A tres meses de su separación de David Bisbal, habla de amor y de hombres; además, de su rol de madre y de su nuevo horizonte como diseñadora de moda
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Es lo que todos ven: una mujer con una belleza sin igual. Pero durante la charla con ¡Hola! Argentina demuestra que más allá de lo físico, Eugenia "China" Suárez sabe lo que quiere y busca alcanzar sus sueños. Y su vida es una prueba de eso: de ser una chica "de comercial", pasó a convertirse en una "estrella teen", y después en una actriz que brilla tanto en televisión como en cine. Eugenia lo define de manera perfecta: "Siempre pienso en grande". Pero en sus palabras no hay soberbia, justifica sus logros con trabajo y mucho esfuerzo.
Así, a los 23 se anima a probarse en un nuevo rol, como diseñadora. Y cumple una de sus grandes cuentas pendientes, lanzar su propia marca de la mano de Natalia Antolín.
–¿Por qué elegiste a Natalia?
–Siempre quise tener mi marca de ropa, pero cuando empecé a entender cómo era el mundo del diseño me di cuenta de que sola no iba a poder. Cada vez que me quería hacer un vestido, se lo describía a Nati por nota de audio y al día siguiente estaba listo con mis medidas. Además, todo el mundo me lo halagaba. Ahí empecé a abrir los ojos y un día le propuse armar el proyecto juntas. Yo necesitaba el soporte y su experiencia. Por suerte, me dijo que sí de una.
–¿Participás de todo el proceso creativo?
–Sí ¡y tengo mi propia oficina! Me lo tomo como un trabajo, no como un hobby, porque me encanta la moda y cuando voy a la fábrica, soy feliz.
–¿Cómo te sentís en tu nuevo rol de diseñadora?
–No sé si soy buena o mala, lo que sí sé es que tengo las cosas muy claras. Reconozco lo que me gusta y lo que no. Mis amigas siempre me envidian porque tardo muy poco en comprarme ropa, soy la novia ideal en ese sentido… Detesto entrar a un probador. Sé cuál es el corte que me queda bien, cuál es mi talle en cada marca y lo mismo me pasa con Rufina, mi hija. No dudo, lo tengo todo en la cabeza. Ahora yo pienso un diseño y Nati lo pone en marcha. Es todo idílico.
–¿Imaginabas que iba a ser tan soñado este proceso?
–No pensé que iba a ser tan grande. Empezamos armando veinte prendas y terminamos con cuarenta y cinco, más accesorios.
–Las fotos de la campaña fueron casi íntegramente a caballo, ¿habías montado alguna vez?
–¿La verdad? Me debo haber subido cuatro veces en mi vida a un caballo, pero jamás tuve miedo. Amo los animales y con los caballos tengo una conexión divina. Siempre soñé con hacer salto, pero nunca me dieron los tiempos. Después de esta experiencia, quiero empezar a hacer equitación y a competir.
–Arriesgar te ha dado buenos resultados. ¿Alguna vez te arrepentiste de tus decisiones?
–Me arrepiento de las cosas que no hago, nunca de las que ya hice. Creo que no hay una fórmula de vida para que te vaya bien. En mi caso, yo tengo mis propias reglas.
–¿Y cuáles son?
–Soy muy libre. No me gusta juzgar ni juzgarme; soy exigente pero no crítica. Si me equivoqué, no pasa nada, me gusta que eso me deje algo.
–¿Aunque la equivocación te haga sufrir?
–Es la vida. Si me dieras a elegir entre una vida soñada y perfecta o la vida que tengo, que es como una montaña rusa, me quedo con mi presente. Tampoco tengo grandes problemas. Cuando la veo a Rufina despertarse, correr y tener una vida sana me doy cuenta de que eso es lo que me importa.

–¿Sos religiosa?
–Creo en Dios y rezo mucho, pero también confío en la energía, el universo, la reencarnación. De alguna manera, tengo mi propia religión. Si yo no creyera en todo lo que creo, no sé qué haría, porque me agarro mucho de eso.
–¿Te definirías como una mujer positiva?
–No siempre. Tengo una energía muy fuerte y cuando estoy positiva es contagiosa, pero cuando estoy negativa, también. Soy la mujer que te puede tirar abajo un equipo entero, o te lo puedo levantar, lo tengo clarísimo. Ahora no me pasa tanto porque lo controlo.
–¿Qué te hizo cambiar?
–Tal vez la edad, ser mamá, no sé… Antes era mucho más rebelde, iba en contra del mundo y gastaba mucha energía.
–¿Te amigaste un poco con la vida?
–En realidad, me hice un escudo porque empecé a trabajar desde muy chica con gente mucho más grande y armé una personalidad dura. Aunque soy una mujer fuerte, también soy muy vulnerable, sensible, todo me afecta… Creo que encontré mi verdadera personalidad hace poco.
"Mi hija, mi eje, mi prioridad"
–¿Qué aportó a tu cambio Rufina [su hija de 2 años, fruto de su relación con Nicolás Cabré]?
–¡Todo! Dejé de ser el centro. Antes todas mis decisiones giraban en torno a mí misma, pero ahora que tengo una hija todo cambió. Sé que no quiero estar separada de ella durante diez horas, por eso no trabajo en una novela. La quiero criar yo, no que se encargue una niñera.
–Ahora que tu hija está más grande, ¿sos más exigente con ella?
–Soy cero exigente, aunque le pongo límites. No escribe las paredes, ni tira cosas al piso, ni contesta mal. Como papás, tanto Nico como yo somos muy relajados, la dejamos ser y la recontra estimulamos. Por suerte encontré el mejor papá para Rufina. Nicolás vive por y para ella y, cuando se ven, ella se muere de amor.
