Fátima Florez: su fe en Dios, la posible “sociedad” con Bossi, su incursión en política y el vínculo con Javier Milei
La actriz, al frente del espectáculo Fátima universal, no eludió ante LA NACION ninguno de los temas propuestos en una agenda abierta que abarcó desde el plano artístico hasta su presente personal y su profunda fe en Dios
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MAR DEL PLATA.- “Bendiciones”. Fátima Florez agradece el saludo del público que se amucha sobre la rambla del Gran Hotel Provincial para presenciar la sesión de fotos que la actriz realiza para el fotógrafo de LA NACION.
-¿Sos creyente?
-Muy creyente.
El “bendiciones” con el que remata cada saludo la ubica en un plano de cierto misticismo que, de ningún modo, se encargará de negar. Todo lo contrario, se referirá enfáticamente a esa conexión con lo sagrado que la acompaña desde chica.
Tampoco eludirá hablar sobre el presidente Javier Milei y el noviazgo que los unió durante un tiempo. “¿Quién te dijo que fue mi última pareja?”, lanza enigmática, encendiendo y entendiendo el juego.
-¿Mantenés diálogo con el presidente?
-No me gusta desnudar todo lo que hago.
Fátima Florez debutó el 26 de diciembre en el teatro Roxy de esta ciudad con su espectáculo Fátima universal, acompañada nuevamente por el periodista Marcelo Polino, por la agrupación Pampas Bravas y una banda en vivo que le da sonoridad a cada cuadro musical donde la intérprete se desdobla en un nutrido puñado de cantantes internacionales y, desde ya, también dándole voz y cuerpo a figuras como Susana Giménez y Mirtha Legrand, “caballitos de batalla” de esta artista que, desde la imitación, encontró un modo posible de reivindicar el rol de la mujer como humorista.
“Me combatieron, cuando comencé el humor estaba en manos de hombres”. También sobre esas trabas y barreras que logró franquear se referirá en la charla con un bellísimo atardecer sobre la bahía más famosa y popular de la ciudad. Faltan poco más de dos horas para que pise el escenario, pero aparece en escena para esta entrevista producida con notable precisión. Profesional.
-Podría comenzar hablando de la taquilla de boletería, de tu vida afectiva, pero prefiero apuntar a tu fe. De hecho, tu nombre artístico remite a una advocación del catolicismo.
-Siempre fui creyente y muy espiritual, el “bendiciones” lo tengo en la punta de la lengua, y no se lo digo solo a la gente, también lo repito en mi casa.
-¿En soledad?
-Termino de comer y me digo “bendiciones”, por ese plato que tuve en mi mesa. Varias veces al día, por diferentes razones, lo repito. Es un estado de gratitud. El ser agradecido trae cosas lindas, es un círculo.

Un caballero entrecano le pide una fotografía y ella no duda en posar. Mezcla rara la de esta mujer que tiene algo de naif en su decir y su sonrisa, pero que se despacha como una femme fatale con un outfit de escote pronunciado que se encarga de lucir adrede. “Te felicito, nos reímos mucho, sos una genia”, le dice una señora veterana que la cruza en el ingreso a la piscina sobre la arena. Una especie de claque espontánea.
-¿Trajiste extras?
-Te juro que no.
-¿Cómo es Fátima universal?
-Tiene todo lo que tiene que tener y lo que yo deseo que tenga. Como actriz canto y bailo, me meto en las mujeres más icónicas de la historia, actuales y atemporales. Nadie se imagina lo que sucede en el espectáculo, me gusta sorprender y que la gente se vaya cantando a su casa.
La intérprete reconoce que uno de los momentos salientes del show también está asociado a lo emotivo: “Interpreto a Evita, es un tramo un poco más dramático que los espectadores agradecen mucho”.
