Guns N Roses, Michael Jackson, My Bloody Valentine y otros siete artistas que no dudaron en dejar correr cientos de miles de dólares al entrar al estudio
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Smile (incompleto, abandonado en 1967). Lanzado de lleno a la competición tácita que mantenía con los Beatles, Brian Wilson se dispuso a grabar lo que llamó "una sinfonía adolescente para Dios", pero el proyecto lo sumió cada vez más en la locura. Los gastos incluyeron más de 200 mil dólares en excentricidades que iban desde alucinógenos a la instalación de un arenero con un piano en su centro para no perder la inspiración. Sólo la grabación del single "Good Vibrations" significó más de medio millón de dólares plasmados en noventa horas de cinta (todo para un solo tema). Acechado por sus demonios, Wilson abandonó el proyecto tras quince meses de trabajo arduo. Algunas de las canciones aparecieron desperdigadas en los trabajos siguientes de Beach Boys, hasta que en 2004 el músico grabó su propia versión del álbum con su banda y, siete años más tarde, un compilado llamado The Smile Sessions le permitió conocer al público cómo hubiera sido el disco original.
The Seeds of Love (1988). Tears for Fears había alcanzado el éxito global con su segundo álbum, Songs from the Big Chair, por lo que sentían una presión considerable sobre qué hacer con su siguiente trabajo. Durante los cuatro años que duró la grabación de The Seeds of Love, la banda entró en crisis y se convirtió forzadamente en un dúo tras la deserción de sus otros dos miembros fundadores. El millón y medio de dólares que costó completar el álbum se diluyó entre productores que abandonaron el proyecto a mitad de camino, estudios y una veintena de sesionistas reclutados para completar la tarea.
Loveless (1991). Con el paso del tiempo, el segundo álbum de My Bloody Valentine se volvió una pieza de culto y uno de los pilares de la cultura alternativa británica en los 90, pero su génesis distó de ser la más amable. La banda de Kevin Shields tardó dos años y medio en terminar el disco, que pasó por diecinueve estudios distintos hasta lograr dar con la mezcla de audio correcta. El proceso costó más de 500 mil dólares, un presupuesto más que abultado para Creation, el sello discográfico independiente encargado de publicarlos. En un comienzo sus ventas tampoco fueron ideales, por lo que la disquera casi termina en bancarrota.
Metallica (1991). A lo largo de ocho meses, Metallica se encargó de trabajar en el sucesor de …And Justice for All de la mano de Bob Rock. Como era la primera vez que trabajaban juntos, al productor le costó encontrar una dinámica en la que ambas partes se insistiesen por lo que, para calmar las aguas, sugirió al grupo que grabasen todas las tomas necesarias hasta dar con un sonido que los dejase conformes. Finalizado este proceso, la banda mezcló el álbum tres veces hasta poder dar con un audio que se adaptase a su criterio. El desgaste les valió un millón de dólares, y también los divorcios para James Hetfield, Lars Ulrich y Kirk Hammett de sus respectivas esposas.
Yes Please! (1992). Una fiesta interminable sí o sí termina con una resaca mayúscula. Shaun Ryder, vocalista de Happy Mondays, estaba luchando con su adicción a la heroína, por lo que a Tony Wilson (cabeza de Factory Records) le pareció que la mejor opción era que el grupo fuese a grabar su quinto álbum de estudio a Barbados. A Ryder le estalló en su equipaje la botella de metadona que llevaba para lidiar con su dependencia, y eso resultó ser un problema, ya que la isla era la capital mundial de la droga que estaba buscando dejar. A poco de instalarse en Barbados, la banda vendió gran parte de sus instrumentos como también del mobiliario del estudio para financiar su hábito. Después de varios meses de grabación y de quemar neuronas, Happy Mondays le entregó al sello el resultado final: un cassette instrumental ya que Ryder "no había tenido tiempo para escribir letras". El vocalista completó el disco al regresar a Manchester, pero el chiste había salido muy caro: los casi 800 mil dólares invertidos en Yes Please! fueron la última palada de tierra que sepultó por siempre al sello antes de que terminase el año.
Chris Gaines’ Greatest Hits (1999). En los 90, el artista de country Garth Brooks tenía un éxito tan grande que podía medirse sin miedo con pesos pesados de cualquier otro género. Dispuesto a ganar terreno como fuera, Brooks buscó reinventarse en clave rockera bajo el alias Chris Gaines. Su intención era potenciar el lanzamiento del falso compilado con una película que contase la historia de este personaje y disociarlo de su figura, por más que su propuesta estuviese un tanto distanciada del rock. Se gastaron cinco millones en grabar el álbum y otros quince en promocionarlo, pero una mezcla de críticas lapidarias y desinterés del público cajonearon el proyecto pocos meses después de que el disco llegase a las calles.
Invincible (2001). La seguidilla compuesta por Thriller, Bad y Dangerous terminó por coronar a Michael Jackson como una de las figuras más grandes del planeta, pero todo lo que sube tiene que caer. A un silencio discográfico interrumpido sólo por compilados y discos de remixes le siguieron escándalos mediáticos varios fruto de sus dos matrimonios, su paternidad y las primeras acusaciones por abuso sexual infantil. Ante ese escenario, El Rey del Pop presionó a su discográfica para que desembolsase dinero en un nuevo álbum de estudio sin medir gastos. Invincible costó 30 millones de dólares, destinados a financiar no sólo a los siete productores y al centenar de músicos invitados, sino también para pagar el alquiler de tres estudios en simultáneo, en los que Jacko elegía trabajar según su voluntad. Tras cuatro años de gestación, Invincible fue un éxito de ventas, pero la crítica lo destrozó sin culpa.
Untouchables (2002). A la hora de grabar su quinto álbum, Korn emprendió un periplo que duró medio año. A lo largo de seis meses, Jonathan Davis y compañía se instalaron en Phoenix, luego en Los Ángeles, y terminaron haciendo base en Canadá. Durante todo esto, la banda alquiló en cada ciudad casas no sólo para sus integrantes, sino también para una comitiva de quince técnicos e ingenieros. El presupuesto final del álbum fue de 3 millones de dólares, de los cuales sólo 700 mil se emplearon en la grabación. ¿El resto? Gastos inmobiliarios.
One Way Ticket to Hell… and Back (2005). Después del éxito que cosechó su álbum debut a fuerza de un glam rock juguetón al borde de lo infantil, The Darkness se creyó con autoridad suficiente como para dar rienda suelta a sus más grandes ambiciones. Resultado: el grupo gastó 1,8 millones de dólares en estudios analógicos, y se rumorea que algunas canciones incluyeron más de cien partes de guitarra (lo que equivale a metros y metros de cinta abierta, un recurso para nada económico). Con ventas magras en comparación a su antecesor, la banda se separó al año siguiente, cuando el cantante Justin Hawkins entró a rehabilitación. Algo esperable, a juzgar por el video de su primer corte.
Chinese Democracy (2008). Campeón indiscutido en esta material, Axl Rose puede levantar orgulloso el trofeo tras gastarse 13 millones de dólares en la compleción del sexto álbum de Guns N’ Roses. Durante casi una década, el presupuesto se evaporó mes tras mes entre los 11 mil dólares que Rose le pagaba a sus músicos (que entraban y salían por una puerta giratoria), los honorarios de los ingenieros de grabación y, claro, el alquiler del estudio. El nivel de gasto estuvo tan poco supervisado que gran parte del dinero se gastó en alquilar guitarras de colección, una inversión que hubiera sido más redituable si se las hubiera comprado.
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