Es una apasionada de la naturaleza y dedica sus días a conservar especies en peligro de extinción. La norteamericana que eligió vivir entre Argentina y Chile recuerda a su amor y compañero de aventuras. “Éramos inseparables. Por eso sueño con terminar todo lo que habíamos proyectado juntos”
1 minuto de lectura'
El 8 de diciembre de 2015 la vida de Kristine McDivitt de Tompkins (66) cambió para siempre: Douglas Tompkins, su marido y compañero de ruta por más de veinticinco años, murió cuando un temporal tumbó su kayak en las heladas aguas del lago General Carrera, en la Patagonia chilena. “La muerte de Doug fue como una amputación para mí”, dirá ella durante la entrevista. Kris, como la llaman todos los que la conocen, cambió su California natal por el fin del mundo –vive entre sus tres casas: “Fundo Riñihue”, en el sur de Chile; “Laguna Blanca, en Entre Ríos; y “Rincón del Socorro”, en Iberá– empujada por su pasión por la naturaleza y de la mano de Douglas Tompkins, un visionario que dedicó gran parte de su vida a trabajar por la conservación ambiental. Juntos crearon The Conservation Land Trust, una organización filantrópica que recupera tierras en peligro ecológico y después las dona al Estado para que se conviertan en parques nacionales. Ya lo hicieron en Monte León: en 2003 compraron una propiedad costera en Santa Cruz de 63 mil hectáreas y después de convertir ese terreno casi desértico en el hogar para pingüinos, guanacos, zorros, lobos marinos y aves la fundación donó las tierras a Parques Nacionales. Y en el Perito Moreno: en 2013 donaron 15 mil hectáreas para ampliar el Parque Nacional. Lo que sigue es la creación del Parque Nacional El Impenetrable, en Chaco, del Parque Nacional Patagonia, en la meseta santacruceña, y del Parque Nacional Iberá, en Corrientes, que será el más grande del país, con 150 mil hectáreas.
Hacedora de estos proyectos tan ambiciosos como transformadores, Kris, una mujer de ojos claros, gestos suaves y palabras convincentes que lidera un team de más de 350 personas, recibió a ¡Hola! Argentina en “San Alonso”, una típica estancia correntina a la que se llega tras un vuelo de 15 minutos sobre los esteros, ese paisaje inconmensurable de islas flotantes, canales y pastizales. “San Alonso”, que supo ser un refugio para ella y Doug, tan especial como su gente y su cultura, ahora es también albergue para los amantes del ecoturismo más exigentes del mundo.
–Desde que murió Douglas, ¿en algún momento pensó en dejar todo?
–No, nunca. Pasé un tiempo terrible, diría que el peor de mi vida. Nosotros éramos inseparables. Compartíamos nuestro trabajo además de nuestra vida privada, pero pienso seguir adelante con todo lo que teníamos proyectado.

–¿En qué o quiénes encuentra contención?
–En el trabajo. Yo soy muy trabajadora, me voy a morir trabajando. Cuando él murió, mucha gente me preguntaba: “Y ahora, ¿volvés a Estados Unidos?”. Y yo contestaba: “¿Qué? No, de ninguna manera”. Con mi equipo tenemos muchas metas y vamos a cumplirlas. Y si no estoy demasiado vieja, vamos a seguir más allá de lo que Doug y yo planeamos juntos.
–¿Le resulta difícil acostumbrarse a la soledad?
–No me siento sola. Tengo una familia de amigos y mi equipo de trabajo es también una gran familia. Tanto en Argentina como en Chile estoy rodeada de gente que me acompaña mucho y magnifica cada logro.
–A la hora de tomar decisiones importantes, ¿piensa en qué haría él?
–Sí, siempre. Él era el visionario y yo la que ponía a andar la maquinaria para que las cosas pasen. Así fue siempre entre nosotros. Acá, por ejemplo, Doug fue el primero en reconocer que la cuenca de Iberá es una mina de vida silvestre que merece ser conservada. Algo que después vieron muchos. Y yo puse y pongo todo mi esfuerzo para concretar el sueño de hacer de Iberá un Parque Nacional. Y por supuesto que en muchos momentos pienso: “Ok, Doug, ¿qué hacemos con esto?”. Y después me decido.
–Uno de los objetivos más ambiciosos del proyecto Iberá es el de reintroducir el yaguareté en la zona. ¿Esto tiene un significado especial para usted?
–El proyecto de los jaguares era muy especial para Doug y lo sigue siendo para mí. Lograr recuperar una especie como esta tiene mucha más importancia que los parques en sí mismos. Porque trabajar para la conservación de especies amenazadas me hace feliz. Es una forma de devolverle a la naturaleza todo lo que nos ha dado.
–¿Por qué es tan importante el status de “Parque Nacional”?
–Es muy importante en términos de biodiversidad, porque un Parque Nacional tiene más y mejor protección de los Estados que una reserva
.–Después de tantos años dedicados a la conservación, ¿qué piensa cuando mira para atrás? ¿Valió la pena?
–En los últimos años nuestro concepto de conservación cambió 180 grados. Antes pensábamos sólo en la tierra, en el número de hectáreas a conservar, y no focalizábamos mucho en la vida silvestre. Pero cuando llegamos a Iberá nos dimos cuenta de que esa es la clave, que recuperar las especies emblemáticas del lugar era vital, y empezamos a ver cómo hacíamos para reintroducirlas. Ahora yo no puedo ver un paisaje sin pensar qué falta, qué debería estar que no está. La belleza es importante, pero para mí, lo decisivo es el paisaje, y para que sea realmente bello y perfecto tiene que tener todas sus especies. Cuando uno hace ese clic empieza a mirar la naturaleza de otra manera. Así que claro que valió la pena. Yo quiero vivir así, cuidando lo que amo, los paisajes y los animales, y planeo seguir haciéndolo hasta el último día de mi vida.
- Texto: Gabriela Grosso
- Fotos: Tadeo Jones
- 1
Penélope Cruz: de la “experiencia increíble” que vivió con su último film a su deseo de venir a la Argentina
2Trabajó en Friends y en Beverly Hills 90210 y es hija de dos íconos de Hollywood: así está hoy Jennifer Grant
- 3
La postura de Zaira Nara luego de que Paula Chaves expusiera sus chats: “El tema no da para más”
- 4
Luciano Castro habló de su ruptura con Griselda Siciliani y de su internación: “No pude enfocarme en el amor de mi vida”




