La guerra le pasa factura a Italia y se convierte en una pesadilla para Meloni en un momento político inoportuno
Italia celebra un referéndum sobre la reforma judicial en que la premier apostó fuerte en un contexto en el que los efectos económicos del conflicto golpean al país; distanciamiento de Trump
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ROMA.– Por un lado, un referéndum sobre una reforma judicial muy técnica, que pocos entienden, en el que se jugó en primera persona y que ella convirtió en un test político que podría significarle un revés. Por el otro, un distanciamiento táctico de su amigo y aliado, Donald Trump, fuera de control y lanzado en una guerra totalmente impopular en Italia, que ya ha comenzado a tener efectos dramáticos para la maltrecha economía del país.
Ese es el “combo” explosivo que enfrenta por estas horas Giorgia Meloni, que, pese a estar firme al mando de un gobierno por demás estable y sólido, se encuentra en un punto de inflexión por factores internos y externos.
La guerra “preventiva” contra Irán lanzada el 28 de febrero pasado por Trump y Benjamin Netanyahu, que ha trastornado al mundo, también ha tenido repercusiones para la líder de Hermanos de Italia. Más allá de las afinidades ideológicas y de su intento de ser la “mediadora” entre él y sus políticas de aranceles disruptivas y la Unión Europea (UE), Meloni debió recalcular.

Según sondeos, después del ataque a Teherán, sólo el 19% de los italianos aprueba al presidente de Estados Unidos (hace un año el consenso era casi el doble) y, consciente de ello, en las últimas semanas -en las que brillaron por su ausencia llamados telefónicos con el inquilino de la Casa Blanca-, la premier cambió de registro.
Más allá de la furia de Trump, que llamó “cobardes” a los aliados europeos por no querer sumarse a una ofensiva para liberar el estrecho de Ormuz, ella -con los ojos puestos en el referéndums y temiendo una baja de consenso-, fue muy clara. Italia no entrará en guerra, repitió una y otra vez. Incluso el jueves pasado, horas después de una reunión en el Consejo europeo y del anuncio de una coalición de seis países -Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia, Holanda y Japón- para la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz, Meloni salió a rectificar. “No habrá ninguna intervención militar sin que haya antes una tregua y sin una iniciativa multilateral extendida, dentro del marco de Naciones Unidas”, precisó.
“El fantasma iraní-vietnamita, el pantano, le aconseja a la premier alejarse de los abrazos del Salón Oval, cuando el presidente de Estados Unidos hasta elogió su belleza”, comentó el analista Mario Lavia en un artículo en Linkiesta titulado “Mejor tarde que Maga”, un juego de palabras con el lema del magnate estadounidense, en el que subrayó que “Meloni comprendió que Trump se ha convertido en un aliado engorroso”.
La guerra que lanzó junto a Netanyahu, al margen de haber asustado a la opinión pública, como en el resto del mundo, está teniendo efectos nefastos en la economía, al dispararse los precios internacionales del petróleo y el gas.
“Las guerras generan desconfianza, miedo y las consecuencias son inmediatas: aumento de los precios energéticos con un riesgo inflacionario sobre las familias, mientras el tristemente célebre spread ha vuelto a levantar cabeza, por lo que es una prueba de estrés muy demandante también para las cuentas públicas”, admitió días atrás el ministro de Economía, Giancarlo Giorgetti.
Pese a la enorme deuda pública, el gobierno, que ya decidió con un decreto reducir un impuesto especial para rebajar el precio de la nafta, no descarta nuevas medidas.
La preocupación es enorme porque el sistema eléctrico italiano, a diferencia de otros países como Francia y España, depende en gran medida del gas. Además, el sector manufacturero italiano lleva tres años atravesando dificultades, lastrando el crecimiento de la tercera economía de la eurozona. No obstante, los grupos industriales —un sector clave para Meloni, especialmente en las regiones del norte— han respaldado hasta ahora al gobierno. La gran pregunta es si seguirán haciéndolo si los costos energéticos y los riesgos geopolíticos se mantienen elevados y la demanda externa se debilita, tal como resaltó Reuters.
