La ex estrella del hockey, Magdalena Aicega y su nueva pasion: la equitacion

La excapitana del mítico equipo de las Leonas se prepara para competir a nivel profesional
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25 de junio de 2014  • 13:16

Aicega y su nueva pasión,  la equitacion
Aicega y su nueva pasión, la equitacion Crédito: Patricio Cabral

Se retiró del hockey profesional en septiembre de 2008, después de los Juegos Olímpicos de Pekín, pero la vida de Magdalena Aicega (40), una de las leonas más afamadas de esa primera camada de mujeres que hizo popular el deporte en el país, no terminó allí: dos años antes había sentado las bases para un nuevo proyecto, que comenzó con su casamiento, en 2006, con el rugbier Mariano Lorenzetti (36), y, tras el retiro profesional, siguió con la llegada de Rocco (5) y de Indiana (3). De esta manera, Magui terminaba de darle forma a un sueño que el deporte de alto rendimiento le había exigido posponer: el de la propia familia.

Seis años después del retiro, su vida continúa cargada de actividades, obligaciones y una nueva pasión: el salto ecuestre. De lunes a viernes, de 9 a 12, es columnista en BB va de 10, el programa de radio de Bebe Contepomi, da charlas motivacionales, sigue jugando al hockey –de manera amateur– en Belgrano Athletic, su club de toda la vida, y da sus primeros pasos en competencias de salto, algo que juró que iba a probar en cuanto dejase el hockey.

–A todo lo que hacés, hay que sumar la crianza de dos chicos, ¡tu agenda está completísima!

–Es que me levanto muy temprano y me gusta aprovechar el día. Si bien compito, saltar es puro disfrute para mí.

–¿En qué momento del día lo hacés?

–Todos los mediodías, mientras Rocco está en el colegio e Indiana duerme la siesta.

–Además entrenás porque seguís jugando al hockey, ¿verdad?

–Sí, tres veces por semana, después de bañar y darles de comer a los chicos. Los sábados tengo partido y los domingos, si no quedo muy cansada, compito, pero el salto es un hobby.

–¿El cuerpo te pide tanta actividad física?

–Y… sí. Fue una vida entera de entrenamiento, no puedo estar mucho tiempo quieta y es una buena descarga. Ir al gimnasio o salir a correr porque sí no me copa para nada.

–¿De dónde nace esta nueva pasión?

–Los animales me apasionan desde siempre, me llenan el corazón. Tengo seis perros en casa [Homero, un labrador, Lomu, un rottweiler y cuatro mestizos: La Negra, La Negrita, La Rubia y Tanita], son compañeros y leales. En cuanto a los caballos, papá es de Balcarce, así que de chica íbamos al campo y ahí arrancó. Además, entre los 7 y los 8 hice equitación acá. Iba a La Cautiva, un lugar que no existe más, y montá que dejar cuando mamá se enteró de que andábamos por la avenida. "Si se te llega a desbocar un caballo en el asfalto ¡te matás!", me acuerdo que me dijo.

–¿Cuándo empezaste a saltar?

–A fines de 2012. "Pipi", una chica que cuidaba a mis chicos, me contó que hacía Endurance [una disciplina de resistencia, a caballo] cerca de donde vivimos [en el club Hindú]. Fui con ella y me enganché.

–A diferencia del hockey, que es en equipo, el salto es una actividad individual.

–No creas. Tu co-equiper, es un caballo.

–¿Cómo surgió la idea de competir?

–A mediados del año pasado se lo propuse a mi entrenadora. ¡No tenía sentido entrenar sin medirme en torneos! Fue como un curso acelerado. Está bueno entrenar para ver cómo te va después.

–¿Es lo que te queda de la leona?

–Puede ser, ¡competí toda la vida! Si ahora me enganchara con el golf, por ejemplo, jugaría un partido para ver cómo me va.

–¿Cómo describirías el vínculo con el animal?

–Vas conociéndolo, aprendés a "leer" cómo está ese día para saltar. Igual, los profesionales agarran cualquier caballo y lo manejan de taquito.

Aquí, Magdalena junto con sus hijos
Aquí, Magdalena junto con sus hijos Crédito: Patricio Cabral

–¿Y a tus chicos les gustan?

–Les encanta acompañarme al Hípico Don Torcuato, que es donde entreno. Me llena de felicidad compartir mi amor por los caballos con ellos. Disfrutan de estar en contacto con la naturaleza, algo que para el "Gallego" [su marido] y para mí siempre fue muy importante. Por suerte, ninguno de los dos tiene miedo: Rocco anda solo y es divino verlo, Indiana todavía es muy chiquita.

–¿Buscaron darles una vida al aire libre a sus hijos?

–Sí. Yo, en particular, me vine a vivir acá porque amo el verde y me coparía un día vivir en el campo.

–¿Te gustaría que tus hijos fueran deportistas?

–No pretendo que sean "el puma" ni "la leona", solo los llevamos por los lugares en los que mi marido y yo fuimos felices. El día de mañana, que ellos hagan lo que quieran.•

Texto: María Güiraldes

Fotos: Patricio Cabral

Producción: Natalia Zubeldía

Maquillaje y peinado: Daiana Saucedo

Agradecimientos: La Martina, Rapsodia, Lacoste, CHER, Cheeky, Mimo, Broer y Paruolo

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