Así como el espectáculo se inicia con la recreación de Lady Gaga, Florez buscó llevar a sus criaturas más internacionales a escenarios por fuera de Argentina. Su reciente paso por la ciudad de Las Vegas, donde los juegos de azar compiten con los espectáculos de gran despliegue en torno al ilusionismo y la música, le deparó satisfacciones infrecuentes.
“Por segundo año consecutivo hice residencia allí. La primera vez fue una sorpresa, los productores locales buscaban artistas latinos, porque hay mucha gente de habla hispana que llega a la ciudad, y les llamó mucho la atención que una mujer hiciera tantas imitaciones, ya que, generalmente, se ofrecen tributos a un solo artista y realizado por hombres”.
En 2025 fue convocada para participar con su show, especialmente montado para la ocasión, en la Semana de la Hispanidad de Las Vegas, pero la repercusión hizo que la residencia se extendiera en el tiempo. “Fueron dos meses y medio”.
-¿En qué espacio actuabas?
-Nos presentábamos en el Planet Hollywood. Fue una gran experiencia, que me permitió conectarme con bailarines, músicos y técnicos de allá. Hablaban todos en inglés, pero nos amalgamamos genial. Siempre digo que “el de arriba” me brinda una mano muy grande y, dada la repercusión, me propusieron tener mi día en Las Vegas.
-¿Qué implica tener un “Fátima Day”?
-Es un reconocimiento que le da Las Vegas al artista, porque valora el talento y lo que le da el show. Desde el año pasado, el 5 de septiembre es el “Día de Fátima Florez” para siempre.
La experiencia en Las Vegas trajo como coletazo a favor presentaciones en Miami y un tour 2026 que se esparcirá por diversas ciudades de Estados Unidos.
Indudablemente, su interpretación de cantantes de habla inglesa y de figuras del show business latino fueron una llave importante, con Madonna, Cher, Michael Jackson, Shakira, Thalía, Selena y Dolly Parton a la cabeza. “Es muy importante hacer una pisada en Las Vegas”.
-¿Ningún personaje argentino?
-Desde Los Ángeles viajó mucha gente para ver el show y, sobre el final, me pidieron a Susana (Giménez), Cristina (Kirchner), Moria (Casán), Mirtha (Legrand) y (Javier) Milei. Los músicos, que eran todos norteamericanos, no podían entender ese “show a la carta” que improvisamos.
Primera dama
-¿Tenés trato con tu última pareja?
-¿Cuál fue mi última pareja?
- presidente Javier MileiAl menos eso es lo que tengo entendido.
-De mi vida privada no hablo.
-Más allá de la frase hecha, entonces contame vos quién fue tu última pareja.
-Parece paradójico, pero no suelo hablar mucho sobre mi intimidad.

-Aunque con gran repercusión pública, es cierto que te rodea cierto halo de misterio que también potencia tu “negocio”.
-Soy una mujer muy popular y mediática, y eso me encanta, pero la prensa no sabe muchas cosas de mi vida que suelo guardar paredes adentro, en mi intimidad, para preservarlas. Sé que tuve un momento de muchísima exposición, no me arrepiento para nada, ni lo padecí. Recuerdo esos momentos y hasta me sonrío, hemos pasado cosas increíbles.
-¿Por ejemplo?
-Que un beso circule por todo el mundo.
-Dio que hablar aquel encuentro entre el presidente y su novia sobre un escenario.
-Veía los noticieros de todo el mundo y aparecía eso.
-No suele ser habitual que una actriz esté de novia con quien preside el gobierno de su país.
-Es cierto, no es habitual, pero tampoco es habitual que la novia de un presidente trabaje arriba de un escenario como cabeza de compañía, que sea independiente y que sostenga una carrera de muchos años.
-Es real que no jugabas a ser “la novia de”, sino que continuaste con tu actividad artística habitual.
-Mi vida siguió exactamente igual, no cambié un ápice, nada. Ni siquiera mi forma de vestir ni de hablar. Soy Fátima Florez desde hace veinte años y, por otra parte, nadie me pidió que cambiase nada.
