Antes de presentarse en Niceto con la Blues Explosion, el 27 de este mes, el líder cuenta cómo fue regresar a los escenarios con su trío demoledor de punk blues
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Hay una imagen de la Blues Explosion que no se la olvida nadie. Más que una imagen, a decir verdad, es un video: "Talk About the Blues". Ahí, en ese clip que sirvió para difundir el disco Acme (1998), Winona Ryder encarna –más encarnizada que nunca– a Jon Spencer, cantante, guitarrista y frontman del trío neoyorquino de punk blues. A su lado, Giovanni Ribisi hace de Judah Bauer (guitarra), y el gran John C. Reilly asume el papel de Russell Simins (batería). Mientras tanto, los verdaderos integrantes del grupo tejen otra historia, algo de estafadores y agentes encubiertos. La historia de Jon Spencer Blues Explosion no llega a ser tan turbia, pero tiene sus volteretas. Se formaron en 1991 y sacaron siete discos de estudio (sin contar remixes, colaboraciones, compilados y rejuntes varios), hasta que, a fines de 2005, se distanciaron, sin comunicado oficial y sin fecha de vuelta.
Spencer se volcó a Heavy Trash, un dúo de rockabilly con Matt Verta-Ray. Simins siguió con sus múltiples proyectos, entre los que se destaca Men Without Pants, junto a Dan The Automator. Y a Bauer se lo vio muy bien como guitarrista de los Dirty Delta Blues, la banda que acompaña a Cat Power. Cada quien en la suya. Hasta principios del año pasado, cuando anunciaron las reediciones ampliadas de varios de sus discos y un compilado retrospectivo (Dirty Shirt Rock’n’Roll: The First Ten Years). Entonces volvieron a la carga, a estremecer los escenarios como sólo ellos saben, tan brutales y elegantes a la vez. Y lo hicieron en el momento indicado, justo cuando los White Stripes bajaron la persiana (¿casualidad?). Este mes, a diez años de su recordado debut en Cemento, vuelven a Buenos Aires, para presentarse en una fecha que promete: el miércoles 27, en Niceto Club, junto con The DT’s (otro grupo que se enciende en vivo).
El año pasado sacaron un compilado y reeditaron algunos discos. ¿Eso fue lo que originó la vuelta del grupo?
Así es: las reediciones ayudaron a motivar nuestro regreso a los escenarios. Pensamos que sería terrible si sólo relanzábamos los viejos discos, sin marcar el evento de alguna manera. ¿Y qué mejor manera de marcarlo que llevar al escenario algo de ese rock and roll sudoroso?
¿Cómo viene la gira hasta ahora? ¿No les agarró un poco de nostalgia?
La gira está saliendo muy bien: nada es tan difícil cuando se planea con anticipación. Los shows resultaron geniales. Y la nostalgia, por lo pronto, se ha mantenido al mínimo: para mí, todo se siente muy actual.
¿Qué sigue después de la gira? ¿Van a grabar nuevo material?
Lo hablamos, por supuesto. Ya estuvimos componiendo nuevas canciones y empezamos a deliberar entre los tres una sesión de grabación.
¿Y cómo están las cosas entre ustedes? ¿Se siguen llevando bien?
La química entre nosotros es buena. ¡Aunque todavía puede ser un poco inestable! No es fácil estar en una banda. Uno se ve atado a varias situaciones innaturales, situaciones que implican períodos prolongados de mucha proximidad. ¿Cuál es el secreto para seguir juntos? Tal vez el respeto y el sentido del humor son dos cosas buenas que no hay que perder.
Tus influencias son bastante amplias: del blues al protopunk, pasando por el temprano rock and roll. ¿Cómo fue tu formación musical? ¿Qué bandas te iluminaron o sirvieron como disparadores?
Mis primeros amores fueron Devo, Kraftwerk y The Residents. No tuve interés en el rock clásico. Poco después, gracias a los fanzines y a la escena hardcore local, me metí de lleno en el ruido extremo, con bandas como Throbbing Gristle, Einstürzende Neubauten, Swans, Whitehouse. Luego fui introducido al garage punk de los años 60 y a los primeros exponentes del rap y el hip hop. Pronto entonces comenzaba mi propia banda: Pussy Galore. A partir del rap y el hip hop, llegue a James Brown y a la música soul. Y a partir del garage punk, descubrí el rock and roll británico de la década del 60, y también a los artistas de Chess Records, un sello fundamental con base en Chicago, que eventualmente me orientaron hacia todo tipo de blues, R&B, rock and roll, rockabilly y country.
Para alguien que recién te descubre, ¿cómo describirías tu propio recorrido, de Pussy Galore a Heavy Trash, pasando por Boss Hog y JSBX?
Supongo que con los años me he relajado, y así he podido abrazar –o reivindicar como propios– muchos más elementos tradicionales de la música norteamericana.
Los regresos suelen ser vivificantes. Pero también ponen en perspectiva el tiempo ausente y, de algún modo, dan cuenta de la escasez de novedades. ¿Cómo se ven en la escena actual?
Sólo puedo decir que me siento muy feliz de volver a tocar con la Blues Explosion. Me parece que somos una gran banda. Siempre confié en nuestro potencial, siempre creí en la Blues Explosion.
¿Y qué pensás de las bandas de tu generación que volvieron a juntarse?
¿Te referís a bandas como Guns N’ Roses?
No, me refería más bien a las reuniones de Pixies, My Bloody Valentine, Pavement...
Supongo que no me importa demasiado… Nunca fui fan de ninguno de esos grupos. Pero cuando una banda que me apasiona vuelve al juntarse, como es el caso de los Stooges, me resulta preocupante y poco atractivo.
¿Ves el legado de JSBX en la actualidad?
Creo que la Blues Explosion fue un gran impacto. Hemos influenciado a varios grupos. Bueno, de hecho, me gustan un par de bandas relativamente nuevas de Sudamérica: Perrosky, de Chile, y Marco Butcher, de Brasil. Me parece que ambos, de alguna manera, tienen nuestra influencia.
Tu música fue editada por varios sellos independientes. ¿Qué pensás del estado actual de la industria?
La industria de la música siempre ha sido corrupta. Así era antes, y así es ahora. Por otro lado, el modo en que la gente consume y disfruta de la música siempre va cambiando. Es inevitable: pasa desde que la música empezó a ser grabada.
Ya tocaste dos veces en la Argentina. En 2001 con la Blues Explosion. Y en 2009 con Heavy Trash. ¿Con qué va a encontrarse el público esta vez?
Más o menos lo mismo de siempre: rock and roll en vivo, de carne y hueso, auténtico hasta las bolas. Pero con una pizca más de sabiduría, gracia y pasión.
¿Qué te acordás de Buenos Aires?
Muy poco, casi nada. Ahora espero otra velada así: una de esas noches que nunca puedo recordar.
Por Santiago Delucchi
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