Finalmente, el cantautor estadounidense dio el primero de sus dos shows en Buenos Aires; crónica y fotos
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La controversia se hizo lugar, como era de esperar, en el primer show de Daniel Johnston en Argentina (esta noche repite). Que no canta bien, que se equivoca, que tocó poco tiempo o que venden mucho merchandising fueron algunas de las quejas del público que colmó Niceto Club anoche pasadas las 21. Lo certero es que el cantautor estadounidense de 52 años hizo lo que viene haciendo desde los 80: música sin filtros que sale directamente de su corazón, sus demonios y dificultades. En ninguna grabación o presentación de Johnston alguna vez se encontró fidelidad o prolijidad y el público que busca ver a un tipo que en más de una ocasión demostró no estar en sus cabales tiene que entender que lo que se vio anoche es una imagen fiel de su figura.
El que sigue escéptico y mantiene este planteo sintiendo que "lo estafaron" debería recurrir al documental The Devil And Daniel Johnston (de 2005, dirigido por Jeff Feuerzeig), donde queda clara la historia de un tipo esquizofrénico con trastorno bipolar que logra transmitir sus sentimientos haciendo películas con la cámara de mamá y papá, grabando canciones en cassettes y dibujando personajes de historieta en donde sea. La verdadera esencia de la "baja fidelidad" y el "hacelo vos mismo" en las manos de un loco repleto de sentimientos que siempre logró salir adelante pese a sus dificultades de salud.
Así, el show de Johnston en Buenos Aires fue una muestra de su actitud frente a la vida: no importa que salga bien, no importa estar nervioso, sólo importa hacerlo de corazón. Pasadas las 22.30 luego de un enérgico show de Shaman Herrera y Maxi Prieto, el DJ Boom Boom Kid (a puro vinilo) dejó sonando la introducción del disco Ghostly Sounds, un lanzamiento de 1975 con dos canciones infantiles, entre tenebroso y divertido. El telón se abrió y en el medio de un escenario desierto apareció él, más subido de peso que nunca y vistiendo la versión negra de la remera "Hi How Are You?", esa que lo hizo famoso gracias a que Kurt Cobain la usó un par de veces frente a las cámaras. Solo y con su guitarra, Daniel daba lástima de verdad: tocaba mal y al cantar se ponía nervioso mientras miraba de reojo un atril con las letras, por eso al hacer los primeros dos temas pidió disculpas y advirtió que volvería con "la banda", rompiendo así el esquema que tenía programado de antemano: él con guitarra, él con un piano y él con un ensamble de músicos locales que venían ensayando sus temas.
La idea de reunir una banda local con músicos emergentes fanáticos de la obra de Johnston fue un acierto: de esta manera él se sintió a gusto de cantar entusiasmado y a los gritos mientras que alrededor sonaba una orquesta afinada que incluía violín y mandolina. Ahí comenzó el verdadero recital y sonaron temas importantes de su extensa obra, haciendo hincapié en Casper The Friendly Ghost, la pieza dedicada a nuestro querido Gasparín, incluida en las grabaciones de Yip /Jump Music (1983) y la banda sonora de la película Kids (1995). Otro momento cumbre entre los fanáticos fue cuando entonó "Love Not Dead" del disco Fear Yourself (2003), una balada bien rockera dedicada a un amor de la infancia, quizás Laurie, una de sus pocas musas a lo largo de su trágica vida entre perdedor adorable y loco de remate.
El recital duró poco, casi una hora, y de cara al cierre sonó un tema grandioso: "Rock N Roll EGA" incluido en los discos Frankestein Love (1992) y Fun (1994), una de las expresiones más sinceras de Johnston en cuanto a su amor por la música y de cómo ésta salvó su alma cuando estaba "más muerto que vivo". La versión salió bien pesada hasta que el cantante se perdió y la banda tuvo que empezar el final de nuevo, con sonrisas cómplices y ovación del público. El último tramo de la lista fue "True Love Will Find You In The End", un hit corto y melancólico que representa parte del repertorio más conocido del cantautor.
El telón cerró sus cortinas y el público quedó expectante ante la idea de que Daniel vuelva a salir, situación que duró unos quince minutos extra hasta que todos se fueron y tan sólo unos pocos quedaron comprando merchandising en un puesto que vendía calcos, dibujos originales, posters y, cómo no podía ser de otra manera, aquella remera de un sapo deforme con un cuadro de diálogo que pregunta: "Hi, how are you?".
Por Facundo Enrique Soler
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