-Eso también podría haber sucedido.
-Eso es bueno destacarlo. Mi vida siguió normal, aunque más expuesta y en el ojo de la tormenta, pero creo que supe manejarlo bastante bien. Además, no tuve ni asesores ni coach.
-¿No?
-Mi coach y mi asesor es Dios.

No son pocos los que se acercan para saludarla, levantarle el pulgar y felicitarla por su trabajo artístico. A cada uno le llega el “bendiciones” de la actriz. Casi un acto evangélico. “A Dios lo siento, le hablo, le pregunto, no habrá nadie mejor que él para que me guie”.
-¿Experimentaste algún acontecimiento puntual que te revelara la presencia tangible de una divinidad?
-Soy una agradecida de todo lo que me dio Dios, eso me convence que me está guiando y que me escucha. Estoy hecha.
-Como sucede con todo político, hay un sector de la sociedad que lo apoya y otro que no. Haber formado pareja con el presidente Javier Milei, ¿te hizo pagar algún tipo de costo? ¿Qué sucedió con el público y sus reacciones?
-Te soy absolutamente honesta, no sucedió nada. Muchos me decían “fíjate, porque si te metés en política, algunos se pueden enojar”. De hecho, cuando comencé a interpretar a Cristina (Kirchner), hace muchos años ya me lo habían dicho. Me puse de novia antes que fuese presidente, lo acompañé en ese proceso donde no se sabía qué iba a pasar, con lo cual, siempre me la jugué por amor, de corazón noble y genuino. Siempre tuve en claro quién era yo. Cuando uno entiende eso y no depende emocionalmente o económicamente de otro, sea el presidente o quien fuera, la vida continúa igual. Siempre supe que la gente me elegía a mí desde hacía años, entonces no había motivo para enojos o tener que tomar partido para un lado o para el otro. Si la gente me quiso o no me quiso fue por Fátima y por lo que hice en mi carrera. Nunca pensé que pudiera haber un costo por ser la novia del presidente.
Cuando se le pregunta con insistencia si está en contacto con Milei, ella ríe enigmática. Evita, una y otra vez, contestar esa pregunta. “Preservo mis vínculos”, se excusa. “Me parece que lo apropiado no es andar contando. Me parece una tilinguería hablar, eso atrasa. Los vínculos se viven de a dos y en la intimidad, nadie tiene por qué enterarse de lo que sucede en ese ámbito. Soy así, leal y buena gente”.
Contra la corriente
-El humor ha sido un género sumamente machista en su interpretación y en sus contenidos, algo que se ha ido modificando de acuerdo a la evolución social. ¿Fueron duros tus comienzos?
-Al principio, fue difícil, era un ambiente muy machista, dominado por hombres cabeza de compañía, capocómicos, quienes manejaban y dirigían todo. Por eso, a las mujeres nos quedaba un segundo plano. Era así, otra época. Cuando irrumpí con las imitaciones, muchos me dijeron: “Las mujeres no hacen reír y están para rellenar”.
-¿Quiénes te decían eso?
-Productores y cómicos que estaban muy fuerte veinte años atrás.
-Desconocían a figuras como Niní Marshall.
-La conocían como un personaje icónico, histórico e inalcanzable.
-Entonces...
-Ante lo instalado, yo creía en mi producto. De todos modos, también comencé mostrando mi cuerpo, no me parece nada malo como un acompañamiento. Tenía 20 años y un lomo para mostrar, era el momento de hacerlo.
-No tenés 20 años, pero se te ve muy bien.
-Sigo mostrando un poquito en el show.
Más allá de las humoradas, Florez se caracteriza no solo por la imitación vocal y gestual de los personajes abordados, sino también por su destreza física en escena, siendo una espléndida bailarina. “Pierdo dos kilos por función”.
-Volvamos al pasado: códigos machistas y tu arte infrecuente para abordar ese contexto. Mostrar tu cuerpo, ¿fue una forma de concesión para permanecer?
