Abocada a la crianza del hijo que tuvo con Augusto Rodríguez Larreta, asegura que despidió el año más feliz de su vida
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"Sin dudas, 2016 fue el año más feliz de mi vida”, confía Julieta Spina (36) mientras la luz del atardecer ilumina su cara de alegría. Instalada en José Ignacio desde el lunes 26, cuando desembarcó en Uruguay junto con su marido, Augusto Rodríguez Larreta (49), para celebrar Año Nuevo y descansar hasta el 15 de enero, la ex mannequin está exultante. Después de un largo proceso en el que no quiso bajar los brazos para quedar embarazada, el 16 de marzo pasado Julieta se convirtió en mamá de Mateo, su primer hijo y quien endulza sus días desde aquel mágico momento. “Mateo es bueno, simpático y está todo el día riéndose y atento a todo. Cumplió nueve meses y aunque no gateó, ya se para y nos hace señas con las manitos para que lo llevemos a dar una vuelta. Tiene muy lindo carácter, es un gran conquistador”, suspira la productora de eventos de moda, mientras se dispone a una charla con ¡Hola! Argentina.
–¿Qué te sorprendió de la maternidad?
–El amor que sentís por tu hijo, que es infinito y que no deja de crecer; la conexión que tenés con él cuando lo amamantás, que es única; y las cosquillitas que sentís en la panza cuando, por ejemplo, te mira y te tira los brazos para que lo agarres. La felicidad que siento es tan grande que no encuentro palabras para explicarla. ¡Estoy completamente enamorada de mi hijo!
–¿Y Augusto? ¿Cómo está viviendo él esta paternidad tardía [el hermano del jefe de Gobierno de la Ciudad tiene dos hijos, Jazmín (19) y Marcos (17), fruto de su primer matrimonio con Margarita Patrón Costas]?
–Vive pendiente de Mateo y está muy conectado con él. Augusto siempre fue un gran padre y eso es algo que me enamoró de él. Disfruta mucho de sus hijos y adora ocuparse de ellos: los lleva y los trae a cualquier hora y aun así, se encarga de la mamadera de las seis de la mañana de Mateo.
–¿Cómo fue aprender a ser mamá a su lado?
–Su compañía fue clave y me dio tranquilidad desde el parto. Augusto fue un apoyo enorme en esos primeros momentos en los que las cosas te sobrepasan y nuestro hijo nos unió muchísimo como pareja. Con Mateo, nuestro amor se multiplicó y, por eso, el 31 de diciembre a la noche, agradecí por todo lo bueno que nos pasó, y pedí que nuestras vidas y nuestro amor sigan fluyendo, como hasta ahora.
- Texto: María Güiraldes
- Fotos: Marcelo Bartolomé
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