Muni Seligmann habla del accidente doméstico de su hijo de 10 meses: “Se me heló el cuerpo”
En esta entrevista con LA NACION, la actriz contó cómo vivió lo sucedido, el amigo famoso que la asistió con su hija mayor y los cuidados que deben tener los próximos meses con el bebé
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Muni Seligmann habla tranquila, con pausa, detalla todo lo vivido un mes atrás, cuando su hijo tuvo un accidente doméstico que derivó en una fractura de cráneo. Resalta su capacidad de reacción positiva ante la adversidad, el no bloquearse. Aunque, admite, se le heló el cuerpo en aquel momento. Hoy, cinco semanas después, asegura que todavía mira a su hijo y lagrimea. De emoción y agradecimiento, porque él está bien, pero también con el miedo de lo que pudo haber sido.

“Y la culpa con la que cargamos las madres”, dice la animadora infantil en esta entrevista con LA NACION en la que repasa lo que sucedió la segunda semana de febrero cuando su bebé se cayó del cambiador de la cuna, la polémica que se generó por un viaje de ella con amigas posterior al accidente, por qué decidió contar lo que sucedió y qué amigo famoso que la asistió en ese entonces: “Somos familia”.
—¿Cómo fue el accidente doméstico de Vicente?
—Fue la segunda semana de febrero, estábamos disfrutando de un día en mi casa con familia y también estaba mi amigo Diego Topa, que para nosotros es familia también. De hecho mi hija mayor (Carmela, de casi cinco años) dice que él es su tío, y Mitaí (la hija del animador infantil, de seis años) es su prima. Yo estaba con Diego dándole de comer a las chicas, había un familiar que estaba con Vicente en el cuarto cuando se cayó del cambiador. También estaban haciendo unos arreglos de unas luces en esa habitación. Entonces, escuché el estruendo, se me heló el cuerpo y salí corriendo. Escuché el llanto, que fue un buen indicio porque no se desmayó. Muchas veces el llanto te paraliza, y yo tengo una forma de accionar en momentos de crisis o situaciones extremas y que soy una persona que pone play. Todo lo contrario a paralizarme en el momento, me baja todo después, una vez que ya pasó.
—¿Qué pasó cuando llegaste al cuarto?
—Pregunté cómo fue, qué había pasado, pero las personas que estaban ahí se bloquearon, se asustaron. No estaban seguros de lo que había pasado. Todo pasó muy rápido. Vicente no paraba de llorar, le di la teta y lo calmé. Le toqué la cabeza y no tenía nada, pero a los 15 minutos le apareció un chichón en el costado. Hablé con su pediatra y nos fuimos a un hospital cerca de mi casa en donde ella estaba de guardia. Le hicieron una radiografía, se veía algo, pero no del todo, y nos dijeron que lo mejor era hacerle una tomografía, y había que hacerla a las seis horas de la caída.

—¿Cómo fueron esas horas de espera?
—Bastante largas, difíciles de sostener. La dinámica de haber salido corriendo con mi marido y mi bebé... en casa había familiares, amigos, y había quedado mi hija Carmela.
—¿Carmela entendió lo que estaba pasando?
—Lo entendió y después se lo explicamos de vuelta. Entendió que se había caído y se había lastimado. Además, nosotros siempre les marcamos que tengan cuidado, que se pueden lastimar.
—¿Y con quién se quedó cuando ustedes se fueron al hospital?
—Le dije a Diego (Topa) que me iba, él se quedó, me ordenó toda la casa y se llevó a Carmela a la suya. “Vos despreocupate, hacé tranquila lo que necesites”, me dijo. Cuando la llamé estaba chocha, para ella era una pijamada con su prima. Incluso Diego le preguntó si quería hablar conmigo y le dijo que no porque estaba entretenida. Se quedó a dormir ahí porque a todo esto ya se había hecho de noche, era tarde.
—¿Mientras tanto, ustedes cómo seguían en el hospital?