-En realidad, en aquel tiempo, tuve que taparme para demostrar lo que hacía, porque, de lo contrario, no se entendía demasiado. No debería ser así, pero, en ese momento, tuve que hacerlo.
-Lo uno no debería obnubilar lo otro.
-Pero era así. Por suerte, en poco tiempo, los productores se dieron cuenta que Fátima cortaba tickets.
Rápidamente, la actriz y humorista -que suele referirse a ella misma en tercera persona- entendió que debía “independizarse” de los productores que la contrataban y lanzarse con sus propios espectáculos.
Fátima Florez es única, Fátima para todos, Fátima superstar, Fátima es mágica, Fátima es camaleónica, Fátima es Mundial, 100% Fátima fueron algunos de esos espectáculos donde, con autoridad ganada, su nombre formó siempre parte del título de la propuesta. Un imán.
“Decidí lanzarme sin saber qué me iba a pasar. Había trabajado en compañías con Aníbal Pachano, Gerardo Sofovich y Moria Casán, pero sentía que tenía que hacer mi propio show. Por suerte, la gente me acompañó desde el primer día”.

Desde los 19 años y hasta 2023 fue pareja de Norberto Marcos, quien estaba detrás de sus espectáculos como productor.
-En aquel contexto machista de tus comienzos, el haber estado en pareja entiendo que habrá oficiado como una suerte de barrera de contención a repudiables modos instalados de algunos productores y actores en su relación laboral y vincular con las mujeres.
-Estuve bastante protegida. El estar en pareja, casada sin anillos, pero trabajando y viviendo juntos, seguramente hizo que estuviera muy resguardada y evitó situaciones que otras mujeres desgraciadamente tuvieron que padecer. Años atrás, había modalidades muy instaladas que hoy son impensadas.
-Estabas acorazada.
-Así es, pero, más allá de eso, se sabían quiénes eran los productores que, si no pasabas por sus sábanas, tenías que olvidarte de trabajar con ellos. Estaba naturalizado. Por suerte, con la evolución de la sociedad, todo eso se fue corriendo. Gracias a Dios esa situación cambió.
-Llevar a cabo tu tarea artística implica, no sólo una destreza vocal y física, sino contar con herramientas sólidas de actuación. ¿Te ves protagonizando piezas de texto?
-Lo imagino. Hasta ahora, me siento cómoda, a gusto y feliz con lo que hago arriba del escenario, como también con mi rol de directora artística y poder elegir qué personajes quiero hacer, pero no lo descarto para nada. Me gustaría ese cambio en el corto plazo, aunque no para siempre.
-Con fecha de vencimiento.
-Me gustaría hacer una temporada de tres o seis meses de una comedia o, incluso, formando parte de una propuesta de teatro musical. Me gustaría que la gente me pudiera ver en otro rol, estoy preparada para eso, lo disfrutaría mucho.

-Siempre se habló de la rivalidad entre Martín Bossi y vos, ¿trabajarías con él?
-Sí, ¿por qué no? Sería un gol, una linda sorpresa para el público, ese show sería una locura.
Técnica
-¿Ensayás mucho frente al espejo?
-Ese es el último paso.
-¿Cuál es el primero?
-Indagar, investigar. Siempre digo que soy bastante psicóloga, me meto en la cabeza del personaje que voy a interpretar para poder entenderlo. Son meses de hacer ese trabajo, lo mismo con el color de la voz, me interesa ser detallista. De lo actoral voy a la psicología del personaje, pensando qué haría y que diría en determinada situación. A veces, veo reportajes de diversas figuras y trato de anticiparme a lo que van a contestar.
-Un buen mecanismo para decodificar su lógica de razonamiento.
