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Para mí, James Brown nunca fue solo una voz. Era todo el paquete. Pero el impacto de esa voz me dio esperanza, porque se presentaba simple y no andaba con vueltas. Y estaba ese grito. Era como una voz interior. Sonaba como la declaración de derechos de un hombre primitivo: "Estoy vivo y puedo hacer cosas". El supo describir su baile como "control nervioso africano". Estaba en lo cierto.
Si retrocedés hasta sus primeros discos, verás que trataba de cantar standards. No le alcanzó. Lo primero que escuché fue Live at the Apollo, unos años después. Yo trabajaba en una disquería. Apollo todavía tenía muchas canciones tradicionales: "Try Me", "Lost Someone". Pero lo que realmente me impresionó e influyó en mi pensamiento fue la continuidad de la interpretación. Estaba la larga introducción y la increíblemente detallada música de entrada. Y cuando James aparecía, empezaba cantando en segundo plano, sosteniendo a la banda, con un efecto dinámico alto y suave. En "Lost Someone", tiene una repetición opiácea en la que la banda se adelanta y se retrasa en dos acordes, mientras él canta: "I’ll love you tomorrow", una y otra vez. Luego, de pronto, suelta un "uh!". Te aporrea y la banda responde. Nada es casual, pero no suena forzado ni artificial.
Era un editor increíble. Una canción que me volvió loco –todavía recuerdo estar en el coche escuchándola– es "I Can’t Stand It". A la mierda con el estribillo, a la mierda con la melodía. Es casi un riff. Pero conduce a la banda como el capitán de una galera romana: "¡Remen, hijos de puta!".
Siempre tuvo un costado de baladista que mostraba su sensibilidad. Hay una canción poco conocida llamada "Mama’s Dead", de Black Caesar. Me mató. Al final, luego de cantar cosas durísimas, dice: "Everybody got a mother, and you know what I’m talkin’ about" [todo el mundo tiene una madre, y sabés de qué estoy hablando]. O en el estribillo de "It’s a Man’s Man’s Man’s World": un artista con menos talento habría dicho "It wouldn’t mean nothin’ without a woman", o "without a girl"; pero no ambas cosas. Y no es una letra nomás. Está cantando algo básico y esencial. Te dice cómo funciona la sociedad. El hombre hace esto, así es como funciona el dinero. Tal vez eso se deba a que era alguien que tenía muy pocas cosas cuando comenzó. La parte de su autobiografía que siempre me gustó es cuando está viviendo con su padre, ganándose la vida sacando resina de los árboles. Eso es pobreza.
Lo más importante que aprendí de él fue que no podés quedarte quieto mirándote la punta de tus zapatos. A la mierda. Tenés que hacer cosas. El siempre suena a punto de explotar. Una vez que tomás la decisión de pararte frente al público y comenzar a moverte, las cosas se desatan. Estás creando movimiento en una sociedad basada en el orden. E interiormente te sentís diferente. Ese movimiento te hace tomar decisiones como cantante, decisiones que te liberan de la artificialidad.
En esas situaciones, la música tiene un poder catártico, y la gente que la hace lo sabe. Por eso James Brown se llamaba a sí mismo Soul Brother Number One. Y nadie, nunca, dijo que estaba exagerando.
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