—Con la cabeza y el corazón divididos de haber tenido que dejar a Carmela. Y se nos hizo eterna la espera para la tomografía. Estábamos en la sala de espera y apareció una señora que estaba con su hija también esperando para hacerle un estudio. Me vio angustiada porque es un estudio incómodo: él tiene que estar dormido. Entonces, lo duermen ellos o lo dormís vos, y lo meten en el tubo del tomógrafo. Es chiquito para ese tipo de estudios. Yo estaba angustiada y la señora me vio así y me dio una virgencita y me dijo: “Por lo que sea que estés pasando, esta virgen te va a acompañar y va a estar todo bien”. Yo lo tomé como una señal de “no estoy sola”. Por la señora, por la virgen.
!["Estábamos en la sala de espera [en el hospital] y apareció una señora que estaba con su hija también esperando para hacerle un estudio. Me vio angustiada y me dio una virgencita. "Yo lo tomé como una señal de 'no estoy sola´. Por la señora, por la virgen", expresó Muni](https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/estabamos-en-la-sala-de-espera-en-el-hospital-y-MKQKQHXQNFABVMMTZPIPJNQMEM.jpg?auth=9af3161f9e90c1b8c6e68fc5cd6ac209e7a17310d500cec7a5a0d3785e720655&width=420&height=280&quality=70&smart=true)
—¿Qué pasaba por tu cabeza en ese momento?
—Yo no pienso en lo que puede pasar. Estoy en plan positivo y bloqueo los miedos. “Esto no va a ser nada”, pensaba. Logré dormirlo, se había dormido en la teta. Y cuando lo acosté en el tubo, hizo mitad del estudio dormido y la otra mitad se despertó y la hizo llorando.
—¿Cómo siguió todo después de que les dieron el diagnóstico?
—Nos dijeron que tenía una fractura de cráneo. Era larga, bastante larga. Y no tenía desplazamiento, lo cual es bueno porque no había que reacomodar, pero tenía que quedarse en observación y el lugar en el que estábamos no tenía internación. La médica que nos informó todo esto marcó un nivel importante de urgencia, cuando era observación, no internación. Entonces, mi marido se bloqueó y se largó a llorar. Yo agarré el teléfono, hablé con su pediatra de cabecera y me tranquilizó: “En el 99,9 por ciento de los casos no pasa nada. Hay un 1 por ciento y es lo que están revisando”. Nos pidieron una ambulancia para hacer el traslado, lo que hacía que la escena fuera más dramática. Además de la culpa que te da estar en un lugar así porque te da la sensación de que no estás cuidando a tu hijo. Siento que las mujeres siempre cargamos con eso. Por más que no me haya pasado a mí, es mi cachorro. Lo estoy exponiendo a esto. Te sentís responsable y sentís culpa.
—A esa culpa, se le suman los comentarios del afuera, en las redes sociales por ejemplo.
—Por el contenido que hago, no soy una persona que reciba hate (comentarios agresivos), y cuando conté todo lo que sucedió intenté no leer nada, pero te llegan de rebote.
—Se habló de la foto en la ambulancia, de un viaje que hiciste después...
—La foto en la ambulancia me la saqué para mandársela a mi marido y que sepa que estaba todo bien. Él iba atrás con el auto. Nos ofrecieron subir los tres a la ambulancia, pero yo quería que tuviéramos nuestra movilidad porque no dejaba de pensar en Carmela también. En el trayecto, mi marido me preguntó cómo estábamos y le respondí con esa foto.
—¿Cómo siguió esa noche, ya en la Fundación Hospitalaria?
—Cuando llegamos era tarde, de noche. Nos atendieron unas médicas espectaculares y lo siguieron de cerca a Vicente. Para nosotros era algo que queríamos que terminara ya, que fuera una anécdota. Fueron tres noches. Carmela esa primera noche se quedó con Diego y yo al día siguiente ya quería que volviera a casa, que estuviera con sus cosas. Y también quería que fuera a visitar a su hermano. Le dije a mi marido que no nos viera rotos como estábamos, que pusiéramos todo lo mejor de nosotros para que vea lo más lindo, y que no se asustara, pero que queríamos explicarle lo que estaba pasando.
