La guerra de EE.UU. contra Irán expone las divisiones entre sus aliados occidentales
Las capitales europeas reaccionan con cautela ante la ofensiva de Washington y buscan evitar una confrontación abierta con la Casa Blanca mientras evalúan el impacto económico y estratégico del conflicto
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LONDRES.– Apenas tres días después del cuarto aniversario de la invasión de Rusia a Ucrania, la semana pasada, Estados Unidos e Israel empezaron a lanzar bombas sobre Irán, y así se iniciaba otro conflicto militar que amenaza con generar inestabilidad global, aumento del precio de la energía y cimbronazos en los mercados financieros del mundo.
La flamante guerra descolocó por completo a los gobiernos de países tan alejados de Medio Oriente como Japón, Gran Bretaña o Canadá, que ya venían a los tumbos por el terremoto económico de los aranceles de Estados Unidos, las guerras en Ucrania y Gaza, la amenaza de Trump sobre Groenlandia y la captura de Nicolás Maduro por parte de las fuerzas norteamericanas.
Y con las represalias de Irán contra las naciones del Golfo, Chipre, el Líbano y más allá como telón de fondo, el conflicto no solo está poniendo a prueba la capacidad de los gobiernos del mundo para forjar su propio destino, sino que también está suscitando respuestas políticas marcadamente distintas.

El líder de España condenó los ataques a Irán como “una escalada”, mientras que el canciller de Alemania respaldó explícitamente la decisión de Trump de ir a la guerra con Irán.
En su reunión del martes en la Casa Blanca con el canciller alemán, Friedrich Merz, el presidente Trump arremetió contra el primer ministro español, Pedro Sánchez, por condenar los ataques. “Vamos a cortar todo el comercio con España”, le dijo Trump a los periodistas. “No queremos saber nada con España”.
Para evitar cortocircuitos con la Casa Blanca, los gobiernos de Gran Bretaña, Francia y la Unión Europea (UE) emitieron declaraciones cuidadosamente redactadas para condenar las represalias de Irán sin apoyar plenamente la ofensiva liderada por Estados Unidos.
En la reunión con Trump, Merz también criticó a España por no invertir más fondos en la defensa de Europa, y aseguró que hay otras naciones “tratando de convencerlos de que tiene que ver con nuestra seguridad común”. Merz también dijo que los ataques contra Irán “por supuesto que están perjudicando nuestras economías”, y añadió que “justamente por eso todos esperamos que esta guerra termine cuanto antes”.
La incómoda postura de Starmer
Son los mismos líderes que se pasaron los últimos cuatro años denunciando la agresión de Rusia contra Ucrania como un ataque al orden global basado en normas y ahora no saben cómo maniobrar frente a una guerra de Estados Unidos con Irán lanzada mientras las conversaciones diplomáticas seguían en curso y sin la aprobación del Congreso norteamericano.
El lunes, un su discurso ante el Parlamento, el primer ministro británico, Keir Starmer, intentó explicar su negativa a sumar a Gran Bretaña a los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, y aseguró que él nunca les ordenaría a las fuerzas británicas entrar en guerra sin una clara autorización legal para hacerlo. Sin embargo, también advirtió que habría consecuencias, independientemente del papel de Gran Bretaña en el conflicto.
Protecting British lives is, and always will be, my number one priority. pic.twitter.com/PlijWT9zkn
— Keir Starmer (@Keir_Starmer) March 4, 2026
“Ya me he referido recientemente al impacto que los acontecimientos mundiales están teniendo en nuestro país, la constante presión que ejercen sobre nuestras vidas, el impacto en nuestra economía, el aumento de los precios en los supermercados o en los surtidores, las divisiones, la ansiedad y el miedo”, dijo Starmer.
También dijo que Gran Bretaña había aprendido su lección de aquel apoyo incondicional a la invasión de Estados Unidos a Irak en 2003, una decisión que más tarde muchos británicos lamentaron.
“Cualquier acción que tome el Reino Unido debe tener siempre una base legal, con un plan viable y bien pensado”, señaló Starmer. “Repito que no participamos en los ataques iniciales contra Irán y que ahora no nos uniremos a ninguna acción ofensiva”, agregó.
Cálculos
Los gobiernos hacen cálculos similares en todo el mundo, intentando sortear las complejas implicaciones políticas de la guerra, el riesgo de contrariar a Trump y los devastadores efectos que podría tener para sus países un nuevo conflicto prolongado.
