Dice que Black Sabbath nunca le gustó demasiado y reniega de sus viejas amistades
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La parte más inquietante de la charla es un desliz. Por teléfono y desde una oficina corporativa, después de decir “Sabbath me impresionó de chico, pero nunca fui un fan total: siempre me gustó más Zeppelin”, Dave Mustaine agrega: “Marty Friedman era un gran fan, por ejemplo”. Cuando le digo que Cliff Burton, el bajista de Metallica fallecido en un accidente de ruta en 1986, también era fan de Sabbath, el colorado responde: “Pero ése no tocó en Megadeth”. Friedman fue el guitarrista de Megadeth durante once años, pero Burton, el mártir más noble en la historia del metal, fue su amigo. Juntos conformaron la prehistoria de Metallica y Mustaine, que ahora lo niega, lo presentaba en vivo como “el hijo de puta más rabioso en las cuatro cuerdas”.
A los 51, el líder de Megadeth patina sobre hielo demasiado fino. Su último disco, Super Collider, es casi un paso en falso que recuerda a la aventura pop de Risk (1999), algo que los fans tardaron años en perdonarle. El clip del primer single, que se titula como el disco, retrata una historia de amor entre científicos adolescentes con los Megadeth mismos como profesores de secundaria o papás mala onda. Los comentarios en YouTube lo destrozan: algunos hasta le piden a Mustaine –rehabilitado de casi veinte años de heroína y renacido en la fe cristiana– que vuelva a drogarse a ver si hace mejor música.
Este domingo 6 de octubre, cuando Megadeth toque en el Estadio Unico de La Plata con Black Sabbath, será su décima visita al país. Y Mustaine sabe que, en el fondo, los discos malos se perdonan: el nexo que tiene con el público argentino es único, automático. Los riffs de hace veinte años salvarán la situación. Pero si la música de 2013 es blanda, lo más extremo en Mustaine hoy es su pensamiento político: es un republicano confeso que hasta llegó a decir que ataques como el que sufrió el templo sikh en Milwaukee el año pasado fueron ordenados por Obama para obtener leyes más duras sobre el control de armas. Y en Super Collider, el mejor tema es el más heavy, y el más politizado, "Dance in the Rain".
La letra tiene el término "Al CIA-da" en vez de "Al Qaeda". Suena al menos provocador. 1984 de George Orwell se cumplió: la vida es un Estado de vigilancia, el lenguaje fue destruido para ser rearmado; el tema habla un poco de eso. Todo es políticamente correcto, la gente que no piensa igual en Estados Unidos enfrenta el ostracismo. Son tiempos de prueba, tiempos difíciles. Más a la luz de los casos Snowden y Manning. No nos engañemos: se habla de espionaje desde la Biblia. Ahora es mucho más fácil. Internet al comienzo parecía genial, pero nadie sabía que todas estas empresas de telecomunicaciones iban a ir contra cualquier ley de privacidad para trabajar con el Gobierno. Es triste, pero te da para escribir. El heavy es político también, es música antiautoritaria.
Los fans son lapidarios con tu nuevo disco. Siempre tomaste riesgos creativos. Pero a veces esos riesgos no resultaron. OK, bueno, hay gente a la que no le gusta. Hay quienes quieren que hagamos Rust in Peace una y otra vez, que no quieren que salgamos y exploremos. Mirá a Motörhead, mirá a AC/DC, los discos suenan igual, las canciones suenan igual y está bien: son geniales en lo que hacen. Pero eso no es Megadeth. La gente a veces no entiende que en tu vida te pasan cosas y que esas cosas pueden surgir musicalmente. Mi suegra se está muriendo de Alzheimer; dos canciones en el disco hablan de eso. Me gustaría ver qué te pasa a vos si tu suegra se muere de Alzheimer. No todos los que nos escuchan son argentinos, o heavies.
Sin embargo, los heavies argentinos son los que vuelven a tus shows. La relación más fuerte siempre fue en tu país. La primera vez íbamos a hacer un solo show y terminamos haciendo cinco. Ojalá supiera por qué vuelven. Creo que siempre les fuimos honestos, que nunca les mentimos. Y eso es lo que respetan. Hubo veces que yo tenía un problema de drogas descontrolado; otros miembros estaban borrachos, arruinando las cosas. Hay que ser muy hombre para reconocer que estás hecho mierda. Los fans no son estúpidos, estudian todo. También pasa en Paraguay: chicos que viven en un basural hicieron "Symphony of Destruction" con instrumentos armados por ellos mismos. Los vi y decidí ayudarlos.
Y al metal hoy, como cultura, como movimiento, ¿cómo lo ves? Se volvió predecible; nadie tiene una voz única. Estaba escuchando la radio, sonó una banda nueva que supuestamente es de las grandes y era exactamente como Metallica. En los años 80, hasta en los 90, oías voces distintas. Pero el nü metal empezó a joder todo y ahora el screamo es como, bueno, whatever. El heavy metal de hoy no me interesa.
¿Qué sentís por tocar con Black Sabbath? No es la primera vez que nos pasa, y es excitante. Tenemos una gran historia con ellos. Grabamos "Paranoid" y estuvimos de soportes en Heaven & Hell, la gira reunión con Dio. Lo que siento al ver a Sabbath, al estar hace tanto tiempo en este negocio, es que al final te reconocen por hacer las cosas bien. Muchos tienen miedo de hacer lo correcto. Sabbath lo hizo. Los tratamos con el máximo respeto.
Por Félix Montsalvat
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