad china se suben a su avión privado para asistir al Foro Económico Mundial de Davos y al Festival de Cannes.

Boom reciente

Cada primavera, miles de chinos viajan a Nebraska para participar del encuentro anual de Warren Buffett's Berkshire Hathaway Inc.

Se trata de un boom reciente. La China de Mao se caracterizó por sus fronteras selladas: en sus casi tres décadas de gobierno, se emitieron apenas 210.000 pasaportes. Recién en la década de 1990, la gente común empezó a conseguir pasaporte, pero servía para ser usado una sola vez, y no era extraño que el solicitante recibiera en su casa la sospechosa visita de agentes de seguridad del Estado. Incluso a principios de la década de 2000, apenas siete de cada 10.000 chinos había salido del país, y su primera visita "al extranjero" solía ser un tour grupal a Hong Kong.

Hoy, más de 180 millones de ciudadanos chinos tienen pasaporte. En comparación, hay unos 146 millones de pasaportes estadounidenses.

Hay tours de turistas chinos a unos 160 países, y hay más de 660.000 chinos estudiando en el extranjero, lo que convierte a la educación en una de las mayores exportaciones de Estados Unidos y Australia a China.

El presidente Xi Jinping convirtió las conexiones internacionales en una crucial política de Estado a la que le puso el nombre de Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda. El presidente tiene en mente obras de infraestructura que conecten China con Europa a lo largo de la antigua Ruta de la Seda, y sobre las rutas marítimas surcadas por primera vez por Zheng He, un marino del siglo XV que llegó a África y posiblemente a California.

Ávidos por atraer el gasto de los turistas chinos, más de 70 países, desde Tailandia hasta Serbia, los reciben sin necesidad de visa. Después de los mexicanos, los chinos son quienes reciben más visas norteamericanas de no inmigrantes -el año pasado fueron 1,1 millones- y muchas de esas visas permiten entradas ilimitadas durante diez años.

Casi el 80% de las visas internacionales emitidas por Japón son para pasaportes chinos, y China y Australia están conectadas por más de 160 vuelos semanales. El aeropuerto de Pekín es el segundo con más tráfico del mundo, después del Hartsfield-Jackson, en Atlanta.

Para la ejecutiva de marketing Chen Hua, el felpudo de bienvenida se fue evaporando durante las dos horas de vuelo entre Nanjin y Taiwán, el 25 de enero. Ella y su grupo familiar nunca se enteraron de que el gobierno de la isla de Taiwán había prohibido el ingreso de visitantes chinos, así que al llegar les entregaron una Carta de Repatriación y los despacharon de regreso.

Sus esperados seis días de vacaciones en Taiwán se convirtieron en una larga espera en bancos de aeropuerto hasta abordar el próximo avión a casa. "Nunca pensé que la evolución de la epidemia iba a ser tan rápida", dice Chen.

De vacaciones en su posgrado en la Universidad de Sídney, She Yuxuan estaba visitando a su abuela en Wuhan, el mes pasado, cuando la ciudad fue cerrada de improviso. "Me siento aislada por el mes que llevo encerrada", dice She. "¿Cuándo termina esto?"

A principios de enero, Yan Yuehao zarpó de México rumbo a Hawai, Japón y China en un viaje estudiantil llamado "Semestre en el Mar". Su barco debía atracar en su ciudad natal, Shanghai, para el Año Nuevo lunar. Pero las malas noticias sobre el virus lo agarraron en el medio del Pacífico, y lo peor era que el barco no se detendría en Shanghai.

La semana pasada, cuando el barco se desvió hacia un puerto de Vietnam, las autoridades solo impidieron el desembarco de Yan y de los otros dos pasajeros originarios de china continental. Yan no cree que se haya tratado realmente de discriminación, y dice que pudo deberse "a otros factores". Ahora el barco va rumbo a África.

Traduccción de Jaime Arrambide

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