La princesa del pop presentó Femme Fatale en La Plata; crónica y fotos
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La cuenta regresiva es un mecanismo sucio contra la ansiedad. Durante los últimos treinta minutos el reloj corre a velocidad babosa sobre las pantallas del Estadio Único de La Plata. Ya pasaron los Teen Angels, ya pasó el ex Backstreet Boys, Howie D. Sólo falta ella. Y llegó. 21:02 de un domingo de cielo apocalíptico, la música sube, las luces del escenario se encienden. 4, 3, 2... ¡1!, y el telón se desmorona bajo una lluvia de histeria. Pero el show empieza sobre la pantalla principal: Britney como una rubia intratable, una heroína audaz protagonizando una persecución armada al mejor estilo Bond. Una lucha mano a mano contra un tipo jodido que durará toda la noche...
Para cuando suena "Hold it Against Me", Brit ya salió sonriente y algo provocativa. Vestida con una malla entera brillante y acompañada por un batallón de bailarines exóticos, pregunta: "¡¿Cómo están ustedes?!", y se queda ahí, inmóvil, algo sorprendida, algo cómplice, ante 30 mil personas que lo celebran todo.
Aunque se trata de la presentación de Femme Fatale , su séptimo disco de estudio, el listado se equilibrará con canciones de toda su carrera. Un recorrido que arranca con interpretaciones algo tibias de "Up and Down" y "Piece of Me", y que irá ganando intensidad con el correr de la noche. Entre cambios de ropa y escenografía -esa puesta fundamental para sostener la hora y media de show- Britney puede serlo todo: una Marilyn Monroe con pollera blanca al viento atajando la arremetida de la prensa amarillista que dispara flash a quemarropa ("If U Seek Amy"), una improbable Cleopatra pop cargada de pirotecnia ("Gimme More"), una encantadora de serpientes ("Boys"), o simplemente una mujer fatal dispuesta a sacarte el aliento. Ahí es cuando corta el show y vuelve a dirigirse al público: dice que llegó el momento, que tiene que elegir algún valiente. A ver, a ver... Con la ayuda de dos asistentes, Britney ya tiene a su presa: el afortunado es Alfonso, un pibe de flequillo de sorprendente parecido al que le mordió la pierna en Brasil durante el mismo pasaje del show en Río de Janeiro. Alfonso es esposado en un caño y ella, sobre la base de "Lace and Leather", le regala el mejor strip dance de su vida. "Él nunca regresará", promete la rubia mientras el pibe desaparece en las sombras.
Promediando el show, Brit se anima a ir más lejos en el tiempo: canta subida a una hamaca voladora la adolescente "Don't Let Me Be the Last to Know", la única balada de la noche; y (¡más todavía!) regala vestida de motoquera hot su hit inicial "...Baby One More Time", marcando distancia, casi a medias, como un regalo infaltable.
Pero para los que se preguntan, no, Britney en escena ya no es la misma. No baila como antes, sus caderas no tienen la misma autonomía, ya no logra aguantar coreografías vistosas; y ya casi ni canta. Pero aun así su figura -y todo lo que ella simboliza- sigue resultando incuestionable. Después de una larga temporada de derrape, pagando el precio del éxito prematuro y sufriendo los embistes de una industria quemadora, acá está de nuevo, sin recostarse en el pasado y apostando al futuro con nuevo disco y siendo noticia por un tour extenso que la trajo a buena parte de Sudamérica. Por eso, éste, su primer show en Argentina, carga con sabor a revancha y victoria. Y así se sintió durante toda la noche.
Sobre el final, la temperatura sube. Con "S&M" (cover de Rihanna) y el hipercaliente "I'm a Slave 4 You", aunque sin baile del vientre, la pendiente del show empieza a profundizarse. "I Wanna Go" traslada la fiesta al escenario con un puñado de invitados. Por primera vez en toda la noche Britney se olvida de los pasos, se desacartona del todo y parece disfrutarlo, salta y agita con los bazos arriba como empujando el cielo sobre esa base eurodance. Todos están de la cabeza con Britney Spears. "¡Waaau, eso estuvo genial! ¡Los amo!", dice sorprendida.
En las pantallas, la historia finalmente cierra como corresponde: después de tanta pelea, tanta corrida y agotamiento, ella suprime al hostigador, lo ata, lo somete y gana. Casi como lo hace ahora con este estadio a medio llenar. Los bises llegan con "Toxic" y "Till The World Ends", en medio de una escenografía imponente anunciando el Apocalipsis. Y ahí, entre fuego, truenos, chispazos y papeles plateados flotando en el viento húmedo, va Britney volando por el cielo, con alas, en lo más alto, y con el mundo de nuevo a sus pies. Al menos por una noche.
Por Juan Barberis
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