
Abuso
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Julio Iglesias, de 82 años, fue acusado de abusos sexuales y agresiones físicas por parte de dos exempleadas de sus mansiones en Bahamas y República Dominicana. Los hechos relatados ocurrieron en 2021, y en las últimas horas, la justicia española admitió la denuncia formal de dos mujeres, una del servicio doméstico y otra fisioterapeuta, quienes describieron haber sufrido “delitos contra la libertad e integridad sexual, como acoso sexual” y “trata de personas con fines de trabajo forzado y servidumbre”. Esas denuncias se suman a la de Vaitiare Hirshon, actriz y modelo tahitiana que también acusó al cantante español de agresiones sexuales reiteradas, tocamientos no consentidos y situaciones prolongadas de control y humillaciones.
En nuestro país Julio Iglesias tuvo amoríos con Mónica Gonzaga y con Marixa Balli, y también tuvo un vínculo cercano con las Trillizas de Oro María Laura, María Emilia y María Eugenia, quienes durante años fueron sus coristas y lo acompañaron en giras por todo el mundo. LA NACION habló con ellas para saber su opinión sobre estas fuertes denuncias que lo tienen como protagonista. “Mientras trabajábamos con Julio nunca vivimos nada de lo que se está diciendo de él en estos días. Por eso no queremos hacer ningún comentario sobre el tema”, coincidieron las tres.

Las Trillizas de Oro conocieron a Julio Iglesias cuando todavía no habían cumplido los 18 años. El español quedó prendado de ellas y enseguida se comunicó para que fueran sus coristas. Dice la leyenda que el astro español tenía un amor platónico por ellas. Hace algún tiempo María Laura le contó a LA NACION: “Tenemos muy lindos recuerdos profesionales y personales. Teníamos 17 años cuando Julio vio nuestra foto en una revista. Era una imagen de la película El tío disparate, que hicimos con Carlitos Balá y con dirección de Palito Ortega. Julio se contactó a través de Juan Alberto Mateyko y cuando nos llegó la propuesta de trabajar con él estábamos todos nerviosos porque era un cambio radical: una cosa es participar en un disco y otra hacer galas en España, que eran giras de año y medio. Pero lo pasamos muy bien, siempre fue muy respetuoso. He leído en un libro que escribió el representante, Alfredo Fraile, que decía que fui su amor platónico (risas), pero la verdad es que siempre se portó muy bien. Un gran profesional y para nosotras fue un gran salto internacional porque empezamos a trabajar en Europa”.

Si alguna vez hubo amor, fue platónico. “Teníamos 17 años y él 36. Claro que su figura profesional era avasallante. Después ya empezamos a trabajar y nos veíamos todos los días. Siempre mis hermanas, María Eugenia y María Emilia, bromean y dicen que él tenía preferencias, que yo viajaba con él en primera. Y si íbamos a comer se sentaba al lado mío... Algo de eso escribió Fraile en su libro, pero no lo dice Julio. Yo me enamoré de mi marido (el entonces polista Ernesto Trotz), y cuando me preguntan si pasó algo con Julio, digo que mis tres hijos y mis nueve nietos son de él (risas)”. Y aclara: “Cuando nos fuimos de España, nosotras viajamos a la Argentina y él a los Estados Unidos, y tomamos caminos muy diferentes, nosotras nos casamos y tuvimos hijos. Pero estamos en contacto y fue él quien se comunicó después de una nota que hicimos hace unos años, en la que justamente hablábamos de esos años con Julio. En ese momento nos invitó a su casa y fuimos. Nos quedan muchos lindos recuerdos de Julio”.

Además, en una nota en el programa A la Barbarossa, por Telefe, las Trillizas aseguraron que Julio Iglesias fue el único que jamás las confundía. “Nos reconoció de entrada. Nosotras hicimos la primera gala en Mérida, Venezuela y cuando lo conocimos nos sacó a la perfección, y nunca nos confundió. Increíble (risas). Cuando su representante publicó un libro, en uno de los capítulos habló del enamoramiento de Julio con una de nosotras. Lo más gracioso es que cuando yo leí esa parte dije: ‘a la miércoles…’. Yo tenía 17 años, nunca pasó nada. Había 20 años de diferencia y era medio imposible que nos fijáramos en él, salvo que fuera el ídolo de toda tu vida; que no era nuestro caso. ¿Qué iba a pasar si viajábamos con mamá, papá, nuestro representante y algunas veces hasta con la abuela?”, dijo María Laura entre risas. “Una vez nos dijo que de todas las mujeres que conoció fuimos las únicas que hablamos bien de él”.




