Los 70 siguen volviendo

Algunos la extrañan y otros la envidian, pero todos la quieren: la década más rockera nos invade otra vez gracias a Zeppelin, Jeff Lynne, Donald Fagen y otros
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26 de octubre de 2012  • 19:29

Así como a los 80 se los quiere y se los evoca permanentemente desde un costado kitsch, los 70 no paran de volver en su carácter de década rockera unánime. Todos la disfrutan: los nostálgicos que la protagonizaron y la añoran, los que pasaron por ella circunstancialmente pero la romantizan a la distancia y los que no estuvieron ni cerca de respirarla pero valoran su autenticidad, en contraposición con el reflejo retro que les toca como contemporáneo. Propios y ajenos coinciden en celebrar aquellos años movilizantes en los que la música joven ya tenía una historia propia en la que abrevar pero a la vez conservaba la inocencia, el espíritu lúdico y el lenguaje virgen. Y la industria, claro, no deja de aprovecharlo.

Por obra de la casualidad (o no), en los últimos tiempos tuvimos varios regresos de artistas setentistas en diversas formas. El más rutilante podría ser Celebration Day, la película que refleja la reunión (¿el meta-regreso?) de Led Zeppelin sobre el escenario del O2 Arena de Londres, el 10 de diciembre de 2007. A modo de epílogo de su carrera (los tres miembros sobrevivientes ya dijeron que no tienen planes de volver a tocar), el filme representa la pata audiovisual de este rescate, apuntando a recrear (desde un lado algo menos espontáneo y "místico", vale decirlo) otro fenómeno de la época: las trasnoches del cine Lara de Avenida de Mayo, donde se proyectó The Song Remains the Same durante once años ininterrumpidos, a partir de 1978. Celebration Day se podrá ver el 8, 9 y 10 de noviembre en varios cines de todo el país.

Los que vuelven sin volver son los Faces, quienes refritan una vez más sus grandes éxitos en la esencial antología Stay With Me, recientemente editada en la Argentina. El grupo liderado por Rod Stewart y Ron Wood representa como pocos el espíritu clasicista tan afín al gusto argentino: la combinación de raíces bluseras y desenfreno de temas como el que le da nombre al álbum o "Had Me a Real Good Time" los convierten en una especie de Rolling Stones menos renombrados, ideales para ser descubiertos por oídos juveniles deseosos de nuevas/viejas experiencias.

También se puede regresar... sin haberse ido. Tal es el caso de Neil Young, quien no dejó de trabajar pero este año congregó a su Crazy Horse por primera vez en casi una década para el disco de covers Americana (lanzado en junio) y el de temas originales Psychedelic Pill (previsto para el 30 de octubre). Catalizador de un hippismo hard irresistible para la nueva bohemia, el canadiense cuenta con la garantía de no haber defraudado (casi) nunca.

Pero si de reencarnaciones hablamos, pocas más sorpresivas y destacables que la de Jeff Lynne, histórico líder de la Electric Light Orchestra, miembro de los Traveling Wilburys y productor de Roy Orbison, Del Shannon y unos tales Beatles. Muy poco habíamos escuchado de él en los últimos años: la entrada más reciente de su currículum era la producción de algunas canciones de Far de Regina Spektor. Sin embargo, de repente y sin mucho preámbulo lanzó mediante un pequeño sello independiente un exquisito álbum de versiones llamado Long Wave (con temas que van desde standards de jazz hasta "Let It Rock" de Chuck Berry) y Mr. Blue Sky: The Very Best of Electric Light Orchestra, una inexplicable regrabación literal de las mejores canciones de su ex banda. Y no sólo eso: también prometió su primer álbum solista de composiciones originales desde Armchair Theatre (1990) para 2013.

Finalmente, alguien que pega la vuelta con todas las de la ley: Donald Fagen, la mitad de Steely Dan, editó el delicioso Sunken Condos el 16 de octubre. Fiel continuador del legado del dúo que lo hizo famoso (y que influenció a buena parte del rock de los 70 en la Argentina, con sus aires de jazz rock elegante), el álbum no sólo lo devuelve a él al ojo público tras seis años de silencio: también revitaliza el perdido arte de la audiofilia, esencial en aquella década pero maltratado por la proliferación de los MP3 de dudosa calidad. Producido con alma análoga resignada a la inevitable digitalidad, Sunken Condos se disfruta de verdad en situación setentista: en vinilo y escuchando con atención.

Por Diego Mancusi

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