–¿Qué cosas hacen juntas?
–Somos muy compañeras, cuando no está con su papá, pasamos todo el día juntas. Ahora la llevo a la oficina y cuando me están probando ropa, ella también quiere ser parte. Además, tiene una memoria impresionante y es muy inteligente.
–¿Te ves reflejada en ella? ¿O es más parecida a Nicolás?
–Ninguno de los dos tiene niñera, entonces está todo el día con sus papás y copia todo. Los gestos y las caras son de Nico y la personalidad es la mía de chiquita. Es un terremoto, habla con todo el mundo y pregunta miles de cosas. No para.
–¿Cuáles son tus miedos de madre?
–No tengo miedos de madre, tampoco temo equivocarme. No voy a hacer nada grave que le pueda afectar. Creo que lo más importante de estar conectado con tu hijo es que te dice qué necesita. Me parece increíble que me mire y me diga: "Mamá, te amo", pero me encanta verla crecer, es lo más lindo del mundo.
–Esa conexión es natural…
–Yo tuve la mejor mamá del mundo, tengo una gran maestra. Cuando tuviste una buena familia, todo es más fácil. Mi papá siempre me decía que criándome invertía en el futuro de mis hijos. Siento que él sabía que todo lo que me enseñaba era porque yo iba a ser madre joven.
–Hace algunas semanas hiciste un "viaje de chicas" con Agustina Córdova a Nueva York. Sos madre pero no perdiste tu momento de diversión con amigas.
–[Se ríe]. Me fui sólo cinco días pero sí, una tiene que buscarse los momentos como mujer y dejar que el padre tenga su tiempo a solas con sus hijos. Además, los chicos también tienen que descansar de sus mamás, de que estén encima de ellos todo el día. Ser mamá no es excusa para dejar de divertirte o cuidarte. No entiendo a esas mujeres que dicen que por ser madres no tienen tiempo para nada. Sé que soy el otro extremo pero yo parí maquillada, siempre tengo las uñas pintadas y si tengo que ir a la peluquería, la llevo a Rufi conmigo.
SOLTERA Y SIN APURO

Contra todo pronóstico, en junio, la "China" y el músico David Bisbal dieron por terminada su relación, que duró un año y cuatro meses. ¿Motivos? "Los sabemos él y yo, y con eso alcanza y sobra. No hubo infidelidad, es lo único que me interesa aclarar, porque no me gusta que ensucien a la gente. Nos separamos en buenos términos y lo voy a querer siempre", sentencia la actriz. Casualmente, a las pocas semanas de la separación, Eugenia viajó a Marbella para participar de los Premios Platino del Cine Iberoamericano, donde su ex brindó un show musical. Según la actriz, no existieron los momentos incómodos: "A muchos les encanta el morbo. Yo trato de vivir todo con naturalidad"
–Hasta ahora este fue un año de emociones: te separaste y, en simultáneo, "diste a luz" a un proyecto con el que soñabas, tu protagónico en cine con Abzurdah.
–Mi vida es así, nunca hay períodos de estabilidad. Siento que tiene que ver con mi personalidad, no con mi edad. Sé que no soy la misma que era hace cinco años y no voy a ser la misma en diez, porque antes pensaba una cosa y ahora otra. Eso es inteligente para mí: escuchar, aprender, cambiar. Elijo esta vida, no me gusta parar, quiero generar.
–Con David formaban una pareja muy querida. ¿Sentís que existe la posibilidad de una segunda oportunidad?
–Mi historia con David está cerrada. Para muchos sigue abierta y no entiendo por qué. Hoy estoy separada y atravesando ese momento al igual que él. Uno no se separa pensando que va a volver, por lo menos yo. No me quemo la cabeza con el pasado y menos con el futuro.
–En general, terminás tus relaciones en buenos términos.
–Sí, porque soy tranquila, bastante abierta y cero despechada. ¿Para qué? Me haría mal. Tampoco me dieron motivos para estarlo. Tuve la suerte de haber tenido muy buenas personas a mi lado. Todos mis exnovios me cuidaron mucho porque sabían que yo daba todo. Además, siempre fui fiel y no "boludeo". Soy madre, no puedo salir con alguien para ver qué onda, prefiero quedarme en mi casa y no conocer a nadie. O me enamoro o nada.
–¿Te gustaría volver a enamorarte?
–No por ahora. Tampoco soy una mujer que busca estar de novia; se me da naturalmente. Me gusta estar sola, me lo banco. Aprovecho mucho la soledad, la disfruto y no me vuelvo loca. Me llevo muy bien conmigo misma.
–¿Creés en las historias de amor eterno?
–Soy pisciana, pro amor para toda la vida, pro casamiento... ¡Recontra, sí! Yo fui protagonista de muchas historias de amor, sabía que mi vida iba a ser así. No me desespero, sé que en algún momento voy a encontrar al hombre de mi vida.
–¿Analizás mucho tus decisiones?
–Las veinticuatro horas del día. A veces me cuesta dormir porque pienso en todo lo que me pasó durante el día y me engancho mucho con eso. No creo que la tenga clara, pero sí pienso mucho en cómo soy, en lo que no me gusta de mí y en lo que no quiero repetir.
–¿Te sentís querida?
–Sí, me siento muy querida y eso me encanta. Siempre me mostré como soy, nunca armé un personaje y por eso, no pretendo gustarle a todo el mundo ni con mi carrera ni físicamente. Menos con las decisiones que tomo en mi vida. Pero agradezco el amor porque, en todas sus formas, siempre te salva.•
Texto: Paula Galloni
Fotos: Candelaria Gil, para Natalia Antolín
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