El colapso del tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz también está perjudicando a la agricultura italiana, que depende fundamentalmente de los fertilizantes importados: esto amenaza la prestigiosa industria agroalimentaria del país. La escasez de fertilizantes es “ya crítica y corre el riesgo de empeorar con las interrupciones del suministro y nuevos aumentos de precios”, advirtió Coldiretti, la principal asociación agrícola italiana, estrechamente vinculada a Meloni.
Las exportaciones agrícolas italianas también se ven afectadas: Coldiretti estima pérdidas ya ocasionadas de más de 100 millones de euros (114,69 millones de dólares) solo para el sector de la floricultura en la región sur de Sicilia, con más de 2000 contenedores de plantas y flores destinados a los mercados del Golfo retenidos en tránsito.
Y también hay alarma en el sector del turismo: más de medio millón de viajeros, en su mayoría de alto poder adquisitivo, llegaron a Italia el año pasado procedentes de los países del Golfo (Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán, Bahréin y Qatar), lo que supone un aumento del 18,3% con respecto a 2024, según datos de la agencia de turismo italiana ENIT. La disminución de visitantes adinerados del Golfo podría compensarse parcialmente con las llegadas de otras regiones, pero la asociación italiana de agencias de viajes Fiavet estimó el 11 de marzo que las pérdidas ya ascendían a 38.800 euros por agencia.
En medio de este combo explosivo y mientras los noticieros muestran imágenes de devastación en Irán y en el Líbano, muchos italianos se preguntan el por qué y el para qué del referéndum que se celebrará este domingo y lunes, que todos saben que no resolverá el verdadero problema, que es la exasperante lentitud de la justicia italiana, tal como admitió el ministro de Justicia, Carlo Nordio.
Los italianos deberán decirle “sí” o “no” al cambio de 7 artículos de la Constitución que implicarán -de aprobarse- una reforma de la justicia que separa las carreras de jueces y fiscales, creando órganos separados para los mismos y un nuevo ente disciplinario. Mientras que desde el oficialismo consideran que la nueva reforma “le pondrá fin al uso político de la justicia, un cáncer para el país”, la oposición de centroizquierda la considera “una venganza contra las togas”, “un giro institucional para debilitar la democracia” y un “castigo para la justicia”.
En medio de una campaña virulenta, que movilizó hasta a figuras del espectáculo y famosos, Meloni se ha jugado por el “sí” en primera persona con decenas de entrevistas y posteos en sus redes sociales.
Vi ripropongo la mia intervista con Enrico Mentana allo Speciale Tg La7. Buona visione. pic.twitter.com/SjPe2uMvR8
— Giorgia Meloni (@GiorgiaMeloni) March 20, 2026
Aunque aclaró una y otra vez que “no se vota sobre mí, sino sobre la justicia”, la cuestión ha polarizado como nunca la batalla política entre oficialismo y oposición, transformando el referéndum -que no necesita de quórum- en una nueva prueba política.
Mientras los últimos sondeos daban una muy ligera ventaja al “no”, la gente de a pie no ocultaba su perplejidad. “Yo todavía no sé si voy a ir a votar y en ese caso, qué voy a votar, es todo muy técnico y me parece mal al final votar a favor o en contra de Meloni o de la oposición, porque no se trata de eso”, dijo a LA NACION Raffaella Nurchis, empleada romana.
Coincidió Marco Langhella, dueño de una peluquería del centro histórico, que contó que en los últimos meses habló sobre el tema con muchos de sus clientes, algunos juristas y políticos más que informados, divididos en un 50% por el “sí” y en otro 50%, por el “no”.
“Lo que más me impactó es la agresividad de un bando y del otro al explicar por qué había que votar ‘sí’ o ‘no’”, agregó. “No sé, es todo muy confuso, demasiado técnico y lo que realmente me preocupa es cómo vamos a pagar la nafta y las boletas de luz y gas... No sé si voy a ir a votar y si voy, decidiré no en el cuarto oscuro”, concluyó.
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