Ya los precios del petróleo y el gas natural se dispararon por el freno en la extracción y las disrupciones en el tránsito por el estrecho de Ormuz, y en todo Medio Oriente hay cientos de miles de turistas europeos y empleados extranjeros varados, ya que gran parte de los viajes aéreos a la región están suspendidos. También se incrementó la amenaza de actos terroristas, y los expertos advierten que si el conflicto se prolonga habrá una nueva oleada de refugiados de Irán y de la región en general.
“Hay que prepararse para las consecuencias de estos hechos recientes, que van desde el petróleo hasta la energía nuclear, desde el transporte hasta la migración y la seguridad”, dijo el lunes Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. La gran pregunta que se hacen los líderes mundiales es cómo hacer, si es que pueden hacer algo, para que la nueva guerra y las represalias de Irán tengan el menor impacto posible en sus países.
The situation in the Middle East remains volatile.
— Ursula von der Leyen (@vonderleyen) March 2, 2026
But three things are clear:
First, there is renewed hope for the long-suffering people of Iran.
We strongly support their right to determine their own future.
Second, we must do everything possible to de-escalate and stop the… pic.twitter.com/LIId5FFGcI
Irán respondió a los ataques de Israel y Estados Unidos con sus propios ataques contra bases norteamericanas en varios países del Golfo, infraestructuras petroleras y gasíferas en países vecinos, y con un intento de cerrar el Estrecho de Ormuz al transporte marítimo.
Michael B. Froman, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores, dice que en todo el mundo los países se vieron afectados por las repercusiones de la violencia de Irán desde la revolución islámica que llevó al poder al gobierno teocrático en 1979. “Todos han sido víctimas de la conducta iraní y de su apoyo al terrorismo y a los conflictos en Medio Oriente y en todo el mundo”, apunta Froman. “A todos les preocupa un Irán con potencia nuclear”.
Son muchos los países que durante mucho tiempo intentaron resolver esos problemas por la vía diplomática, pero ahora, dice Froman, “esos países son en gran medida meros espectadores, con limitada influencia en la región y probablemente poca influencia también con esta Casa Blanca”.
La pasividad de las potencias intermedias
En tanto potencias intermedias, muchos países de Europa, América y Asia carecen del poderío militar necesario para influir significativamente en el curso de los acontecimientos en Medio Oriente. Además, se encuentran presionados económicamente por Estados Unidos de un lado y por China del otro, lo que reduce su capacidad de plantear exigencias.
“La incómoda realidad es que ahora Europa corre el riesgo de ser percibida ya no como un actor débil, sino como uno marginal”, escribió en el Jerusalem Post la profesora Sharon Pardo, investigadora de estudios europeos y relaciones internacionales de la Universidad Ben-Gurión del Néguev. “Lo que está claro es que la gran aspiración de Europa de ser un actor global en Medio Oriente hoy enfrenta su prueba más dura”.
La problemática de Medio Oriente ya era un tema polarizador en todo el mundo, y muchos países tienen una larga y compleja historia con la región.
The outbreak of war between the United States, Israel, and Iran carries grave consequences for international peace and security.
— Emmanuel Macron (@EmmanuelMacron) February 28, 2026
At this decisive moment, every measure is being taken to ensure the security of our national territory, our citizens,…
En Francia –que como parte de un pacto secreto de 1916 con Gran Bretaña, conocido como el acuerdo Sykes-Picot, controló partes del actual Líbano, Siria y Turquía– los problemas en Medio Oriente siempre generan tensión. En su declaración tras el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, el presidente francés, Emmanuel Macron, midió mucho sus palabras.
“Asumimos desde el primer momento nuestra responsabilidad de proteger a nuestros ciudadanos y nuestros intereses, y de apoyar a los países de la región, y lo seguiremos haciendo”, afirmó el mandatario galo.
Más complicado todavía es el desafío de lidiar con Trump, en especial para los aliados tradicionales de Estados Unidos. El primer ministro Starmer evitó con cierto éxito antagonizar con el mandatario norteamericano, con la esperanza de negociar mejores acuerdos comerciales y de seguridad. Pero su negativa a aplaudir los ataques contra Irán y su decisión de seguir un camino diferente están poniendo a prueba esa relación.
“No estoy nada contento con Gran Bretaña”, le dijo Trump el martes a los periodistas reunidos en el Salón Oval. “No estamos tratando con Winston Churchill”.
Traducción de Jaime Arrambide
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