La violencia sectaria vuelve a tensionar la complicada transición en Siria
Las fuerzas del gobierno lograron recuperar el control de Aleppo después de días de enfrentamientos con milicias kurdas
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RABAT.- Hace poco más de un año, Siria asombró al mundo entero con el colapso en apenas diez días del régimen del clan de los Al-Assad, con más de cinco décadas a sus espaldas. Desde entonces, las noticias provenientes de este país árabe no han dejado de suscitar cierta estupefacción: un líder renegado de Al-Qaeda, Ahmed al-Sharaa se convertía en el nuevo presidente del país, prometía llevar a cabo una transición pacífica e incluso era recibido en la Casa Blanca, que poco antes aún ofrecía diez millones de dólares por información que llevara a su captura o asesinato. Así pues, no es de extrañar que el semanario británico The Economist escogiera Siria como país del año este 2025.
Pero esta semana la transición siria volvió a teñirse de sangre después de cinco días de violentos enfrentamientos entre la milicia kurda de las SDF y las tropas leales al gobierno que dejaron por lo menos 30 víctimas mortales, la mayoría civiles, en Aleppo.
Las hostilidades tuvieron lugar en los barrios kurdos de Ashrafie y Sheij Maqsud, hasta ahora controlados por las SDF y provocaron la huida de más de 140.000 personas. Las fuerzas gubernamentales lograron romper las defensas kurdas y ya controlan la ciudad.
La violencia sectaria es la principal amenaza para el éxito de la transición. Sin duda, el principal reto del país será acomodarse a las demandas de sus minorías religiosas o étnicas, que recibieron con escepticismo, sino desasosiego, la llegada al poder de Al-Sharaa, líder de una milicia islamista radical conocida como HTS.
Antes de los choques en Aleppo, diversas masacres con tintes étnicos ya habían ocurrido en los últimos meses. Las peores tuvieron lugar en las zonas alauitases en marzo, y en la provincia drusa de Sueida en verano. En ambas, murieron más de 1000 personas, la mayoría civiles. Aunque las nuevas autoridades no decretaron medidas contundentes para islamizar el país, existe la convicción de que estas llegarán cuando el nuevo régimen sea suficientemente sólido.
La injerencia de sus belicosos vecinos dificulta aún más la resolución de esta ecuación política. Por un lado, Israel aprovechó el caos posterior a la caída de Al-Assad para ampliar su ocupación de los Altos del Golán sirios. Una de las justificaciones para tal acción ha sido la protección de la minoría drusa en la adyacente provincia de Sueida. De hecho, en plenos enfrentamientos entre milicias drusas y las tropas gubernamentales, Israel llegó a bombardear la sede del Ministerio de Defensa en Damasco.
Por el otro, Turquía presiona a Al-Sharaa para que ponga fin al experimento autónomo de las zonas kurdas del noreste, conocidas como AADNES. Aunque en marzo el presidente sirio firmó un acuerdo con el líder de las SDF, el general Mazlum Abdi, para integrarse en la administración central, el pacto no se ha aplicado y Ankara amenaza con recurrir al uso de la fuerza. De hecho, la violencia de estos días en Aleppo se interpreta como una advertencia para la disolución del ente autónomo kurdo.
Otro factor que envenena la transición es la profusión de noticias falsas en las redes sociales. “Siria se enfrenta a los más altos niveles de desinformación y fake news de la era moderna, impulsado por un paisaje mediático caótico, intereses enfrentados y la ausencia de confianza”, afirma Ruslan Trad, un experto en esta materia del think tank Atlantic Council. Un estudio de la cadena árabe de la BBC puso números a este fenómeno: detectó más de 400.000 mensajes con informaciones falsas en la red X durante los cuatro meses siguientes al final de la guerra civil. Muchos de ellos tenían como objetivo inflamar las tensiones sectarias.
Otros factores
Ahora bien, el éxito o fracaso de la transición siria no depende solo del acomodo de las minorías, sino también de otros factores: la evolución de la economía y los servicios públicos, así como de la voluntad del presidente Al-Sharaa de dotar al país de unas estructuras que garanticen la expresión del pluralismo político. En todos estos ámbitos, se han producido mejoras, pero insuficientes ante las expectativas generadas entre la población.
“Este primer año ha sido el de la estabilización institucional. También se han logrado varios hitos, como la publicación de la declaración constitucional y la elección del legislativo. Pero la reconstrucción es un proceso de prueba y error”, sostiene Ammar Kahf, director del think tank Omran Strategic Studies, creado durante la guerra en Siria y ahora ya instalado en Damasco.
En el plano económico, las mejoras son muy lentas, al menos, más de lo que esperaban muchos sirios. Si bien es cierto que el gobierno ha sido capaz de entablar unas relaciones diplomáticas fluidas con Occidente y la mayoría de países de la región, ello no se ha traducido aún en la llegada de una alud de inversiones o de ayuda. En un país con las infraestructuras destruidas, la reconstrucción avanza muy lentamente.
Además, la implementación del levantamiento de las sanciones norteamericanas, clave para la integración en la economía mundial, se ha alargado por las reticencias del Capitolio. El resultado es que a pesar del aumento de los salarios públicos y la moderación de la inflación, en muchas regiones la red pública de electricidad todavía proporciona cuatro o cinco horas de corriente al día.
La mejora de las condiciones materiales de vida es la gran prioridad de la mayoría de sirios, muy por encima de cualquier consideración política. Por eso, Al-Sharaa ha podido hasta el momento monopolizar todas aquellas decisiones relativas al diseño de la hoja de ruta para la transición, que será de cinco años de duración, tal como establece la Declaración Constitucional que él mismo aprobó en marzo.
Así, son sus personas de confianza en la disuelta HTS quienes copan los principales ministerios del Ejecutivo, y el presidente goza además de la potestad de escoger un tercio de los 210 diputados del futuro Parlamento que redactará la Constitución. La elección de los dos tercios restantes, es decir 140 diputados se hizo el 5 de octubre mediante un sistema indirecto que estaba tutelado por el Gobierno.
Para sorpresa de muchos, los ultraconservadores que fueron elegidos en las urnas representan una pequeña minoría y muchos de los diputados vencedores presentan un perfil centrista o liberal. Sin embargo, están infrarrepresentadas las mujeres y las minorías, sobre todo la cristiana, con un solo diputado. El Parlamento todavía no se ha inaugurado. El año 2026 nos proporcionará nuevos elementos para conocer hasta qué punto las nuevas instituciones son realmente capaces de canalizar las demandas de una sociedad tan plural como la siria en un momento tan sensible como la redacción de la nueva Constitución. De no ser así, difícilmente podrán aportar la estabilidad que requiere la reconstrucción de un país material y socialmente devastado
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