Lollapalooza 2018: Camila Cabello y Zara Larsson provocaron un estallido pop
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Zara Larsson y Camila Cabello tienen varias cosas en común, aunque una haya nacido en Suecia y la otra en La Habana, Cuba. La base de su carrera fue atravesada por un programa de concurso de televisión. Larsson surgió por primera vez como la estrella de 10 años de edad de Got Talent de Suecia, en 2008. Camila Cabello integró las Fifth Harmony, quinteto vocal femenino surgido en 2012 en The X Factor, donde estaba como jurado Simon Cowell.
La dos son estrellas del nuevo pop de los millennials, con millones de reproducciones en plataformas como Youtube y Spotify. Y otras tantos millones de seguidores en las redes sociales. Su ascenso fue muy rápido en los últimos dos años, aunque son dos mujeres que hace mucho están peleando un lugar en el mundo del entretenimiento.
Larsson se convirtió en una estrella precoz cuando ganó el concurso de talentos sueco. Luego se retiró y volvió como una artista independiente, con un EP y en 2013, que la puso en el panorama pop. A los 18 años la explosión llegó con "Never Forget You", un hit crossover con la melancolía del mejor pop sueco y la electrónica, que es uno de sus caballitos de batalla en el vivo, donde combina la energía del baile con una efervescencia hormonal acorde a su edad y a la de los seguidores que se agolpan contra la valla del escenario.

Larsson conquista al público desde que aparece en el escenario Alternative con su camiseta de la Selección Argentina y su nombre impreso en la parte de atrás como una jugadora de fútbol. Se desplaza como gacela sobre el escenario y baila como una profesional, a pesar de la altura de la plataforma de sus botas. Tiene una suavidad y una melancolía gélida en la voz. El equipo que la apoya es sólido; una banda compuesta por cuatro músicos, dos coristas y dos bailarinas. "Esta canción es linda", dice una adolescente con brillantina en el rostro y que no para de rebotar, acompañando el ritmo del tema. Su madre está aburrida. Las secuencias electrónicas y las melodías pop se suceden. "Vamos a bailar", arenga en castellano la sueca. "Arriba", vuelve a arengar. La masa de adolescentes le responde. El éxtasis llega con uno de sus temas más celebrados: "Ain’t My Fault". Relaciones tóxicas y prohibidas, de eso habla Larson. Los chicos, algunos de su edad, se sienten identificados.

Camila Cabello es una de las popstar del momento. Un tema la puso ahí: "Havana", un tributo a su Cuba natal. La canción, con un sabor latino entrelazado originalmente con un beat de Pharrell Williams y un rap de Young Thug, la hizo una artista irresistible para la industria y millones de seguidores alrededor del mundo. Ese "one hit", además de otros que repasa en su show en Buenos Aires como "Bad Things" y "Know No Better", la pusieron entre la preferencia del público adolescente.
En su debut en Lollapalooza , Camila se ganó un lugar en el mismo horario que Red Hot Chilli Peppers. Y con solo 21 años. La cubana, criada en Miami, se quedó con la franja más adolescente de su lado, aunque perdió público frente al escenario donde tocaba el grupo liderado por Anthony Kiedis. A escena sale vestida como lo hacía Prince en los tiempos de Purple Rain. Hasta hay citas al músico de Minneapolis en una de sus canciones.
Su carrera tuvo un ascenso meteórico. Todavía no sale de su asombro por lo lejos que llegó su música. "No puedo creer que se sepan mis letras", dice ante la fervorosa respuesta de sus seguidoras. Camila canta y no puede creer todavía la respuesta del público. "Los amo che!"; "Me van a hacer llorar", "Estoy obsesionada con Argentina a partir de ahora". Sus declaraciones de amor tienen una respuesta inmediata en esos miles de adolescentes que eligen escucharla y bailar al son de su pop apto para todo público. Ella está más cerca de Selena Gómez que de Madonna, aunque esté rodeada de bailarines como la histórica diva pop. Camila no defrauda a los millennials que levantan su celular y esperaron por ella todo el día. Ahora cantan y se retratan en modo selfie junto a Camila Cabello. Los celulares registran ese efímero momento.
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