Cristina Pérez: de su vuelta a LN+ a cómo enfrentar las fake news y cómo busca unir a su familia
La periodista conversó con LA NACION en un alto de su nutrida agenda; perfil de una comunicadora comprometida con su vocación que no le escapa a la mirada filosófica de la vida
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Costó encontrar el momento para la charla. La agenda de Cristina Pérez explota a pesar de que el año recién despunta. El lunes inició una nueva temporada de su programa Siempre más, que ocupa la franja diaria de las 18.30 en la señal de noticias LN+, que comenzó a celebrar sus diez años en el aire.
“Estoy en el momento más pleno de mi carrera porque puedo desplegar mi voz como periodista, en mi programa y con mi modo televisivo y en una casa de periodismo centenaria como es LA NACION, donde, además, me identifico editorialmente; entonces, para mí, LN+ es estar en el mejor de los mundos, porque no siempre un periodista puede trabajar en un lugar donde siente pertenencia”.
“Cris noticias”, la define su cuenta de Instagram. No miente. Ahí reside su idiosincrasia desde que era casi una niña.
Inquieta. Curiosa. De levedades entiende poco esta mujer nacida en la ciudad de San Miguel de Tucumán que, autoexigencia y deseo de superación mediante, transitó todos los eslabones del oficio periodístico hasta construir un nombre propio y pararse al frente de sus programas. Llegó al mundo en tierra histórica y en fecha patria, un 17 de agosto.
De rigor sabe y mucho. Tanto a la hora de pensarla como comunicadora, como en su faceta intelectual en torno a la literatura, la pasión por la obra de William Shakespeare y su, cada vez más instalado, rol como escritora.
Se compromete y se arroja en todo lo que emprende. A fondo. Con cierto devenir estoico. Sobre varias de estas cuestiones transitó la charla con LA NACION, en un alto de su día, toda una rareza.
Hábitos
Amanece muy temprano, a las siete de la mañana, y, tres veces por semana, se dispone a cumplir con su rutina física. “Entreno desde los doce años; es parte de mi metodología para estar bien integralmente. La disciplina es imperiosa para trabajos como el nuestro, pero también lo es para la vida”.

Al mediodía, luego de la rigurosa lectura de diarios, reseteo de agenda periodística y de buscar información “on” y “off”, se dispone a conducir Cristina sin vueltas, su programa en Radio Rivadavia.
“A las tres y cuarto de la tarde me está esperando un taxi para ir a LN+ y me siento a ver desde qué ángulo escribo mi editorial. A veces, aparece un “off” que me va a cambiar la tarde y debo modificar todo lo que tenía planeado, pero ya con menos tiempo para escribir”, describe la profesional, quien diariamente, y antes de la salida al aire de su ciclo Siempre más, se une a Mesa de periodistas, una de las nuevas apuestas de LN+ que se puede ver desde las 17.50. Finalmente, a las 18.30, comienza a timonear su espacio, en ese horario álgido del “regreso” que se abre al prime time: “Con todo lo que sucede, muchas veces el programa lo vamos armando al aire”.
A las ocho de la noche suele dar por concluida su jornada, “cuando no tengo nada extra para hacer”, explica con cierta resignación.

Modos
—Desde hace un buen tiempo ya no hay diferenciaciones, de parte de la percepción y los consumos de las audiencias, entre la información que puede brindarle el noticiero tradicional de la señal abierta y los contenidos emergentes desde un canal de noticias.
—La información dura se trasladó a los canales de noticias y la competencia es más feroz que nunca. Eso es un desafío. Antes, los noticieros de aire daban información de todo tipo; hoy se convirtieron, prácticamente, en programas sociales o magazines. En los canales de noticias, a su vez, se produce una esgrima entre los periodistas con firma, con una alta competencia entre los urgentes, las investigaciones y las editoriales. Eso implica una alta dosis de adrenalina, así que hay que tener muchas ganas para encarar esa competencia a un nivel de vértigo pocas veces visto.
Trabajo colectivo al fin, menciona enfáticamente a Flor Puyos, su mano derecha en el staff de producción de Siempre más, y a Sol Durán, la productora que la sostiene en su programa de radio: “Son personas clave; en realidad, mis equipos son claves; me gusta trabajar con la energía de los programas”.
—Sobre todo cuando la arcilla es la actualidad cambiante.