-Ahí me doy cuenta si lo estoy entendiendo. Eso hace que me vaya sintiendo segura y que pueda entrar y salir del mismo sin necesidad de un guion, que es lo que la gente ve en las notas que hago. Los personajes que interpreto no dicen siempre lo mismo, siempre estoy actualizada en lo que les va pasando, eso es lo rico y lo que a la gente le copa. Tengo que leer los diarios, mirar televisión, tenerla clara en todos los temas que me tocan abordar.
-Al darle voz y cuerpo a tantas personas reales, ¿no hay cierto traspié en tu propia identidad?
-No, aunque muchos pueden pensar que eso sucede, pasa todo lo contrario. Cada mujer que interpreto se convierte, para mí, en una universidad. Cada una tiene una gran personalidad y de todas ellas tomo algo, aprendo.
Algo singular que sucede con el arte de la actriz es cuando decide interpretar personajes sin un vestuario ad hoc de por medio, algo habitual en las entrevistas que concede: “Se me transfigura la cara, me di cuenta que a la gente le gusta mucho. Tiene que ver con algo que empieza desde adentro y se expresa en la cara y en la caja de resonancia interna. No es lo mismo cómo proyecta la voz Shakira a cómo lo hace Susana Giménez. Es un trabajo corporal y psicológico”.
Fátima al poder
-Para finalizar, y luego de tu vínculo con el presidente, ¿qué fue lo que más te sorprendió del universo en el que él se mueve?
-Me aparto de lo que es el mundo de un presidente, pero sí puedo responderte en torno a la política en general.
-Hablemos de la política en general.
-Me di cuenta que el mundo de los artistas es de Carmelitas Descalzas. A veces, se habla de lo despiadado del ambiente artístico, con narcisismos, codazos y envidias, pero, cuando pude conocer el ambiente de la política, me di cuenta que el mundo del espectáculo es Disney. Es abismal la diferencia. Muchos políticos mueren por ser artistas.
-¿Sí?
-Les encantaría. Siempre digo que Cristina (Kirchner) hubiese sido una gran actriz, tiene una cosa de oratoria muy fuerte, es muy histriónica, por eso le saco el jugo arriba del escenario.
-En algún momento, ¿se ha comunicado con vos?
-Jamás, a pesar de que la imito desde hace muchos años. Vivimos en democracia y cada uno tiene la libertad de interpretar al personaje que sea, siempre que se haga con respeto. Desde ya, hay chistes que pueden resonar fuertes, pero, sin embargo, en el teatro nunca nadie dijo nada desubicado. Como a los personajes los hago con respeto, se genera una cosa de unión, de lindo clima.
-¿Seguís interpretando a Javier Milei?
-No, porque el espectáculo sufrió una rotación de personajes. Ahora interpreto a Patricia Bullrich, a quien nunca había hecho en teatro. De todos modos, que hoy no lo haga, no quiere decir que mañana no pueda estar.
-¿Harías política?
-Me lo ofrecen desde hace muchos años. Desde chica me preparé para ser actriz, porque, en la vida, todo me lo tomo con mucho compromiso. Para hacer política, además de ganas, hay que tener formación y expertise, porque es una responsabilidad enorme.
La actriz reconoce que “no está” en sus planes, pero entiende que hay algo que la atrae y que ejerce desde el anonimato. “Suelo hacer ayudar social, pero no me gusta difundir eso, las acciones buenas las ve ‘el de arriba’”.
-Siendo novia de un presidente, habrás hecho una maestría.
-Aprendí. En caso de que en un futuro lejano aparezca la oportunidad, me formaría mucho.
-No lo descartás del todo, no lo quitás de plano.
-No lo descarto del todo, pero, insisto, tendría que prepararme muchísimo. Las buenas intenciones están y eso es lo importante.
Fátima se despide y, desde ya, su última palabra se convierte en un augurio empático: “bendiciones”.
Agradecimiento: Gran Hotel Provincial
Fátima universal. De martes a domingos a las 21.30, en el Teatro Roxy, San Luis 1752, Mar del Plata
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