Hace las comedias más exitosas e inteligentes de Hollywood, pero él no se ve como un tipo gracioso.
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Es casi imposible hablar sobre los últimos veinte años del cine de comedia sin mencionar a Ben Stiller. Desde sus primeros cortos parodiando a Tom Cruise y LL Cool J y su influyente serie de sketches The Ben Stiller Show, ha construido una reputación de ser capaz de encontrar talentos cómicos al vuelo, y trabajó con todos, desde Judd Apatow hasta David Cross, Andy Dick, Janeane Garofalo, Jack Black y Owen Wilson. Su debut como director, con Generación X, capturó el espíritu de la generación slacker alt-rock en su pico más alto. Sólo en 2004 protagonizó seis comedias. A lo largo de su carrera ha generado algunas de las escenas cómicas más citadas de la época, desde el gel para el pelo en Loco por Mary a la mirada de Blue Steel en Zoolander, al mismo tiempo que cruzaba el abismo del tipo gracioso para volverse también un auténtico protagonista de cualquier cosa, desde romances hasta dramas y películas familiares.
Nacido en el seno de una familia de actores (sus padres son el equipo cómico formado por Anne Meara y Jerry Stiller), parece haber tenido una de las vidas más afortunadas en el mundo del entretenimiento. Hasta que lo conocés. En persona, Stiller no tiene nada particularmente divertido. Merodeando por la exhibición de Man Ray en el International Center of Photography de Manhattan, anda cajoneado dentro de un sobretodo negro, despeinado y con una áspera barba candado que mancha su cara. Parece como abatido por una oscura carga, ya sea el producto de pensar demasiado las cosas o de una agenda agotadora. Se describe a sí mismo como "socialmente incómodo" por naturaleza, y sus amigos cuentan que en el set se queda callado y anda a la defensiva cuando no se siente cómodo.
"Los Angeles es deprimente", concluye mientras pide una ensalada César en el café del museo. "Una noche estaba en Century City y era tan parecido a un pueblo fantasma que me dieron ganas de cortarme las venas."
Es casi como si Stiller, de 44 años, fuera el personaje de su última película, Greenberg, un film dirigido por Noah Baumbach que analiza a un personaje de 40 años, neurótico y desempleado, que todavía mantiene el sueño imposible de rearmar su banda de indie-rock y volver a conquistar a su novia del secundario. Greenberg es una comedia romántica tan negra que se vuelve un drama, y desde que interpretó a un guionista de televisión drogadicto en Permanent Midnight, de 1998, ésta quizá sea la primera película en la que logra hacerle olvidar al público que es Ben Stiller.
¿Ves Greenberg como el remate de Generación X, quince años después, cuando ya no es tan cool seguir siendo un slacker y nadie entiende tus referencias culturales?
Hay gente que dijo eso. Nunca lo pensé mientras la estábamos haciendo, salvo quizás en la escena de la fiesta al final. En vez de usar extras, Noah y las chicas que estaban en la película invitaron a sus amigos. Nos sentíamos totalmente intimidados por todos esos chicos súper cool y con toda la onda. Yo no era así a los 20. Así que fueron tres días en los que Noah y yo, entre escena y escena, nos decíamos: "Esto que está pasando ahora es igual que la película. Somos Greenberg".
¿En qué sentido?
Yo no era tan seguro de mí mismo. No tenía la cabeza organizada. Ellos tienen un aire como de "¡Epa!, realmente somos los dueños del lugar". Y supongo que es así, porque son jóvenes y tienen todo por delante. Así que en el ambiente rondaba la pregunta: "¿De qué manera el punto de vista de Greenberg toma forma a partir de mi propia experiencia y de mis lamentos por las cosas de mi vida que no salieron como yo quería?".
¿Y qué tipo de lamentos tenés?
Todavía pienso todo el tiempo en las películas que iba a dirigir y no dirigí. "Si hubiera hecho esa película, ¿cómo hubiera seguido mi carrera?" No me culpo, aunque quizá podría recordar y ver las maneras en las que en su momento lo saboteé. Y tuve relaciones en las que yo cagaba todo, en las que alguien estaba ahí demasiado disponible siempre para mí y me asustaba.
¿Y los dabas por sentado?
Sí, y cometía errores que hacían que la relación terminara. Esa película que no dirigí llegó en un momento en el que estaba en una relación que yo mismo había saboteado, a la que trataba de volver. En ese momento, estaba más concentrado en la relación que en hacer la película. Así que quizá no me esforcé tanto como hubiera debido.
A menudo decís que no te parece que seas alguien gracioso en persona. ¿Pero te parece que sos gracioso en la pantalla?
¡Ah! Buena pregunta. A veces. Realmente no suelo ver las cosas que hago, porque es muy raro y narcisista, y no se siente correcto. Pero cuando estás trabajando en algo donde actuás y dirigís, obviamente tenés que mirarte un montón. Así que veo cosas, y la mayoría de las veces me desilusiono.
¿Y alguna vez te viste en pantalla después del proceso de filmar o dirigir?
