Tras la suspensión del viernes, la banda del ex Los Piojos se presentó en Ciudad del Rock y cerró el festival; crónica y fotos
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En algún momento de esos cincuenta minutos de silencio tras el show de Guasones iba a surgir el cántico. Y salió nomás, promediando la espera, tímidamente, como quien no quiere la cosa. "Hay que saltar, hay que saltar / sino Los Piojos no vuelven más". Andrés Ciro Martínez araña los cuatro años de permanencia con Los Persas, dos discos de estudio y un puñado de nuevos hits en su haber, pero el peso de su historia como líder de una de las bandas más convocantes de los últimos veinte años no puede ser tan fácilmente desdeñable.
Los primeros acordes de "Te diría", tercer tema de los veinticinco que integraron la lista de anoche, dan cuenta de una especie de pacto tácito que el hombre del El Palomar firma con sus seguidores. Los hitos "piojosos" se intercalan durante toda la noche con las con canciones de sus cosechas 2010 y 2012, aunque intentando darle prioridad a lo nuevo: el uno-dos inicial con "Caminando" y "Barón rojo" remarca que el sitial de privilegio será para 27, con breves pasos por Espejos (la potente "Banda de garage", por caso, funciona como excusa para una de las tantas incursiones del cantante por el campo). El formato híbrido de esta edición del Quilmes Rock, a mitad de camino entre un festival tradicional y un show "a solas", asegura el tiempo suficiente para ir y volver de una etapa a otra.
Sin el peso de la expectativa que envolvía a la presentación de Blur del sábado ni la parafernalia tecnológica aplicada a Tan Biónica el domingo, para esta fecha no había más que esperar un buen espectáculo, anclado en la trayectoria de su frontman, la aplanadora de canciones que tanto le conocemos y el color del público, con las banderas siempre firmes en el centro del campo. Y así fue: una amansadora de pequeños momentos, desde la minifiesta de disfraces en el arranque, pasando por los raptos de intimidad en "Tal vez" y la intro de "Ciudad animal", continuando con las danzas rituales en "Ay ay ay" y "Muévelo" y cerrando con la fuerza de temas como "Antes y después", a pasitos de volverse un clásico.
Al igual que un año atrás, en el Mastai de San Pedro, Micky Rodríguez integró el line up de la fecha con su banda, La Que Faltaba. Su presencia junto a Ciro era un secreto a voces, y sucedió justo antes del primer bis, poniéndose a cargo del bajo en "Los mocosos". Antes, tras un clásico juego de efectos de Juan Ábalos, el violero Rodrigo Pérez cantó "Otra vez", de su banda La Yumba. "No es que lo dejo cantar para aprovechar y descansar un rato y que él pueda mostrarles lo que hace", dice el señor de la armónica con una sonrisa pícara. "Yo lo dejo cantar porque si no no la pone". "Gracias", se ríe Rodrigo entre risas generales.
Aquella expectativa por los clásicos, bien saldada a lo largo de la noche, deviene en complicidad. "Esas cosas del destino, esas cosas de la suerte, terminamos cerrando el Quilmes", bromea Ciro parafraseando el estribillo de "A veces", ya casi en la recta final de la fecha. El tiro de gracia del segundo bis ("El balneario de los doctores crotos", "Astros") remarca esa tensión entre lo viejo y lo nuevo, y que tiene su correlato en el público: las remeras de la masa se dividen en partes iguales entre Piojos y las cuatro letras manuscritas del nombre del líder. A minutos de que arranque un nuevo día, los últimos acordes de "El farolito" abren paso a la huida de la multitud hacia avenida Roca. La inquietud será ahora cómo volver a casa, pero esa es otra historia.
Por Ignacio Guebara
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