Rusia lanza su mayor ataque del año contra la red eléctrica de Ucrania horas antes de sentarse a negociar
Moscú golpeó la infraestructura energética en plena ola polar y horas antes de retomar los diálogos de paz; miles de hogares quedaron sin calefacción mientras Kiev denuncia que el frío se convirtió en otra arma de guerra
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KIEV.– Rusia lanzó su mayor ofensiva aérea contra la infraestructura energética de Ucrania en lo que va del año apenas horas antes del inicio de nuevas conversaciones de paz en Abu Dhabi y poco después de que finalizara una breve tregua en los bombardeos sobre la capital.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, dio detalles sobre los daños causados y declaró que la capital ucraniana fue atacada por 450 drones de largo alcance y 71 misiles de diversos tipos.
La ofensiva incluyó una cifra récord de 32 misiles balísticos que impactaron en al menos cinco regiones del país. El objetivo central fue, una vez más, la red eléctrica nacional.
La empresa privada DTEK confirmó que este ataque superó en intensidad a cualquier otro registrado este año contra sus plantas de energía térmica.
Al presidente estadounidense, Donald Trump, no le sorprendió la oleada de ataques lanzados por Rusia sobre Ucrania, declaró este martes la vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt. “Conversé con el presidente esta mañana y su reacción, tristemente, es la de no estar sorprendido”, dijo a la prensa.
En Kiev, las autoridades reportaron daños en edificios residenciales, un jardín de infantes y una estación de servicio. Incluso el Museo Nacional de la Historia de Ucrania en la Segunda Guerra Mundial sufrió daños, un acto que el gobierno ucraniano calificó como cínico y simbólico.
El momento del ataque no fue casual. Las temperaturas en Kiev se desplomaron hasta los -20 grados Celsius, mientras que en otras zonas el termómetro marcó los -30 grados.
Ucrania denunció que Moscú utiliza el frío extremo como un arma para desgastar la moral de la población civil.
Sin electricidad, la vida cotidiana se detiene de forma abrupta: las tuberías de agua se congelan y revientan bajo la presión, lo que deja a miles de ciudadanos sin servicios básicos en el periodo más crudo del invierno.
Para familias como la de Yuliia Dolotova, la supervivencia es una lucha que requiere ingenio. En las afueras de Kiev, voluntarios reparten sopa caliente a residentes que carecen de medios para cocinar en sus hogares.
Dolotova cuida sola de sus dos hijos mientras su esposo combate en el frente de Zaporiyia. Durante las noches, su edificio queda en oscuridad total.
Ella utiliza lámparas a pilas y láminas de gomaespuma para mantener el calor en las camas de sus pequeños. Su hijo de apenas 18 meses ya sabe cómo sostener el teléfono móvil con la linterna encendida para ayudarla a maniobrar el cochecito por las escaleras del bloque de torres soviético.
Este bombardeo quebró la calma relativa de los últimos días. El Kremlin había acordado la semana pasada una pausa en los ataques contra Kiev hasta el 1° de febrero, tras una solicitud personal del presidente estadounidense Donald Trump.
Zelensky acusó a Moscú de aprovechar ese tiempo para acumular proyectiles y esperar el ascenso de la temperatura para golpear con mayor crueldad.
El mandatario subrayó que el terror contra la gente es más importante para Rusia que la diplomacia, justo cuando delegaciones de ambos países se preparan para diálogos mediados por Estados Unidos.
En este contexto, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, llegó a Kiev en una clara señal de respaldo. Ante el Parlamento ucraniano, Rutte afirmó que estos ataques no indican una voluntad real de paz por parte de Vladimir Putin.
El funcionario aseguró que el apoyo de la alianza militar es inquebrantable y que las garantías de seguridad para el futuro de Ucrania son sólidas. Rutte destacó que los países europeos ven su propia seguridad en juego y recordó que los aliados proporcionan el 90% de los misiles para la defensa antiaérea del país.
A pesar de la proximidad de los diálogos diplomáticos a realizarse en Abu Dhabi, el panorama en el terreno es de devastación.
Más de 1000 edificios de departamentos en la capital carecen de calefacción y en Kharkiv la cifra de hogares afectados supera los 100.000. Los equipos de emergencia trabajan a contrarreloj para reparar transformadores y turbinas, pero la amenaza de nuevos ataques persiste mientras Rusia intenta imponer sus condiciones territoriales en la mesa de negociación.
La llegada de la primavera aún se percibe lejana para una población que resiste entre los escombros y el frío.
Agencias AP y AFP
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