Susana Roccasalvo: quién le enseñó a cocinar, qué piensa de Wanda Nara y su relación con los jurados de MasterChef
La periodista cuenta por qué al principio le dijo que no a MasterChef Celebrity y reveló a LA NACION por qué ya no hace chimentos
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Hace muchos años que Susana Roccasalvo no cocina, desde que vive sola. Por eso el primer impulso fue decir que no cuando la llamaron de MasterChef celebrity, el reality de Telefe que ya está en las últimas instancias y con un muy buen promedio de rating que, a veces, supera los 13 puntos. Sin embargo, sus compañeros de Implacables (elnueve), que los fines de semana conduce la periodista, insistieron para que aceptara. Hizo bien porque estuvo en 89 de 100 programas y quedó eliminada ayer, por culpa de un complicado plato de comida coreana.
En diálogo con LA NACION, Roccasalvo contó que de joven cocinó muchísimo y que aprendió de los libros de recetas de Choly Berretega, explicó por qué Damián Betular, Donato de Santis y Germán Martitegui forman parte de momentos de su vida y aseguró que Wanda Nara la sorprendió. Además, reveló por qué hace seis años dejó de hacer chimentos en su programa.
—¿Qué pensaste cuando te llamaron de MasterChef?
—Nunca me imaginé entrar a MasterChef. Primero, porque no creí que pensaran en mí, y segundo, porque tengo una buena relación con la cocina, pero la vida me llevó por otros lugares; no tengo tiempo, mi hija se fue a vivir sola y después pasó lo que pasó con mi marido [murió en el 2016]. No había ningún motivo para cocinarle a nadie y fui dejando de hacerlo.
—¿Te da fiaca cocinar para vos sola todos los días?
—Soy muy organizada y tengo comida en el freezer, algo que compré o para calentar. Entonces no elaboro. Una cosa es cocinar elaborando y otra cosa es calentar. Por ahí pongo una presa de pollo en la freidora de aire o al horno, pero eso no es cocinar. La verdad es que hace muchos años que no cocino. Muchísimos... Y vale por todos los años que sí lo hice y que me sirvieron de base ahora. Por eso me sorprendí cuando me convocaron.
—¿Dónde estabas cuando te convocaron?
—Estaba de vacaciones cuando me sonó el celular y Fede Levrino me dejó un mensaje de voz. Lo primero que pensé es que algo habían dicho en mi programa [risas]. Pero no, era la convocatoria. En principio le dije que no y le di las explicaciones. Hago mi programa los fines de semana, pero en la semana también vengo al canal para hacer la producción. Y pensé que no iba a poder con todo. Cuando volví de mis vacaciones, lo conté como una anécdota y mi hija y toda mi producción me dijeron que tenía que aceptar. Y acepté.
—¿Y tuviste que hablar con las autoridades de elnueve y pedir permiso para ir a otro canal?
—Sí. Hablé con Diego Toni, que lo primero que me dijo es: “Pero andá mujer, ¿qué problema te hace eso?”. El canal me dio todo su respaldo.
—Y hasta les diste una idea porque vas a hacer un ciclo de cocina y espectáculos en la semana, ¿es así?
—La propuesta está hecha, pero está todo muy verde. Me voy unos días de vacaciones en marzo y quedamos en hablar cuando vuelva. Soy personal estable del canal y sigo con Implacables, mientras venda publicidad y le vaya bien. Estoy en elnueve hace 13 años y hace 12 que salimos al aire los fines de semana. Y me alejé del chimento en 2020.
—¿Por qué decidiste no hacer más chimentos y centrarte en el espectáculo?
—Fue una decisión personal. Durante la pandemia salí seis meses desde mi casa. No me ausenté en ningún momento, monté un estudio en mi living y desde ahí salí al aire. Cuando ya estábamos llegando a septiembre, vi que el canal competidor salía con toda una programación nueva, entonces llamé a Diego Tony y le dije que no quería hacer más chimentos porque en pandemia no había y que quería volver presencial. Le propuse ir con mi escribano y hacer un documento que dijera que yo me hacía responsable de mi salud. Y así fue. Ya no hago chimentos porque hay mucha información de espectáculos que al público le interesa, entrevistas, cobertura de eventos. Era un nicho que estaba desaprovechado y yo lo aproveché. No me equivoqué porque llevamos casi seis años.
—¿Y extrañás el chimento?
—No, para nada. Por años buscaba y buscaba y chequeaba, por supuesto. Hoy las cosas cambiaron. No reniego del chimento porque llegué hasta acá gracias a eso, pero es algo que solté.
—¿Y ahora qué hacés cuando te llega un chimento?
—No me llegan tantos ahora. Antes, cuando hacíamos Rumores con Carlos Monti, me llamaban y me contaban. Nos caía información de todos lados porque a la gente le gusta subirse a la ola del programa exitoso. Y el argentino es muy cholulo. Hoy hago otra cosa.
“Era muy difícil”
—Volviendo a MasterChef, ¿cómo te sentiste en la cocina?
—Mi relación con la cocina siempre fue muy buena. Cuando mi hija Belén era chiquita, yo era estudiante y su papá también, y la situación no daba para salir a comer afuera seguido. Entonces yo cocinaba mucho, y los sábados y domingos venían matrimonios amigos que estaban en las mismas condiciones que nosotros, y cocinaba y hacía muchas tortas. Soy de la época de Utilísima y aprendí a cocinar con los libros de Choly Berreteaga. Ahora, cuando tenía un ratito, volvía a esos libros para ver si podía sacar una receta porque, lamentablemente, no pude tomar una sola clase de cocina. Si hubiera tenido tiempo, lo hubiese hecho y quizá podía estar en la semifinal.
