Te contamos dónde estuvo, quiénes fueron a verla, los cambios de look y los mejores flashes
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Exótica, provocadora, pero por sobre todas las cosas, desconcertante. Resulta difícil definir a un personaje como Lady Gaga. A la lejana distancia que separa su Nueva York natal de la Argentina, el mito de esta cantante que en tan sólo cuatro años conquistó el mundo, parecía enorme, arrasador y ajeno. Sin embargo, tras su desembarco en Buenos Aires, los que fueron a verla tal vez coincidan en sentir que descubrieron su costado más vulnerable, una calidez tan humana que conmueve y también sorprende: "No soy mujer ni hombre, soy un ser humano", sentencia, detrás de una maraña de maquillaje y vestuario que apenas dejan ver su rostro.
Así, llena de contradicciones, la cantante que se hizo famosa por su extravagancia tanto como por su mensaje de tolerancia y autoaceptación, la que, vestida con un estrafalario look y armada con una ametralladora de utilería, es capaz de conmoverse hasta las lágrimas por el amor de su público, la diva que subió a las favelas de Brasil descalza y con peluca fucsia para jugar un picadito con los niños del lugar, esa Lady Gaga, llegó y cautivó a la Argentina con un recital que reunió a casi 50 mil fans en River la semana pasada .
Durante su estadía se hospedó en el Hotel Faena ubicado en Puerto Madero, hasta donde la siguieron cientos de fans que se apostaron en la entrada con la ilusión de verla asomarse, algo que sólo ocurrió en dos ocasiones: cuando la cantante salió para cenar en el tradicional restaurante de comida española de Monserrat, Plaza Mayor, que fue cerrado el miércoles por la noche para que sólo estuviera a disposición de su comitiva, y luego, para trasladarse hasta el estadio de River. "Cuando salí del hotel, un grupo de ustedes casi da vuelta mi van. Fue muy emocionante sentir todo ese amor. Nunca creí que iba a pasarme algo así", dijo más tarde, en el momento más emotivo del recital, cuando hizo subir a tres de sus "little monsters", al escenario.
La artista recibió la distinción de Huésped de Honor por parte de la Legislatura porteña, reconocimiento que fue entregado en el hotel para evitar un nuevo traslado.
El Born this way ball
Se hace llamar la Monster Queen (reina de los monstruos), y se considera la madre de todos sus fans. Como si se tratara de un cuento de hadas, de luchas medievales, de armaduras, brujas y princesas encantadas, un enorme castillo se erigió en el escenario de River, la escenografía más grande que se haya trasladado jamás en una gira.
Como una reina, llegó al estadio temprano y se dispuso a prepararse en su camarín, donde sus "pedidos locos" la esperaban: la barra de bebidas incluía desde leche de soja y café sabor vainilla regular o francés, hasta vino blanco, tinto, vodka, whisky, tequila, leche descremada orgánica y jugo de arándanos. Para la cena, hummus, seis bananas, hot dog de tofu, queso cheddar y mozzarella sin grasa, un tazón de parmesano, atún, verduras, frutas con piel comestible, dos pechugas de pollo a la parrilla, dos paquetes de fideos asiáticos instantáneos, chicles, golosinas, principalmente, chocolates.
El recital comenzó a las 21.40, cuando la ansiedad del público no podía contenerse un minuto más. Los disfraces más estrambóticos inspirados en su ídola desfilaban por los alrededores del estadio desde hacía varios días y el cansancio era notable en muchos. "Sé del esfuerzo que hicieron para venir, sé lo costosos que son los tickets, por eso les agradezco tanto que estén aquí", dijo Gaga cuando decidió tomar el micrófono y dedicar largos minutos del recital a hablarle al público, gesto que sus fanáticos recibieron con lágrimas de emoción y ovaciones.
Desde el VIP instalado por Coca Cola, la aplaudieron también las celebrities locales: Emilia Attias, María Del Cerro, Peter Lanzani, Candela Vetrano, las hermanas Tinelli, Micaela y Candela, Connie Ansaldi, Gimena Accardi y Jimena Monteverde.
Incontables cambios de vestuario consolidaron su imagen de ícono fashion: sus elaboradísimos trajes son objeto de análisis de los fashionistas de todo el mundo. En esta ocasión, se inclinó por diseños de Armani, Versace y Moschino, a cuál más desopilante. Se convirtió en moto, en guerrera, en carne y en una obra de arte en origami a lo largo del show. También se puso una camiseta de la Argentina que le diseñó una fan, se subió a un caballo, corrió, saltó, bailó todo y más. Las quejas por el playback, necesario en algunos momentos, fueron pocas. El público estaba extasiado y no se conformó con el final. Por supuesto, hubo bis: una versión hiper melódica y sentida de "Edge of glory", uno de sus últimos hits, en la que pudo lucir todo su caudal de voz y emocionar con infinita gratitud a sus pequeños monstruos.
Detrás de todo ese maquillaje y la enorme parafernalia del show, una mujer de 26 años que cumplió su sueño, se dejó ver y conmover en la Argentina. Tanto que hizo una promesa: "Incluiré a la Argentina en todas las giras que haga de ahora en más". ¿Cumplirá?
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