Márama y Rombai en el Luna Park: la revancha de la cumbia cool en cinco perlitas

Las bandas uruguayas inauguraron una serie de shows en Buenos Aires; se presentarán hoy y mañana; enterate cómo es el recital
Silvina Ajmat
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30 de abril de 2016  • 03:24

Fila que daba la vuelta a la esquina y más. Calles aledañas cortadas. Merchandising de todos colores. Alboroto. Selfies por doquier. Gritos apelotonados en la entrada de los artistas. El protocolo previo a todo recital de un músico que se precie de popularidad se cumplía a rajatabla en la primera de las tres noches que las bandas uruguayas Márama y Rombai ofrecerán en Buenos Aires. El fenómeno de la cumbia "cool" comenzó a cosechar así su vertiginosa siembra: con apenas un puñado de hits cada uno lograron convertirse en los imprescindibles para la diversión bolichera argentina. Tanto, que agotaron entradas y colmaron de euforia la Catedral del Box.

Las dos bandas más escuchadas de la noche porteña se reunieron para ofrecer un recital muy esperado -por ellos y por los fans- y reivindicaron su música. Con distintas estrategias, apuntaron a refutar la idea de que sus canciones son sólo para ser escuchadas en un boliche pero no para ser interpretadas en vivo -sobre todo después del show en Villa María, en el que los problemas de desafinación de los cantantes de Rombai se convirtieron en virales-. Aquí, cinco momentos para explorar la cumbia cool:

1) Fer Vázquez, el gran showman

Prueba de sonido.. Acá con Juancho ??

Una foto publicada por Fer Vazquez (@yfervazquez) el

El cantante de Rombai, que es además productor de Márama, lleva sin dudas la batuta de todo este espectáculo. Canta, entretiene y conduce el show con una facilidad que parece innata e indiscutible carisma. Conoce de timing, escucha a su público y ofrece más. Los momentos más destacados de la noche tuvieron que ver con sus intervenciones: invitó a cantar uno de sus hits, "También", a su hermano, Alejandro Vázquez, músico de Márama; le cantó a una fan preadolescente un tema nuevo y muy romántico; presentó a Camila Rajchman en sus últimos momentos frente al micrófono junto a Rombai; y como broche de oro, levantó ovaciones en el cierre junto a Agustín Casanova, de Márama, al son de "Noche loca".

2) El adiós de Camila Rajchman

Camila había anunciado hace un mes y medio su decisión de dejar la banda. El uso de las redes sociales para llevar el mensaje a sus fans provocó una repercusión inesperada: su nombre se hizo viral y de la noche a la mañana, adquirió peso propio. El resultado de ese rebote mediático fue que su aparición en el escenario del Luna Park causara sensación. Hubo gritos desesperados cuando la cantante agradeció el apoyo recibido por su partida y ovaciones para el video que presentó como adiós.

3) Bailarines que no son de cumbia

Rombai introdujo en el escenario un team de bailarines maravillosos. Mientras algunos organizaron elaboradas coreografías para acompañar los sencillos compases de la música, otros realizaron un despliegue de street dance alucinante. Una buena idea para enriquecer un espectáculo que buscaba diferenciarse de lo que se puede escuchar en el disco o en una fiesta.

4) Márama versión balada

Márama presentó versiones diferentes de algunas canciones que resultaron encantadoras e inesperadas, como "Bronceado", en tono de balada, para luego volver a su ritmo original. También incorporó cuerdas y vientos para sumar a los arreglos musicales. Maravillosos aportes en este sentido hicieron un violoncello y un saxofón. Sin embargo, abusaron de las baladas. Para un público sediento de baile, los lentos no sumaban. A excepción de una aplaudida interpretación de "Kilómetros" de Sin Bandera en la voz de Agustín Casanova, el exceso de estas canciones no convenció. De hecho, ante la pregunta del vocalista sobre si querían seguir escuchando baladas, los fans rugieron un contundente "No".

5) Family show

El promedio de edad del público fue difícil de determinar. Márama y Rombai reunieron como nunca un enorme abanico de personas. Había abuelos con sus nietos, familias completas, grupos de amigos adolescentes, veinteañeros, parejas. Y si bien los adultos parecían no disfrutar del todo de la música, se dejaron atrapar por todos los accesorios que se presentaron durante las 2.30 horas que duró el espectáculo, a saber: lentos (las baladas suelen ser más el elemento de los adultos mayores que la cumbia), los cuadros core0gráficos, los solos instrumentales de los vientos y las cuerdas, las presentaciones de cada uno de los miembros de las bandas (que se hicieron largas en los dos casos porque cada banda cuenta con muchos músicos, lo que atentó seriamente contra la atención dispersa del público millenial), y los momentos mágicos -cuando Márama pidió encender los flashes de los celulares y se creó un manto de lucecitas blancas en todo el estadio, al estilo Coldplay-.

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