—En la televisión, tengo que sentir que está pasando algo, que el programa se encuentra vivo, que estamos atravesando un hecho, sin simulación.
Rigurosa
—Hace un momento, hablabas sobre disciplina, ¿leés o llevás adelante alguna práctica vinculada al estoicismo?
—Sí.
Se sonríe al entender que algo de lo planteado se da la mano con aquellos conocimientos brindados por Marco Aurelio, el emperador de Roma del que se pueden consultar sus Meditaciones, una herramienta de la filosofía estoica, hoy revisitada y puesta en valor. “Tengo un librito muy lindo que resume la sabiduría estoica, que se titula Cómo ser libre, porque, en realidad, los estoicos postulan que hay que, a veces, desapegarse para ser libre".
—¿En torno a qué aspectos habría que canalizar ese distanciamiento?
—Hay que desapegarse de los fracasos y de los éxitos, de los dolores, ser cauteloso ante el exitismo y todos los extremos. Eso a uno lo lleva a buscar la templanza, algo muy importante en un trabajo como el nuestro, donde un día ganás y al otro perdés, un día conseguís la nota y otro día, no. En ese sentido, creo que ayuda ser estoico porque también entiendo que hay que tener tolerancia ante algo que no te sale como querías o bien para aguantar el ritmo y lo que implica la competencia.
—Además de esa disputa, lógica -aunque, por momentos, descarnada- entre eslabones profesionales, aparece atravesando el caudal informativo, un engranaje donde se suma la producción de contenidos, generalmente amateur, que se hace desde las redes sociales.
—Hay que aceptar el nuevo escenario, es parte de la realidad.

Acaba de publicar un ensayo titulado La verdad y la justicia en la casa del rumor que forma parte del volumen Leyes del poder -publicado por la Editorial La Ley-, donde la periodista propone un análisis en torno a cómo se vive en la “era de la aceleración”.
“Planteo que, para los que investigamos, nos enfrenta a una vida entre dos tiempos: por un lado, el tiempo de la fake news, el rumor y la mentira, y, por otro lado, el tiempo lento de la comprobación, porque, en general, la verdad suele llegar más tarde. La realidad es que debemos enfrentarnos a eso, pero preservando la calidad informativa”.
En concordancia con esa realidad, plantea que es fundamental mantener la confianza de las audiencias. “Estamos ante un ecosistema donde la gente está estimulada por un enorme flujo de información. De esa información, hay una gran cantidad de campañas de todo tipo, un enjambre que incluye la mentira; entonces, uno tiene que seguir haciendo periodismo tratado profesionalmente, es decir, con la metodología periodística”.

“Muchas veces, el público va a valorar el contenido periodístico, pero también puede suceder que aparezca la duda en medio de esa jungla donde hay material de todo tipo de datos”. En este sentido, Pérez entiende que la persistencia, constancia y consistencia de la tarea “hacen que las audiencias se den cuenta de la línea de cada uno y que los rumores pueden divertir, pero no ayudan a tomar decisiones y que, desde el periodismo profesional, se les está entregando un trabajo serio”.
—Desafío no menor de decodificación que debe llevar adelante el consumidor de cada medio.
—Nos enfrentamos a un territorio muy hostil porque, en el medio, la gente puede criticar, descreer, difamar. Entonces, hay que tener posición no solo estoica, sino también una templanza frente al ecosistema de ruido. Por otra parte, uno da la cara, frente a lo anónimo que aparece en las redes.
—En tu caso, siendo la pareja de Luis Petri, entiendo que mucho de lo que describís en torno a la veracidad y la mentira conlleva una doble presión y un desafío multiplicado.
—Este año estoy mucho más tranquila, Luis ya no es ministro de gobierno, es diputado, así que no hay mayores discordias. Mejor dicho, los que buscaban argumentos por ese lado para tratar de descalificarme, ahora se van a tener que buscar otro. El escenario del año pasado no me molestó, pero el actual es otro.
Micrófonos
—Mencionabas lo que implica habitar una marca centenaria como LA NACION. ¿Qué conlleva estar en una señal como Radio Rivadavia, también histórica?
—En dos años, la radio cumplirá su centenario. Es la emisora que uno escuchaba mencionar a sus abuelos. Siempre digo que la radio es el mejor maestro del periodismo en vivo porque, desde ya, hay cosas que te enseña la televisión, pero, a nivel periodístico, la radio te da profundidad.
—Y un marco de intimidad que no confiere la televisión.
