La gira sudamericana del principito del teen-pop incluyó histeria adolescente, shows suspendidos, graffitis ilegales y más de una visita al prostíbulo; más de nuestro especial con lo más destacado del año
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Entre el graffiti de una belieber anónima que decía “Justin te trago la waska” y el post en Facebook de una fan desolada que lo trataba como “un caso perdido y un garca de mierda”, Justin Bieber pasó por Buenos Aires en medio de una gira en la que casi todas sus apariciones públicas fueron escandalosas. La segunda visita del canadiense a nuestro país arrancó con un cambio improvisado de hotel para escapar de las hormonas desbocadas de sus fans, una noche en el boliche Jet en Costanera Norte (de donde volvió al hotel con seis chicas), otra noche en Ink con champagne de 5 mil pesos que nadie pagó y su salida envuelto en una sábana hasta la camioneta llena de chicas con trompadas de sus guardaespaldas a un fotógrafo del boliche, lo que provocó el embargo judicial de sus equipos.
Su segundo show en River, con 40 mil adolescentes delirando, se suspendió después de ocho temas por una supuesta intoxicación, y más tarde se difundió un video en que se lo ve barrer el escenario con una bandera argentina. Y en el medio, bueno, un recital completo en Córdoba para 30 mil personas, otro en River para 40 mil y varios tweets culposos diciendo que "nunca le faltaría el respeto a los argentinos". Más atrás en el Believe Tour, Justin venía de cortar un show en San Pablo después de que le tiraran un botellazo y de ser fotografiado a la salida de un prostíbulo, mientras se viralizaba el video de una prostituta que pasó la noche con él y lo retrató dormido, al lado de su gorra roja. Antes, en Bogotá, había sido escoltado por la policía para salir a dejar su marca de aerosol en la pared de una autopista: la bandera canadiense con una hoja de marihuana alrededor.
Justin empezó 2013 con la separación definitiva de Selena Gomez y el resto de la temporada fue un galope de más de cien shows para el principito del pop, que exhibió sus horas de gimnasio, sus tatuajes y un raid de escándalos que empiezan a mostrarlo como un experimento pop de laboratorio que había salido demasiado perfecto hasta que de pronto empezó a fallar. O hasta que se volvió adolescente. Ahora, Justin parece moverse en un limbo confuso para él y para sus fans, que siguen gritando y haciendo corazones con las manos, aunque antes él les hiciera ojitos y ahora las señale como en un casting para arrastrarlas a su hotel.
En la tapa de RS de noviembre, Miley Cyrus contaba que, cuando lo ve, le da consejos para que lo tomen en serio. "Le digo eso: «No te conviertas en un hazmerreír. Cuando salís, pórtate bien. No salgas en cuero»", explicaba. "En su cabeza tiene 12 años."
Por José Santamarina
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