También en lucha por ser reconocido, Kosovo dio la sorpresa al apoyar a Guaidó

Behgjet Pacolli, primer ministro de Kosovo
Behgjet Pacolli, primer ministro de Kosovo Fuente: AFP
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24 de enero de 2019  • 12:56

El reconocimiento de la República de Kosovo como país independiente, al igual que el reconocimiento de Juan Guaidó como presidente de Venezuela , es motivo de controversia en todo el mundo. A pesar de que 114 países, entre ellos los Estados Unidos, consideran a Kosovo como un Estado soberano; Rusia, China, España y varios países de Latinoamérica, como Venezuela, no aceptan la declaración unilateral de su independencia de Serbia.

Behgjet Pacolli, primer ministro de Kosovo, declaró ayer en su cuenta oficial de Twitter, que su país reconoce oficialmente a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela y envió sus deseos para que la libertad y la democracia en el país sean restauradas.

En la misma red social, el primer ministro expresó que en el momento en que se restaure la democracia y se establezcan nuevas autoridades en Venezuela, que respeten los derechos de los ciudadanos, podrían entablar relaciones diplomáticas con la nación. Esta podría constituir una oportunidad para el reconocimiento de la soberanía de Kosovo por parte de un nuevo gobierno, el venezolano.

La República de Kosovo es un estado con reconocimiento limitado ubicado en la península balcánica, en el sureste de Europa. Abarca 10.908 kilómetros cuadrados de superficie y está habitado por cerca de 1,8 millones de personas, de etnia albanesa y serbia. Su capital es Prístina y limita con Montenegro, Albania, Macedonia y la región de Serbia Central.

En el marco de las guerras de los Balcanes, serbios y kosovares mantuvieron un enfrentamiento armado entre 1996 y 1999. Ese último año, el conflicto escaló y se internacionalizó con el ingreso de las fuerzas de la OTAN, que junto al Ejército de Liberación de Kosovo se enfrentaron contra la entonces República Federal de Yugoslavia con la consigna de evitar otra limpieza étnica en la región.

Tras el fin del conflicto, conocido como la Guerra de Kosovo, la Organización de las Naciones Unidas estableció una misión de paz, la Misión de Administración Provisional de las Naciones Unidas en Kosovo (MINUK). Aunque Kosovo permanecía como una provincia autónoma de Serbia, la MINUK se mantenía a cargo de la administración del territorio, junto a dirigentes de la etnia albanesa.

Después de varios años de disputa y negociaciones, el gobierno de Kosovo, en cuyo territorio la etnia albanesa es mayoría, declaró unilateralmente su independencia de Serbia el 17 de febrero de 2008, con el apoyo de los Estados Unidos y de la mayoría de los países de la Unión Europea, e instauró la República de Kosovo. Sin embargo, Serbia aún considera el territorio como una región autónoma dentro de su propia nación, en conformidad con su Constitución y con la resolución 1244 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, aunque no intervenga en su administración desde 1999.

La soberanía de Kosovo como república fue proclamada por la mayor parte de los habitantes de origen étnico albanés. Sin embargo, la parte norte de Kosovo, habitada en su mayoría por la etnia serbia, es administrada autónomamente con la coordinación de la Asamblea Comunitaria de Kosovo y Metojia, un organismo creado en junio de 2008 con el apoyo de la República de Serbia y que no es reconocido por el autoproclamado gobierno kosovar.

Celebración en Pristina de la independencia de Kosovo en febrero de 2008.
Celebración en Pristina de la independencia de Kosovo en febrero de 2008. Fuente: AFP

"Dios bendiga a América y a nuestros amigos de Occidente", solía decir Ibrahim Rugova, primer presidente de Kosovo, al finalizar sus discursos antes y después de la guerra que entre 1998 y 1999 enfrentó a la sociedad albano-kosovar con el ejército serbio de Slobodan Milosevic, y que tendría un desenlace victorioso para Kosovo gracias a la imprescindible ayuda de los Estados Unidos, entonces presidido por Bill Clinton, y sus socios en la OTAN. Esto explica que actualmente Kosovo sea definido por el embajador de los Estados Unidos en Prístina, Greg Delawie, como "el país más pro-americano del mundo, fuera de Estados Unidos", y la alineación de su política exterior con la americana.

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