La modelo y fotógrafa repasa su exitosa carrera internacional y habla por primera vez de su separación de Andy Kusnetzoff, su pareja durante siete años
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Desde que tiene 16 años Florencia Fabiano (29) está linkeada al mundo de la moda. Uno de sus primeros trabajos fue para la firma internacional Christian Dior, que le abrió camino en las grandes capitales del fashion. Vivió en Francia, Japón, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos. Y fue en la soledad de esos viajes donde encontró en su cámara de fotos una fiel compañera. Los retratos empezaron a ser su principal obsesión y finalmente, en 2010, se animó a montar su primera muestra fotográfica en la galería que tiene el artista plástico Milo Lockett en Palermo. A pesar de su trayectoria como modelo, y los primeros pasos que está dando como fotógrafa, ella asegura que todavía los periodistas escriben mal su apellido. "La entrevista me la hacen a mí pero responde una tal ‘Fabiani’ o ‘Fabbiano’", dice entre risas. A fin de cuentas, el día de la producción con ¡Hola! Argentina, Florencia encuentra en esa anécdota una posible vía de escape cuando se le pregunta acerca de su separación del periodista Andy Kusnetzoff (42), con quien estuvo en pareja siete años. "Muchos del medio ni saben mi apellido, así que no soy esa persona", bromea. Y agrega: "Mi perfil es superbajo y tampoco me interesa hablar mucho del asunto. Nos separamos por una causa íntima y de los dos. Fue una decisión de común acuerdo donde nadie salió lastimado, ni hubo terceros", explica.
–¿Siguen en contacto?
–Terminamos bien. Para mí es una excelente persona que voy a atesorar para toda la vida. Uno no sabe qué va a pasar mañana, todo puede suceder. Separarme fue parte de un cambio interno. En los momentos de mucho crecimiento personal uno tiende a meterse para adentro. Pero creo que es algo que nos pasa a todos porque es un año de transformaciones.
–¿Qué te hace creer que es así? –Creo mucho en el poder y la alineación de los planetas, en las estrellas y la energía...Y este año se avecinaba como uno distinto, al cual yo le tenía mucha fe, por eso lo arranqué en Machu Picchu, el epicentro del cambio. Y, aunque tuve imprevistos, veo todo como una evolución.

–Más allá de lo inesperado, sos una mujer exitosa. Empezaste tu carrera de modelo siendo adolescente. ¿Era tu sueño?
–Todo se dio intencionalmente. Siendo chica me gustaba exponerme. Era la nena que bailaba con cualquier tema de Jugate conmigo o participaba en eventos. Convencí a mi mamá, Susana, de hacer un curso con Anamá Ferreira y a la semana los fotógrafos Gabriel Machado y José Cicala me propusieron hacer una gráfica para una peluquería. Y arranqué sin anestesia.
–¿Cuándo llegó la propuesta de Dior?
–Un año después, a los 16. Viajé con mi mamá a Europa a modo de prueba, para hacer castings. Fue algo muy natural para mí. Fui vestida con jeans y zapatillas, nada que ver a lo que después me exigían. Yo no me daba cuenta de la magnitud de lo que estaba haciendo y lo tomé como algo nuevo. Cuando volví a Argentina empecé a trabajar mucho y algunos me reconocían como "la modelo de Dior". Ahí supe que esto era lo mío y tuve que reordenar mi vida adolescente, pero todo valió la pena.
–¿Conociste gente interesante durante tu carrera?
–Me gusta cuando hay una conexión entre las personas, y con gente muy famosa siento que eso no se da. No sé conectar con ese tipo de personas. Por ahí, cuando era más chica me sentía atraída por ciertas personas, pero lo vivía desde un lado de exigencia y me di cuenta de que no es lo que me fluye.
–Con ese estilo de vida, ¿cuándo advertiste tu necesidad de cambio?
–Creo que con la fotografía todo cambió para mí. Las modelos pasamos casi ocho castings por día y es inevitable tener el ojo puesto en uno. Crecí con ese chip, pero yo sabía que había algo más, solo tenía que descubrirlo. Fue difícil encontrarlo, me preguntaba dónde, en qué amistades... Ahí me crucé con la cámara y empecé a mirar para afuera. A través de la lente, me gustaban más la naturaleza, la moda, los colores y me siento acompañada.
–¿Cuándo empezaste a sacar fotos?
–Durante los viajes. Sinceramente, fue algo muy paulatino, todo lo contrario a mi carrera. Siempre me gustó pintar, pero viajando tanto me costaba trasladar todas esas herramientas y lo empecé a dejar de hacer. Entonces arranqué con la fotografía y cuando volvía a casa me encontraba con unas fotos buenísimas. Me había comprado una cámara digital básica en Japón, con un visor chico de baja calidad. Pero disfrutaba más los viajes y se convirtió en mi aliada. Siento que me dio más coraje, ahora me animo a meterme en otros lugares, me relaciono con las personas... Fue un escudo y a su vez un canal de comunicación con todo el mundo.
–Ahora tenés un registro de tu vida en imágenes.
–En realidad, siempre lo tuve. Antes me sentaba a escribir para tener presente lo que iba viviendo porque sinceramente no tengo memoria de mis primeros dos años como modelo. Fue tanto que me olvidé. Una foto me hace revivir lo pasado.

-¿Seguís escribiendo?
–Sí, escribo momentos, situaciones y vivencias. Mi trabajo como modelo es bastante mudo y quedan anulados un montón de sentidos. Lo valoro desde el lugar del sacrificio, más cuando vivís afuera, pero yo necesito hablar, explicar, contar, decir, mostrar... Por eso saco fotos.
–Volviendo a lo personal. ¿Te gustaría ser mamá?
–Lo pienso un montón. Confío a full en el amor, tengo el mejor ejemplo de mis viejos que están juntos y tengo la idea de la familia y lo que genera formar una. Es increíble cómo uno se puede potenciar con otra persona. Quiero formar una familia y me encanta estar en pareja, pero ahora es un momento mío, para estar feliz internamente.
–¿Qué creés que es la felicidad?
–Vivir el hoy, conectar con la gente, con las miradas, eso me da felicidad. Mi lema hoy es el día a día. Me parece que es importante pensar en el otro y entender que todos estamos buscando disfrutar de buenos momentos.•
Texto: Paula Galloni
Fotos: Soledad Runio
Producción: Georgina Colzani
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