Cada tanto estás haciendo zapping y ves algo, y si pasaron más de cinco años, entonces se vuelve una suerte de rareza, y decís: "¿Eso realmente sucedió? ¿En qué estábamos pensando?".
En tus comedias a menudo te escondés con una peluca, un bigote, o un par de anteojos. Incluso en If Lucy Fell sos básicamente el único actor con una peluca rara.
Sí. Recuerdo que estaba atravesando una ruptura, y quería llenar mi tiempo todo lo que se pudiera. Así que me dijeron: "Ah, ¿querés ponerte unos dreadlocks?". Y pensé: "Eso me va a tomar unas ocho horas". Esa fue la motivación.
¿Cuál te parece que es la diferencia entre parodia y sátira?
Parodia, para mí, es un término reduccionista, simplista llegado el caso. La sátira es hacer algún tipo de comentario, y la parodia es simplemente reírse de las cosas. En The Ben Stiller Show hicimos muchas parodias. Algo como Una guerra de película es más satírico. Uno hace más parodias cuando está empezando, porque estás influenciado por las cosas que te atraen y sobre las cuales querés aprender más. Pero después, con suerte, te vas desarrollando y pasás esa etapa.
A juzgar por las parodias de The Ben Stiller Show, a vos te atraían los personajes heroicos como Bono, Tom Cruise y Bruce Springsteen.
Sí, sí. Me encantan esos tipos.
Cuando eras chico, ¿querías más ser un héroe de acción que un comediante?
Si había algo que quería ser, era, antes que nada, un Al Pacino o un Robert De Niro, porque me encantaban sus películas cuando era chico. Pero ése simplemente no era mi destino. Después, cuando tenía 19, empecé a ver SCTV. Eso realmente me afectó, y también ver películas de Albert Brooks. Así que empecé a explorar eso, y fue muy trillado durante un buen tiempo, lo cual es parte del proceso de descubrir tu propia voz.
¿Cuál fue el punto de quiebre en que tu trabajo pasó de la parodia a la sátira?
Simplemente me cansé de esperar a que alguien hiciera algo para que después yo pudiera trabajar sobre eso. Generación X me dio una experiencia distinta. Después de eso, la parodia no era algo que quisiera hacer. Muchas veces, las películas y los programas de televisión están influenciados por los géneros. Zoolander era dar vuelta el modelo El embajador del miedo. Queríamos tomar una trama de género a la cual le pudiésemos colgar la comedia encima.
Escuché que vas a hacer una secuela de Zoolander...
Zoolander para mí es una cosa única, porque cuando salió, de hecho, no tuvo mucha taquilla, pero como que tomó vida propia desde entonces.
¿No sentís que es demasiado pura como para tocarla y quizás arruinar su legado?
Sí, siento el desafío de tener que hacerle honor al original. Pasaron diez años, y estaría buenísimo volver a ella y pensar qué habría sucedido con los personajes durante ese tiempo. Además, la primera fue un rodaje estresante, porque el estudio en realidad no entendía la película.
¿Te cuestionaron mucho a priori?
Sí, todos me decían: "¡¿Qué estás haciendo?!". Yo estaba dirigiendo y actuando, y cuando terminó me fui pensando en nunca volver a hacer algo así.
¿Eso no te pasó después de que El insoportable no fuera el éxito rotundo que vos esperabas?
Me acuerdo de que tenía un agente nuevo, y lo primero que me dijo fue: "OK, ahora no tenés que hacer nada durante, digamos, seis meses". Me mandaron a la cárcel del cine.
Ser criticado por esa película ¿te sacó las ganas de dirigir por un tiempo?
No creo que conscientemente haya rehuido a dirigir después de El insoportable. Sólo sucedió. Venía de hacer Flirting With Disaster por esa época también, y luego Loco por Mary salió como resultado de eso; como actor tenía todas oportunidades que no había tenido antes. Hasta ese momento, yo me pensaba como director. Pero dejé de leer casi todo lo que se escribía sobre mí por la época de Zoolander. No tenía idea de que la gente pudiera escribir cosas sobre vos sin llamarte y decírtelo. Pensé que a nadie le importaría; la verdad es que no sentía que yo fuese alguien sobre quien valiese la pena leer algo.
Hay gente que dice que sos una de las personas que más duro trabaja, que para vos el trabajo es una adicción.
El primer escalón para superar una adicción es reconocer que uno la tiene, y yo reconozco que disfruto trabajar. Cualquiera que dejó la heroína te va a decir que la disfrutaban hasta que se dieron cuenta de que les estaba arruinando la vida. Todavía no toqué fondo, pero llegué a un punto en el que noté que estaba desbalanceado, y lo ajusté. El verano pasado, me tomé cinco meses antes de Greenberg y me fui con mi familia, y estuvo buenísimo. Nadie nunca habla de eso. La zona de mi vida que no es en absoluto cuestionada es mi compromiso con mi familia. Y eso es lo que implican cuando preguntan: "¿Por qué trabajás tanto?".
No lo decían como un juicio. Pero quizá tu perspectiva viene de haber sido criado por padres que eran artistas y no estaban mucho en casa, ¿no es cierto?