El esperado reencuentro de los hermanitos
—¿Cómo fue ese reencuentro?
—No me voy a olvidar más la cara de Vicente cuando la vio a Carmela entrar por esa puerta. Realmente estaba su familia ahí. La vio entrar a su hermana, que es su persona favorita en el mundo. Obvio que nos largamos a llorar con mi marido. Esos días tuvimos mucho miedo.

—¿Cómo fueron los siguientes días de internación?
—Le hicieron un montón de estudios más. Acondicionamos su cuna. Estuvo en observación, bajo el ojo de la neurocirujana.
—¿Cómo fue el regreso a casa?
—El mismo día del alta, mi marido tenía un viaje de trabajo. Me dijo: “No me voy, no se discute”. En el momento que nos dieron el alta nos dijeron que estaba todo bien y que sigamos con los controles, y para Nicolás era un viaje muy importante, era una junta. Entonces, decidimos que se fuera y yo me quedé acompañada por mi mamá, que no vive en Buenos Aires, y se instaló 10 días en mi casa. Hoy nos arrepentimos de esa decisión. A mí me bajó todo después: llegué a mi casa y estuve cuatro días llorando sin parar. Y a él le pasó lo mismo a la distancia, pero en ese momento tomamos la decisión como podíamos. Por suerte estuvo mi mamá, que me recontra ayudó.
—¿Tuvieron que acondicionar o hacer algún cambio en la casa por Vicente?
—La neurocirujana nos sugirió acondicionar una habitación, pero no tengo una habitación de más. Así que acondicioné el living. Puse un corralito gigante para que él tenga espacio y pueda moverse ahí adentro. Le puse piso de goma, antigolpes. Y, además, él usa un casquito. Probamos tres hasta que encontramos uno que le resultara. No fue indicación médica, pero ella nos dijo que si nosotros nos sentíamos más tranquilos, que lo use. Y así fue. Lo que sí nos dijo es que no puede tener más golpes.
—¿Y ahora cómo sigue? ¿Qué pasa luego?
—Tenemos que repetir la tomografía dentro de unos meses. También se hizo un fondo de ojos. Y la fractura se le va a soldar dentro de unos meses. Vicente tiene 10 meses y está en una etapa en la que explora todo. Estuvimos 10 días con el corazón en la boca hasta que logramos acondicionar la casa. Le daba de comer a upa y no quería bajarlo. Ahora, nos relajamos todos los días un poquito.
—Además del living reacondicionado, ¿cambió algo en la logística familiar?
—La familia se acomoda y yo siento culpa por mi hija más grande. Porque de pronto estoy más pendiente de Vicente. Si me quedo sola con los dos, tenemos que jugar adentro del corralito.

—¿Cómo se maneja esa culpa?
—Entiendo racionalmente que es lo que toca, que no pasa nada, que son herramientas, pero te da cosa porque le afecta a toda la familia. A Carme le afecta la disponibilidad de las manos de sus padres. Ella es súper cuidadora con Vicente. Todo el tiempo está atenta a que no se golpee. Quedó paranoica igual que nosotros. Y ahí vuelve la culpa mía para todos lados.
“La vida sigue”
—También se generó confusión y se armó una polémica por un viaje tuyo a Miami con amigas después del accidente de Vicente.
—Sí, era un viaje que tenía planeado hace un montón. Eran cinco días con mis amigas. Mi primer viaje sola después de la maternidad. Ya había pasado tiempo del accidente. Al principio dije “no voy a ir”. pero cuando lo hablé con la neurocirujana me dijo que no pasaba nada, que Vicente se quedaba con el padre, que había otras personas a cargo y que no había ninguna razón para no hacer el viaje. “La vida sigue normal con las pautas de seguridad. No es que están pasando por una situación extrema”, nos aclaró. Mi marido me recontra empujó a que me vaya. Y a mí me costó un montón, pero me hizo muy bien. El 80 por ciento de las mujeres que son madres me dijeron que está perfecto que me haya ido.
—¿Y qué pasó cuando te encontraste con críticas en las redes? Porque además, pudiendo no hacerlo, ya que la noticia no había trascendido, vos misma elegiste contar lo que le había pasado a Vicente.