—En la radio no se puede controlar ni “caretear” nada. En la televisión, se puede tener un formato, planear qué se va a decir en cada momento, pero, en la radio, corre el silencio. Si uno no es genuino, en la radio se nota.
—En la televisión, ¿no?
—También, pero te da más espacio para el control.
Reconoce que no utiliza teleprompter, aunque no critica a quien sí lo hace y refuerza la idea de la valía de la radio en determinadas cuestiones: “En un silencio, te desnuda; muestras cómo tratás a tus compañeros o cómo reaccionás ante los imponderables”.
—Fernando Bravo suele decir “la radio es la cocina y la televisión es el living”, reforzando la idea de intimidad que tiene el primer medio por sobre el segundo, metaforizando con la importancia de la cocina en toda casa, como lugar insoslayable de encuentro.
—Es una frase excelente, cuánto oficio tiene Fernando. Creo que la radio tiene los tiempos del tango.
—¿Cómo es eso?
—El tango se aprende a bailar en diez años y se puede decir que se sabe algo de la tarea de hacer radio recién después de una década de aire.
No es ingenuo su comentario durante 2026 celebrará su década haciendo radio en Buenos Aires.
Duelos, familia y pareja
Visita su Tucumán querido -como definió la famosa zamba rubricada por don Atahualpa Yupanqui- cada dos meses y suele reunir a su familia con regularidad. “La última vez fue en Navidad, pero en mi casa de Mendoza”. Entre su terruño natal y el de su esposo se dividen las travesías al norte del país.
“Desde que murieron mis padres, un objetivo primordial de mi vida es mantener unida a mi familia, con hermanos, tía y sobrinos. Por eso, de tanto en tanto, viajo a España a visitar a mis hermanas y a Tucumán para ver a mi hermano. Trato de generar momentos para que esto ocurra; mis hermanos tienen el mismo compromiso que yo”.
Además, confiesa que vive plenamente su matrimonio: “Es la consolidación de mi relación con Luis (Petri), ya estamos transitando el quinto año”.
Se comprometieron en 2023 y han atravesado el vértigo de la vida pública de ambos (Petri fue candidato a vicepresidente en la lista encabezada por Patricia Bullrich y, posteriormente, Ministro de Defensa del Gobierno de Javier Milei).
“Estamos muy contentos, ahora con más valijas que van y vienen. Él va dos o tres veces por mes a Mendoza y yo trato de hacerlo, por lo menos, una o dos veces. Están las valijas siempre listas; es un poco ajetreado, pero tenemos una vida que nos gusta, la pasamos bien juntos, somos muy unidos. Eso, para mí, es un logro; siempre quise tener un amor con el que caminar la vida, pero no es fácil encontrarlo”.
Luis Petri es padre de Julián, joven de 18 años, al que Cristina Pérez define como “un ser maravilloso”: “Desde que nos conocimos fue instantánea la buena relación, me expresa mucho amor y yo trato de expresárselo a él; a mi estilo, es un poco mi hijo, aunque no tengo las características de una persona con la vocación de ser madre, pero sí soy una persona que da mucho amor y a Julián lo amo. Además, él me hace sentir su amor, me lo hace saber. Me siento afortunada porque no siempre es fácil la relación con el hijo de tu pareja”.
A su modo
—Hasta hace no mucho tiempo atrás, la mirada social hacia la mujer que decidía no poner su foco en la maternidad al menos era de extrañeza. En tu caso, siempre te has manifestado al respecto.
—Soy una persona que tiene mucho amor para dar, amo intensamente a mi familia, a mi marido, a mi trabajo. En la lengua vasca, el euskera, la palabra “ama” es “madre”, el amor viene del amor de madre; de manera tal que, cuando hablamos de amor, está enlazado ese sentimiento con lo maternal; pero debo decir que trato de no confundir las tendencias de cada época con las decisiones íntimas.
—De hecho, siempre has mantenido una misma postura en torno a tu decisión de no ser madre.
—Tengo tres sobrinas jóvenes, en edad de poder ser madres, y mi consejo hacia ellas no fue “no seas madre”. En cambio, cuando yo era chica, veía mujeres que tenían hijos porque todas tenían hijos. A mis sobrinas les digo: “No decidan por lo que todas deciden, decidan íntimamente ustedes qué desean”. Ser o no ser madre no se define en una tendencia, es una cuestión muy íntima. Yo misma, en tanto pueda ser madre, voy a tener en mi poder la decisión. No hay que mirar esto como un dogma de época y pararse en la vereda de la tradición o de la transgresión, sino que se trata de una decisión de la persona. Tener un hijo es algo demasiado sagrado como para tenerlo sin estar convencida.
