Miguel Ángel Pérez
Un ángel poético de la zamba y alma de la bohemia salteña
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Fue el propio Cuchi Leguizamón (el doctor Gustavo Leguizamón) quien más proclamó, en sus recitales con piano, las maravillas del genio poético de Miguel Ángel Pérez, "Perecito", como se lo conoció en los ámbitos del folklore del noroeste argentino. El sábado se nos fue Perecito. Había nacido el mismo año que María Elena Walsh (1930) en Santa María (Catamarca), el pueblo de Margarita Palacios. Dijo su último adiós en su casa, tras pasar por una clínica. Tenía 82 años y cien proyectos artísticos.
Por lo que se llegó a conocer, no fue un poeta prolífico, de los que escriben versos todos los días, pero que no aprenderán a volar hacia la residencia de las musas. Le bastó con escribir un par de poesías para instalarse en el parnaso de los elegidos.
Será difícil encontrar en todo el repertorio de nuestro folklore un tributo más original, más exaltado y luminoso, dedicado a los encantos de la mujer (y de la zamba), que los versos de la zamba "Si llega a ser tucumana", enriquecidos por alucinantes metáforas, a las que les prestó mágicas alas la melodía inefable del Cuchi Leguizamón. Versos cuyo estribillo es un inesperado giro poético de loco delirio frente a la belleza.
"Si la cintura es un junco y la boca es colorada, /si son los ojos retintos/esa moza es tucumana. Si es dulce como esa niña y airosa cuando la baila. Si te gana el corazón,/esa zamba es tucumana. Si es redondita y jugosa lo mismo que la naranja,/ si es noche cerrada el pelo, esa moza es tucumana. Si a la sombra del pañuelo le va anudando distancia,/ si te consuela y te miente, esa zamba es tucumana. Y si la moza y la zamba llegan a ser tucumanas, ahogate en agua bendita que ya ni el diablo te salva." Y fueron las voces del irrepetible Dúo Salteño las que le dieron pasaporte de eternidad.
Los años de la niñez y adolescencia de Miguel Ángel Pérez habían transcurrido entre los cerros de la hermosa Cafayate (Salta). Poco antes del boom folklórico de los años 60 integraba un grupo, y había compuesto varias canciones (la zamba "El regador"; "Vidala de la lluvia"; el huayno "Voy por las islas", con música de César Isella, "La santamariana").
Otra de sus cumbres poéticas, que permanecerá en la buena memoria, es la "Zamba para la viuda", cuyo surrealismo apoyan melodías y armonías inéditas del Cuchi Leguizamón.
Por amor al folklore colaboró en un relevamiento de ancestros salteños editado por el Instituto de Musicología. Como poeta ( Cartas a mi casa , Coplas del arenal ) recibió varios premios en concursos literarios. Ejerció el periodismo en el diario El Tribuno.
En el círculo de los mejores artistas salteños se recuerda su genio de humorista y de histrión, eterno muchacho que se hizo querer por todos. Además, se lo reconoce como cantante y mentor de un movimiento de rescate de los valores poéticos y musicales.
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