Fandermole trae el recuerdo de un milagro musical

Como representante de la Trova Rosarina, volvió a mostrar su talento
René Vargas Vera
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4 de septiembre de 2017  

Fue otro milagro. Milagro argentino para la música. Uno, a mediados de los años sesenta, con el nacimiento de Les Luthiers en los más insólitos escenarios (festival de coros en La Plata, Instituto De Tella, teatros, festival de coros en Tucumán); eran veinteañeros universitarios de Arquitectura, Ingeniería? (Masanna, Marona, Mundstock, Rabinovich, Núñez Cortés, López Puccio) inventores del humor musical y el ingenio verbal en medio del renacimiento mundial de las artes.

El rosarino y un concierto indomable
El rosarino y un concierto indomable

El otro milagro ocurrió en Rosario. En un contexto social diametralmente contrario a la creatividad y al humor inteligente, como parte del satánico plan de cercenar la libertad del espíritu. Fue en plena noche negra del terror de Estado de la dictadura militar y su plan de exterminio ideológico sin distinción cuando estalló la luz de una música nueva, inédita, dentro del cancionero argentino.

Sus creadores fueron otros estudiantes universitarios, y en Rosario, ciudad de músicos y poetas de alto vuelo, la mayoría nacidos en 1956, protagonistas de la bohemia fuera de los claustros, que por esos benditos designios del destino, y sin otro plan que intercambiar poemas, melodías y ritmos nuevos, estaban pergeñando un cancionero inaugural, asumido casi como un mandato entre compañeros de ruta; un imperativo categórico para crear y elaborar una insólita estética ciudadana con aromas y giros de rock, folklore o tango, fundadora de un nuevo estilo poético-musical, viva expresión de Rosario, mientras afuera la muerte cubría Buenos Aires y el país, y la guerra de "los vanos generales" por Malvinas era el colmo del delirio de poder.

Nos tocó ser testigos asombrados y maravillados por tanta originalidad plasmada en riqueza de imágenes y contenidos poéticos y su musicalidad y cohesión de grupo. Y nos fue dado escribir sobre los admirables dones creativos de unos veinteañeros rosarinos en este mismo diario a partir de su irrupción por Buenos Aires aquel 1982. Dos temas emblemáticos nos taladraron el alma: "Mirta, de regreso", de Adrián Abonizio, desesperante fruto cruel de cárcel y frustración de pareja, y "Era en abril", de Jorge Fandermole, cuya ternura infinita plena de inéditas alegorías sobrecogedoras por su angustia existencial nos conmueve hasta las lágrimas. Un sello indeleble, impronta única, campeaba por las canciones de Abonizio, Rubén Goldín, el inolvidable Lalo de los Santos y Fandermole, expresadas junto al piano de lujo de Fito Páez y la voz exquisita de Silvina Garré, por quien fue el gestor de la convocatoria a todos estos creadores: el cantor Juan Carlos Baglietto, un espasmódico intérprete que echaba a volar las melodías insólitas, insospechadas. Insospechadas por la alucinante extensión de sus tesituras, desde timbres de barítono hasta de tenor, giros melismáticos de laberinto luminoso, morosidades que jamás cayeron en la vociferación y que dieron muestras de un refinamiento sin pretensiones.

Después llegó "la poesía como un arma cargada de futuro" de Jorge Fandermole, que reapareció en la Usina del Arte para presentar un nuevo repertorio, pleno de inventiva poética y musical, como el conocido "Sueñero", al que suma "Alunados", "Canto versos", "Cuando", "Agua dulce", "Pájaros de fin de invierno", "Navega", "Solo", "Lo que usted merece", dejando afuera sus emblemáticas "Canción del pinar", "Río marrón", "Oración del remanso" y alguna otra. Otra vez una rica temática que acoge nuevas metáforas y alegorías que ahondan en una poesía un tanto hermética y al mismo tiempo elíptica, como quien descarta caer en la típica canción de protesta, con "Alunados" y "Solo", y consagrar este repertorio al canto confesional, con "Cuando", "Hispano" y "Sueñero"; o "Lo que usted merece" y "Aquí está la marcha", por las que ingresa en la canción de amor a un hijo y una mujer. Y luego cantarle al entorno, en "Agua dulce", o para afirmar su compromiso de dar testimonio, en "Canto versos ("del corazón en esta tierra incendiada"). Fandermole siempre nos sorprenderá por su infinita inventiva, su bajo perfil y su honestidad profesional de artista ético y auténtico. Su cancionero tiene alas de futuro.

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