Paseos entrañables
El año pasado, regresó a la pantalla de Telefe, donde durante más de veinte años condujo Telefe Noticias, junto a Rodolfo Barili, construyendo el rubro televisivo al frente de un formato informativo con más perduración en el tiempo y, en materia de rating, siempre liderando su franja horaria.
Durante la pasada temporada, la periodista pisó fuerte, también con muy buen promedio de audiencia, con Volviendo a casa, un formato reconocido en la televisión española, cuyo punto de partida es el recuerdo, en tiempo real, del recorrido que una celebridad reconstruye desde su escuela de la infancia hasta su casa de la niñez.
Soledad Pastorutti, Georgina Barbarossa, Lizy Tagliani, Cris Morena y Marley fueron las estrellas escogidas para esa travesía que apelaba a la emoción y los recuerdos. Historias personales que no dejaban de espejar la de muchos. “Ese proyecto fue una bomba de amor, los protagonistas, luego de la salida al aire de cada programa, no dejaban de escribirnos con mucha emoción, como si les hubiésemos hecho un regalo que les va a quedar de por vida”.
“Solo tengo agradecimiento para Federico Levrino, quien llevó la idea; Diego Núñez, que la produjo; Darío Turovelzky y Guillermo Pendino. Yo misma me regocijaba viendo lo que estaba haciendo; me sorprendía por lo diferente. Un regalo de la vida”.
Aunque no la ata una relación contractual con Telefe, no se descarta la realización de una segunda temporada del formato. “Estoy libre para lo que surja”.
Su pluma
—Me reservo un momento para conversar con la novelista. ¿Estás escribiendo algún nuevo material de ficción?
—Cuando no estoy escribiendo o por publicar un libro, que es un trabajo enorme, me encuentro en el estado hermoso que tiene que ver con poder leer lo que me gusta leer y, sin proponérmelo, se genera un estado de búsqueda que nunca sé adónde me va a llevar, porque deviene en encontrar una idea que me conduzca a escribir y eso nunca se sabe cuándo puede ocurrir.
Cuentos inesperados, El jardín de los delatores, La dama oscura, Tiempo de renacer, Mujer samurái, títulos de ficción que definen la pluma de Cristina Pérez, quien también se ha desarrollado como actriz, es una experta en literatura inglesa y una amante fervorosa de la obra de William Shakespeare.
Algo de ella suena a elegancia isabelina. Bien podría ser una de esas damas, mujeres aguerridas o sufrientes, que pueblan algunas de las páginas del Bardo de Avon.
La novela histórica define buena parte de su corpus como escritora. Un subgénero que, de algún modo, también dialoga con su vocación periodística y con la investigación. “Acabo de brindar un curso sobre novela histórica para Penguin en España, me encantó poder compartir esa experiencia”.
Reconoce que la lectura es la afición que termina de colmar su vida: “Podría pasarme horas leyendo”.
—Si hurgo en la mesa de luz del cuarto de Cristina Pérez, ¿cuál es el primer libro con el que me encuentro?
—Estoy leyendo Nicomachean Ethics de Aristóteles.
Material considerado fundamental en la filosofía medieval, acarrea tópicos en torno a cuestiones que desvelaron siempre al ser humano. Entre esas disquisiciones, la periodista plantea: “¿Qué es un ser humano?, ¿qué nos aporta el lenguaje?, ¿por qué es importante desarrollar procesos interiores más allá de lo que la tecnología nos puede dejar? ¿Cuál es hoy la búsqueda de la felicidad y cómo se recorta nuestra humanidad ante las fronteras tecnológicas?”.

—Para alguien como vos, cuya materia prima es la palabra, ¿qué implica el atravesamiento de la inteligencia artificial, cada vez con mayor injerencia en la vida diaria y en los medios?
—Estamos en un momento donde la inteligencia artificial nos va a hacer redefinir qué significa ser humano.
—Con tantas actividades, ¿tenés tiempo para descansar?
—El año pasado se me fue la mano con el trabajo, espero que no me suceda lo mismo.
—¿Hay que creerte?
—Por supuesto.
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