Kaiser Chiefs: buscando recuperar el instante de gloria
La banda inglesa tocó en La Trastienda y mostró lo bueno y lo malo de su presente
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Es difícil delimitar con precisión en qué momento de su carrera se encuentra Kaiser Chiefs hoy. Y no mucho más fácil es otorgarles un lugar dentro del contexto de la música rock a nivel global. Su momento de gloria no pasó hace tanto como para provocar nostalgia ni es tan actual como para que su show suscite la urgencia de ver a la banda del momento. Por eso, desde hace ya un largo par de años, su atractivo pasa por ver cuán contundente es la lista de temas y cuánto puede hacer Ricky Wilson por lograr que el vivo continúe siendo una experiencia excitante.
Anoche, sobre el escenario de La Trastienda, el comienzo se presentó como promisorio con "Everyday I Love You Less and Less". Asentados en un teclado power pop y a velocidad punk, Wilson, ahora barbudo y con campera de cuero marrón, no tardó ni un estribillo en arengar al público y saltar poseído sobre el micrófono. "Somos Kaiser Chiefs", alcanzó a decir después de terminar esa antibalada de amor prototípica en la que le asegura a una chica que cada día la ama "menos y menos".
La inercia inicial se mantuvo no tanto a base de hits sino más bien a base actitud. Como si estuvieran en un pub inglés tratando de llamar la atención de un cazatalentos, el quinteto parecía enchufado a 220 sin la mínima intención por mostrar matices. Cualquiera sea el disco que revisitaran, desde los exitosos Employment (2005) y Yours Truly, Angry Mob (2007) al intrascendente Education, Education, Education & War (2014), todo fue contar cuatro e ir directo al mentón.
Pero después de que "Never Miss a Beat" se transforme en uno de los momentos de mayor combustión, el repertorio se volvió tan endeble como la creatividad del grupo en estudio durante los últimos años. "Modern Way", una melodía con reminiscencias a The Smith y atmósfera de Depeche Mode aguados, fue seguida de "Parachute", un tema inédito que muestra el lado más cancionero y menos sólido del grupo. Y aunque la salida del mini segmento mid tempo fue con el hit universal "Ruby", los Kaiser Chiefs no lograron recuperar el nervio original.
"The Angry Mob" y "I Predict I Riot" fueron el pack combativo, más de carácter panfletario que cerebral, que recordó los momentos en los que Ricky Wilson y los suyos se codeaban con la novedad a fuerza de melodías coreables y agresividad controlada. "Cannons" y "Coming Home", por el contrario, se disiparon sin penas ni gloria como cierre oficial.
Ya sobre los bises, Kaiser Chiefs presentó "Hole In My Soul", otro inédito, y a "Misery Company" le siguió "Oh My God" con extractos de "Na Na Na Na Naa", la gran ausente de la noche. Si bien el final volvió a mostrar la mejor cara del grupo, el resultado general funciona como resumen de su propia historia. Aquello que empezó como estimulante fue perdiendo musculatura con el paso del tiempo y nada indica que estén cerca de captar al nuevo pulso de época, como si lo hicieron sus contemporáneos y coterráneos Arctic Monkeys. A principios de siglo, los Kaiser Chiefs estuvieron en el momento justo y el lugar indicado, once años después de su primer disco, parecen haber perdido la brújula y el reloj.
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