—Yo soy una persona que se dedica al mundo infantil, que fue creado a partir de mi maternidad. Es un producto que está cuidado y es acorde al desarrollo de cada una de las etapas de las infancias. Lo creé como madre. En las redes sociales me comunico con chicos que se criaron con Topa y Muni, que hoy son grandes, tienen 18 años. Yo sentía que no era honesta si no lo contaba. Eso es parte, nos pasa a las madres. Y recibí una catarata de mensajes diciendo que nos pasa a todas. Las mujeres hoy cargamos con muchos frentes. Todavía seguimos con esto de la carrera o la maternidad. O sos buena madre y no tenés una carrera, o tenés una carrera y automáticamente sos mala madre. Conté el accidente para mostrar que soy madre, trabajo y nos pasa a todos. También pasa que está todo más expuesto y eso permite que haya más opinión.
—¿Fue una decisión familiar contar lo que había sucedido?
—Le dije a mi marido: “Yo siento que tengo que comunicarlo y no voy a mirar los comentarios porque sé que me pueden dañar”. Él después vino a decirme que había leído algo. “Están diciendo…” y le dije que no leyera tampoco.
—¿Cómo están como familia?
—Más tranquilos, después de tanta cosa. El viernes nos vamos de vacaciones. Le preguntamos a la neurocirujana si Vicente podía subirse a un avión y nos dijo que sí, sin problemas. Siento que necesitamos estas vacaciones. Venimos de una seguidilla importante.
—¿Y tienen que tener algún cuidado en particular?
—Los cuidados son los mismos que en casa. Básicamente que no se golpee la cabeza. Es la premisa, y lo más importante. Yo le pongo el casco todo el tiempo, excepto cuando duerme o cuando toma teta.
—¿Se lo deja?
—Le da calor, le molesta. Probamos con algunos hasta que encontramos uno que le va bien y se lo deja. Es uno bien blandito, no necesita uno duro porque eso le puede modificar la forma de su cabeza.
—A partir de lo que sucedió con Vicente, ¿te replanteste poner en pausa tus proyectos profesionales?
—Me pasa lo que les pasa a todas las madres que laburan. Me apasiona lo que hago, pero cuando la casa llama, todo pasa a otro lugar. Entonces, corrí un par de cositas. Esto te saca un poco de tu carril, pero me puso en el que tiene que ser. Hoy toca esto, acá hay que poner la energía. Venía muy embalada y muy bien, venía de hacer un show re lindo en Mar del Plata, con proyectos por delante. Pero hubo que frenar.

—¿Y cómo vas a seguir?
—Ahora estoy retomando, estoy muy contenta con mi canal de YouTube, que está creciendo en suscriptores. Hago un producto en el que yo creo porque es sano y confío en que tiene que funcionar. Ahora está empezando a despegar.
—También lanzaste canciones en inglés.
—Sí, estoy chocha con eso. Hago los clásicos bilingües y estoy viendo de hacer presentaciones en vivo. El vivo, el encontrarme con la gente, me llena de vida. Vivimos en un mundo en el que las pantallas existen y hay que hacer uso responsable, enseñarle a los chicos. Así como también digo que no tiene que haber pantallas de 0 a 2 años, aunque eso atente contra mi trabajo.
—¿Cómo vive tu marido todo esto?
—Mi marido me sigue bastante y desde el día cero entendió en dónde me muevo. Como te decía antes, no soy una persona que recibe mucho hate. Hago un producto bastante noble, pero sí le impactó cuando le dije que no quería escuchar ni leer nada después de contar lo de Vicente. Y él apareció diciendo: “Me quiero morir, están diciendo esto...”. Y yo: “Te dije que no leas nada”. “Tenés razón, ya está”, me respondió. Y ahí quedó. Nosotros todavía miramos a Vicente y llorisqueamos. Cuando estuvimos internados vimos cosas muy duras a nuestro alrededor, con otros padres acompañando a chicos. Sabíamos que teníamos que salir de ahí agradecidos.
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