Son todas cosas válidas. Yo crecí con padres que tenían que trabajar para cuidar de su familia, y al mismo tiempo disfrutaban de trabajar. Fueron padres geniales aunque, por supuesto, no eran perfectos. Soy todas esas cosas también. No creo que se pueda simplificar más.
Uno de los guionistas de The Ben Stiller Show dijo que entre ellos había un chiste sobre cómo, para asegurarse que su sketch tuviera rating, tenían que incluir una escena en la que vos te quedaras en cuero. ¿Habías escuchado eso?
Dios mío, no. ¡Jesús! No tengo respuesta para eso, pero seguramente tenían razón [se ríe]. Es genial.
Otra persona con la que trabajaste te describió como alguien competitivo y con miedo al fracaso.
Obviamente fallé en eso. No sé si el miedo al fracaso es algo necesariamente malo. Por otro lado, el mayor miedo al fracaso sería la parálisis y no hacer nada. Si está eso, que definitivamente está, no quiero que me impida intentar cosas.
"Micromanager" era otra palabra que surgió mucho mientras consultaba gente para esta nota...
Esa es una de las más difíciles. Estoy tratando de arreglar eso. Intenté hacer un micro-managing de muchas cosas. Producir así es difícil, porque una vez que contrataste a alguien para dirigir la película, tenés que confiar en él para hacer ese trabajo. Y yo siento que estoy en un lugar en el que sé que eso no me hace feliz. Quizá sea porque me estoy poniendo viejo y estoy demasiado cansado como para hacerlo todo.
¿Cambiaste tu forma de trabajo?
Hace cinco o seis años, me di cuenta de que ya no puedo trabajar tanto si tengo hijos y quiero tener una vida. Estoy dispuesto a no saber qué voy a hacer luego, e incluso también disfrutar de eso. Antes pensaba que uno podía decir: "Voy a hacer la película X, después la Y, y después la Z". Y lo que aprendí es que podés hacer la película X, y luego eso cambia la manera en que te sentís acerca de querer o no hacer la película Y. Me fui de viaje a Africa y en dos semanas me cambió la perspectiva sobre lo que iba a hacer por los próximos seis meses. Eso es lo que pasa en la vida, si estás vivo.
Y hoy, ¿cuántas películas ya tenés confirmado que vas a hacer antes de fin de año?
Cero. Es una situación genial. ¿Me gustaría saber qué voy a hacer en los próximos tres meses? Sí, porque la cabeza de uno funciona así. Pero cuando lo acepto, puedo disfrutar ese tiempo.
Trabajaste desde temprano con algunos de los más grandes talentos cómicos de las últimas dos décadas. ¿Hay algo en particular que mires cuando buscás comediantes jóvenes?
Parece bastante obvio, pero alguien que simplemente te haga reír, como Zach Galifianakis o Will Ferrell. Actores que tienen una sensibilidad muy específica en su persona. Pero directores de comedia graciosos es algo más difícil de encontrar. Si podés hacer eso, hay un montón de trabajo para vos en Hollywood.
¿Te parece que ahora se hacen menos grandes comedias por el foco en hacer películas épicas en 3D para meter gente en los cines?
No soy la persona más indicada para hacerle esa pregunta. Yo no busco comedias. Estoy más interesado en los dramas, o en algo que sea bien cinematográfico, o un muy buen documental. Me gustó In the Loop, y el material de muchos de esos ingleses como Steve Coogan y Ricky Gervais. Hay una sutileza en su humor, y no está la necesidad de que tenga un alcance amplio, sino simplemente dejar que la gente sea como es y permitir que existan los espacios incómodos que hay en el medio.
Te describiste como alguien que se pone incómodo en situaciones sociales. ¿Creés que te atrajo la comedia porque la risa positiva es una de las formas más sinceras de aprobación?
Sí, puede ser. Pero nunca fui el tipo que le saca risas a la gente en una fiesta. Ese nunca fue mi modus operandi. Hasta ahora, logré con éxito no pensar en el hecho de que estás grabando todo lo que estoy diciendo y tratando de analizarlo.
Antes, cuando dijiste: "Los Angeles es muy deprimente", me di cuenta de que te arrepentiste al instante.
Sí, sí. Es así con casi todo lo que digo. Sólo puedo pensar en cómo esto va a ser totalmente malinterpretado.
¿Creés que ahora sos más feliz que en el pasado?
Supongo que me estoy dando cuenta de que no tengo el control sobre nada, y eso es una sensación muy liberadora. Me acuerdo de haber llegado a un punto en mi vida en el que estaba aburrido. Ahora siempre hay un libro que quiero leer o una película que ver o un lugar al que quiero ir. Y realmente disfruto las clases de karate de mi hijo. Aunque suene como un cliché total, es una locura lo divertido que es media hora de ver a tu hijo de 4 años hacer karate. Estoy ahí parado, y tengo que reconocer que nada supera eso. Incluso si ninguna de las otras cosas que hago sale bien, lo bueno es que voy a tener más tiempo para eso.
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