—¿Qué cosas aprendiste?
—Aprendí un montón, sobre todo de especias porque conocía las básicas. Tengo un paladar muy mediterráneo, muy italiano, muy español, y no me gusta la comida peruana, ni el sushi que lleva condimentos especiales. En mi vida había escuchado la palabra jalapeño [risas]. Jamás me imaginé hacer un chorizo al aire y menos una comida coreana que fue la que me dejó afuera del programa. Era muy difícil, pero estuve en 89 programas de 100. Bastante bien. Por otra parte, muchas veces amasé en mi vida, pero no pasta, sino tapas de masa, de empanadas. Y ahora aprendí a usar la Pastalinda. Varias veces tuve medallas doradas, como cuando vino Sebastián Yatra e hicimos comida colombiana. Fue una experiencia maravillosa y bendigo el momento en que me le crucé en la cabeza a Fede Levrino. Agradezco la oportunidad que me dio él y a elnueve que me apoyó. Soy una persona muy responsable con mi trabajo, y era la primera en llegar a las grabaciones. Me acuerdo que un día me demoré media hora por un tema en el banco y me llamaron de la producción para saber qué me había pasado. Soy de otra televisión.
“Yo no cocino más”
—¿Volvieron las ganas de cocinar ahora?
—Me picó un poquito el bichito. Mis amigas me dicen que tengo que invitarlas y cocinar algo rico. Y yo les respondo que voy a invitarlas al restaurante que elijan, pero yo no cocino más [risas]. Alguna comidita para un par de amigas seguro voy a hacer porque me llevé muchas recetas. Pero no más.
—¿Cómo te llevaste con los jurados y con tus compañeros?
—Con respecto a mis compañeros, conocía al 80% para no decir al 90%. A Ian Lucas lo conocí unos días antes de MasterChef porque coincidimos en el programa de Mario Pergolini y cuando me vio me abrazó porque prácticamente yo era la única persona que él conocía. A la Reini no la conocía personalmente ni a la Joaqui. Y a muchos los vi crecer en la tele, como al Chino Leunis, Cachete Sierra, Emilia Attias... Hace 36 años que estoy en televisión. Y con Miguel Ángel Rodríguez diría que nacimos juntos en la televisión porque cuando entré a América como periodista, él estaba ahí tirando cables, detrás de escena. Y los jurados los hice llorar en mi despedida.

—¿Cómo fue tu despedida?
—Fue muy emotivo todo y muy movilizador para mí. Lo cuento y me emociono. Martitegui es un tipo muy tierno que tiene puesta una coraza de timidez, pero es muy cálido. Betular es muy tierno y con el Tano tenía un poquito más de confianza y nos une la pasión por Italia. Los tres formaron parte de mi vida y se los conté el día que me despedí. Un día fui a comer a Tegui con mis amigos Liliana Parodi y Ulises, y me enamoré del lugar y de la comida. Meses después me puse de novia con Charlie, mi último marido; lo invité a ese lugar y se volvió loco porque es un restaurante a puertas cerradas con una comida lujosísima. Y fuimos un montón de veces a comer con Charlie. Entonces, para mí ese lugar es especial y me trae muchos recuerdos. Martitegui se emocionó mucho.
—¿Y con Donato?
—Y también Donato porque le dije que cuando tengo reminiscencias de Italia, adonde viajo todos los años si puedo, me compro algo dulce en su restaurante y el sabor me lleva a esa tierra. Y a Betular le conté que en el peor momento de mi vida, cuando perdí a Charlie, muchas veces iba a tomar un café doble a un hotel que tenía una pastelería deliciosa. Porque con el café doble traían un montón de masas espectaculares y me sentaba ahí en el jardín, tomaba el café y comía, y eso me levantaba un poco. Me quedaba una horita y después iba al canal a trabajar. Fui varias veces porque en ese momento esos dulces me sacaban un poquito el dolor y la angustia que sentía. Yo no sabía que Betular era el maestro pastelero de ese hotel; me enteré hace poco por la producción, haciendo MasterChef. Betular se puso a llorar porque me contó que yo formaba parte de los mediodías con su mamá, con quien me miraba por televisión cuando él iba a la escuela secundaria. Fue muy emotivo todo. Les agradecí porque, más allá de lo que me enseñaron, ellos forman parte de mi vida.
“Con Wanda me llevé una sorpresa”
—Y como periodista, ¿qué te pareció Wanda?
—A Wanda y a todos los compañeros les dije el primer día que yo era una más y que no hago chimentos desde hace seis años. No veo nada, no oigo nada. Me llevo lo mejor; fueron cuatro meses de una estudiantina, de compartir las angustias cuando no sabíamos qué íbamos a cocinar, las dudas, las alegrías por la buena nota que nos habíamos llevado. Fue como volver a la escuela secundaria. Y con Wanda me llevé una sorpresa.

—¿Cómo es eso?
—Porque en estos cuatro meses atravesó situaciones personales feas, complicadas, angustiantes y siempre la observé con una sonrisa, una entereza, nunca de mal humor, aunque triste en algunos momentos. Si yo la hubiese coacheado, hoy estaría muy orgullosa de mí, y de ella también. Le falta aprender muchas cosas, pero por el poco tiempo que está en la conducción, lo hace bastante bien. Le falta experiencia, por supuesto, pero no se puede decir que se desubica, que no deja hablar, nunca tuvo problemas con nadie, no se demoró ninguna grabación por ella, no trajo ninguna dificultad. Y no estoy siendo buena, estoy siendo objetiva.
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