El protocolo y las tradiciones de la consagración del papa Francisco

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Cómo será la ceremonia, en donde el nuevo Papa recibirá los máximos símbolos del poder temporal y espiritual
Darío Silva D'Andrea
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19 de marzo de 2013  • 02:13

Mitad jefe de Estado, mitad líder espiritual, el argentino Jorge Bergoglio será consagrado hoy para un puesto único en el mundo. En una ceremonia llamada "Misa solemne para marcar el comienzo del ministerio petrino del Supremo Pontífice", el papa Francisco recibirá los máximos símbolos del poder temporal y espiritual de su puesto (el anillo del Pescador y el Palio) en una ceremonia que reunirá a jefes de Estado y de Gobierno, miembros de la realeza y líderes espirituales de todo el mundo.

La vieja tradición de coronar a los pontífices con una gigantesca triple corona (símbolo del triple poder papal: el Espiritual, el Real y el Imperial) nació en 1143 con el papa Celestino II y quedó en desuso en 1963, con Pablo VI. Se trataba de una ceremonia complicada que reunía elaborados rituales religiosos, incluso muchos "heredados" de las épocas en que los emperadores romanos fungían como "Pontífices máximos". El papa Pío X, por ejemplo, fue coronado en 1903 con la joya más grande que atesoran hoy en día las arcas vaticanas: una corona con 529 diamantes, 252 perlas, 32 rubíes, 19 esmeraldas y 11 zafiros.

Aunque Juan Pablo II (1978-2005) y Benedicto XVI (que renunció en febrero) recibieron como regalo valiosas tiaras papales, idénticas a las que adornaron las cabezas de sus antecesores, tuvieron la prudencia de no utilizarla. Ambos papas marcaron la pauta para una "Misa de consagración" de alguna manera simple y moderna, suprimiendo los rituales más pomposos y la corona. Los únicos rituales que se conservan tienen que ver con la entrega al papa del anillo y del Palio, que guardan un gran significado.

El Palio (pallium) viene de la antigua tradición de los pastores de cubrirse con un manto de piel blanca mientras apacentaban a sus ovejas, y simboliza la función del papa como "pastor de la Iglesia católica". En tanto, el anillo del Pescador obtiene su nombre del oficio que, según la tradición cristiana, tenía San Pedro antes de convertirse en discípulo de Jesucristo, y simboliza la función del papa como "pescador de almas". El anillo que recibirá Francisco fue confeccionado en plata dorada por el fallecido Enrico Manfrini, denominado "el escultor de los papas" y sigue el diseño del que usó Pablo VI.

El acto comenzará con oraciones -junto a 10 patriarcas de las iglesias católicas de oriente para escenificar la unidad de los ritos latino y oriental- frente a la Tumba de San Pedro, desde donde partirán en procesión hasta el exterior de la Basílica, al son de la "Letanía de los Santos".

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Allí, frente a las autoridades mundiales y otros 30.000 espectadores, el cardenal protodiácono, Jean-Luois Tauran le colocará al papa el palio pronunciando, en latín, la frase "Bendito sea Dios que te ha escogido para ser pastor de la Iglesia Universal y que te ha vestido con la estola brillante de tu apostolado. Que reines gloriosamente a través de muchos años de luz terrenal hasta que, llamado por tu Señor, seas revestido con la estola de la inmortalidad en el Reino de los Cielos. Amén".

Posteriormente, el cardenal decano de la Orden de los Obispos, Angelo Sodano, entregará el anillo del Pescador, y en esos instantes, Francisco quedará convertido oficial y ceremonialmente en "Su Santidad, el Obispo de Roma, Vicario de Jesucristo, Sucesor de San Pedro, Príncipe de los Apóstoles, Sumo Pontífice de la Iglesia Universal, Patriarca de Occidente, Primado de Italia, Arzobispo de la Provincia de Roma y Soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano".

El viejo ritual del juramento de lealtad de cada cardenal ante el papa (cosa que ya hicieron la semana pasada, al quedar electo Francisco en el Cónclave) fue sustituido en la consagración de Benedicto XVI (2005) por un saludo y juramento de parte de doce personas representativas, laicas y eclesiásticas, entre los que se encontraban el más antiguo Cardenal Obispo, el más antiguo Cardenal Sacerdote, el más antiguo Cardenal Decano, un obispo, un sacerdote, un diácono, un hermano religioso, una monja benedictina, una pareja de Corea y dos niños (de Sri Lanka y de República del Congo) recientemente confirmados.

El protocolo marca que los invitados se sitúen por categorías: primero jefes de Estado y después primeros ministros, embajadores y el resto de las representaciones diplomáticas (entre ellos, miembros de la realeza y representantes de otras religiones). Con respecto a las autoridades de la Iglesia, figuran los cardenales, los principales Patriarcas orientales, arzobispos, obispos, párrocos de Roma, canónigos de San Pedro y demás religiosos, colocados por orden de importancia, desde la zona más cercana al altar hacia fuera, del lado derecho.

Tras la misa, todos volverán al interior de la Basílica de San Pedro, donde frente al altar mayor el papa recibirá el saludo personal de las delegaciones extrajeras. El saludo que deberán hacer al pontífice es el mismo que se le hace en todos los encuentros: los jefes de Estado (pares suyos) y los no católicos no están obligados a realizar una reverencia ni a besar el anillo, cosas que sí deberán hacer los católicos. Para todos ellos, además, regirá el estricto protocolo en lo que a vestimenta se refiere: gran etiqueta para los hombres y trajes negros para las mujeres. Bajo ninguna circunstancia, una mujer debe presentarse vestida de blanco.

Ese es un privilegio exclusivo de las reinas católicas y de las esposas de los reyes católicos que El Vaticano les concede como forma de agradecimiento a las Casas Reales que fueron fieles a la Iglesia católica cuando todos los reinos se convirtieron al protestantismo. Actualmente las únicas mujeres que tienen el "Privilegio de Blanco" o "Privilege du blanc" son la reina Sofía de España (quien además puede usar una tradicional peineta), las reinas Paola y Fabiola de Bélgica y la gran duquesa María Teresa de Luxemburgo.

En los próximos días se llevará a cabo el último de los rituales que componen la "entronización" del papa Francisco: la toma de posesión de la Basílica de San Juan de Letrán, el principal templo católico de Roma y el escenario donde, hasta 1800, fueron coronados los sucesivos papas. Desde principios del siglo XIX, los papas fueron coronados en la Capilla Sixtina y luego en el interior de la Basílica de San Pedro. Hoy, rehuyendo de los más pomposos símbolos de su autoridad espiritual, el sencillo "papa argentino" (basado en el permiso que la "Constitución Apostólica" de 1996 le da para organizar su entronización de la forma que lo desee) seguramente sorprenderá con nuevos cambios, como lo hicieron sus antecesores más próximos.

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