La cantante sueca detalla el proceso creativo que devino en el disco I Never Learn y por qué es positivo tener una pésima relación con su productor
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Algunas figuras entran a la industria para acomodarse a gusto en la gran maquinaria pop. Otras, como Lykke Li, lo hacen para desbaratar su línea de ensamblado. Pero, en vez de adoptar un perfil combativo y denunciante, la cantante sueca concibió una obra artística que ataca a los estereotipos desde su propuesta. En vez de buscar la complacencia, Li convirtió su discografía en una catarsis de alcance masivo, que llega a su punto más elevado con el flamante I Never Learn. Para ella, el álbum es el cierre de una trilogía que comenzó con Youth Novels en 2008, y continuó con Wounded Rhymes tres años más tarde. "Sus temas principales son la vergüenza, la culpa, el daño, el ansia, la confusión y, al final, la victoria", dice vía mail.
Después de que su debut le valiera un lugar en festivales como Coachella, Lollapalooza y Glastonbury, Li decidió redoblar la apuesta con su segundo trabajo, publicado en 2011. Su primer corte, "Get Some" , escandalizó a más de uno con su letra ("No te saques los pantalones antes de que yo baje (...), como una escopeta necesita ser disparada, soy tu prostituta y vas a obtener algo"). Tres años más tarde, Lykke sigue orgullosa de las repercusiones: "Esas críticas fueron geniales, porque inclusive le agregaron más valor a la canción. Era exactamente lo que estaba tratando de decir sobre lo que es ser una mujer en la industria de la música".
Así como se pasó seis meses en Los Angeles mirando La montaña sagrada de Alejandro Jodorowsky y escuchando viejas grabaciones de campo de Alan Lomax en busca de la inspiración creativa para su segundo álbum, encaró un proceso similar para I Never Learn. Pero en esta ocasión, el recorrido fue más reflexivo. "Me volví a mudar y me pasé meses tirada en el piso de una casa vacía, escuchando a Harry Nilsson y los Rolling Stones, mientras contemplaba los fracasos de mi vida y el amor", explica. Como resultado, el disco es el más introspectivo de su carrera, en donde las canciones funcionan como una catarsis. "Escribir me convirtió en la mujer que soy hoy en día. Tenía un enorme bagaje de mi infancia y mi juventud del cual necesitaba deshacerme, y la única manera era yendo hacia adelante", dice.
Lykke grabó sus tres discos bajo la producción de Björn Yttling (de Peter, Björn & John), con quien asegura no llevarse bien. "Es un poco extraño, pero eso también genera una gran tensión dinámica", define. Y agrega: "Cada banda y cada obra de arte están compuestas por un yin y un yang, oscuridad y luz. Tiene que haber tensión para que algo finalmente estalle". Sostener esa relación tirante en pos del resultado final es algo que retrata el nivel de control que necesita tener sobre su propia obra: "Soy bastante egoísta en lo que respecta a hacer música, sólo quiero hacer lo que me dé la gana. Quiero ser mucho más liviana, clara y fuerte como persona, así que estoy segura de que mi música seguirá el rumbo".
Por Joaquín Vismara
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