Anne-Sophie Mutter y la WEDO dieron un cierre apoteósico al Festival Barenboim

Daniel Barenboim junto a la violinista alemana Anne Sophie Mutter; el programa del concierto incluyó el concierto para violín de Andre Previn y el concierto op. 47 de Sibelius
Daniel Barenboim junto a la violinista alemana Anne Sophie Mutter; el programa del concierto incluyó el concierto para violín de Andre Previn y el concierto op. 47 de Sibelius Crédito: Laura Szenkierman
Helena Brillembourg
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9 de agosto de 2019  • 09:46

Fueron más de dos semanas intensas, en las cuales cada día parecía ser una ocasión única. Por tanto, el concierto de cierre tenía que seguir brindando esa adrenalina que se sentía ante cada una de las presentaciones. Y así fue, en la despedida de estos días de vértigo para todos aquellos amantes de la clásica, se vivieron momentos muy emocionantes y que dejaron en el aire la esperanza de un regreso para un nuevo Festival en el 2020. Con el público de pie, aplaudiendo a toda la West Eastern Divan Orchestra (WEDO, por sus siglas en inglés), quien sin discusión se llevó todas las ovaciones de este público que tanto le agradece haber puesto a Buenos Aires en el ojo de la escena mundial, fue Daniel Barenboim. Visiblemente emocionado y con la satisfacción del deber cumplido, le dijo adiós a "su" público llevándose la mano al corazón.

Daniel Barenboim dirigiendo a la West Eastern Divan Orchestra
Daniel Barenboim dirigiendo a la West Eastern Divan Orchestra Crédito: Federico Kaplun

Una primera parte para recordar fue la que se vivió con la presencia de Anne-Sophie Mutter. Espléndida, con su porte y elegancia brilló apenas apareció en escena. Como introducción, la interpretación del tercer movimiento, Andante, del concierto para violín y orquesta Anne-Sophie, pieza compuesta especialmente para ella por quien también fuera su marido, el compositor recientemente fallecido André Previn. Allí la violinista alemana, considerada como una de las grandes solistas de la actualidad, se mostró generosa y abierta desde la primera nota de la ejecución de lo que podría describirse como su biografía en música. Por momentos la pieza tenía una gran tensión, que luego se disipaba en esas melodías cinematográficas que tan bien supo componer Previn. A esto le siguió el Concierto para violín y orquesta en re menor, op. 47 del finlandés Jean Sibelius. Compuesto de tres movimientos, es el último, Allegro, ma non tanto, el más conocido de todos y considerado como uno de los mejores jamás escritos para violín. Lleno de dificultades, requiere de numerosas proezas técnicas para interpretarlo. Durante todo el concierto su ejecución fue perfecta, pero en este movimiento, Mutter no dejó duda alguna sobre las razones por las cuales hace cuarenta años -cuando la intérprete tenía apenas 13- el mítico Herbert Von Karajan la invitó a debutar en Salzburgo marcando el inicio de una de las carreras mas notables dentro del violín en los últimos años.

Con una gran fuerza, a la que le suma una comunión absoluta con la pieza, su comunicación con el director y la orquesta fue total. Todo el Auditorio Nacional se puso de pie y no la dejaron marchar hasta que Mutter salió de nuevo al escenario y regaló a manera de bis la Partita para violín solo No. 2 (Sarabande) de Bach. Fueron dos días de presencia intensa en el Festival, la noche anterior con idéntico programa y en la mañana de ayer junto a Barenboim en la Cúpula del CCK para una conferencia dentro de los encuentros de reflexión del Festival, donde ambos dialogaron sobre el significado de la vida alrededor de la música. Cerrando así el circulo de manera acorde a lo que Barenboim había prometido desde la primera de las conferencias: música acompañada de pensamiento.

Daniel Barenboim junto a la violinista alemana Anne Sophie Mutter, dialogando sobre sus vidas en la música, en la mañana del jueves
Daniel Barenboim junto a la violinista alemana Anne Sophie Mutter, dialogando sobre sus vidas en la música, en la mañana del jueves Crédito: Laura Szenkierman

Wagner calificó a la Sinfonía en la mayor No. 7, op. 92 de Beethoven como "la apoteosis de la danza" y "apoteósica" fue también la interpretación que de ella hizo la WEDO para esta despedida del festival. Todo un derroche de emoción y fuerza muy acorde con la juventud de cada uno de esos músicos que forman esta agrupación. Con Beethoven comenzó (solo en el piano) y con Beethoven terminó, en esta oportunidad al frente de la orquesta que fundó buscando demostrar que solo a través del conocimiento del otro es que logramos superar los grandes conflictos. Hay un idilio entre Barenboim y la ciudad de su infancia, esa a la que le trae este maravilloso regalo musical cada invierno y que en esta oportunidad encontró en el CCK un lugar para desarrollarlo en todo su potencial. Se va a extrañar.

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