Wagner Moura, el actor brasileño que le pone el cuerpo en el cine político de su país e hizo historia en los Globo de Oro
A los 49 años, y con un extenso recorrido en teatro y cine, su carrera dio un salto tras el éxito de la serie Narcos y su carrera se volvió imparable
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Para muchos, Wagner Moura será un descubrimiento como protagonista en la nueva película de Kleber Mendonça Filho, El agente secreto, próxima a estrenarse en nuestro país y que acaba de valerle un Globo de Oro a mejor actor en drama.
Si bien es cierto que fue un triunfo para el cine brasileño y que inicia a paso firme su merecida carrera para las nominaciones al Oscar luego de ser presentada con vítores en el pasado Festival de Cannes, también es cierto que es el broche de oro de una larga trayectoria que comenzó en el teatro -luego de un breve paso por el periodismo en su Bahía natal-, siguió con su aparición en uno de los primeros hitos del Nuevo Cine Brasileño como Detrás del sol (2001), de Walter Salles; destacó como uno de los presidiarios de Carandirú (2003), del argentino Héctor Babenco y luego como el Capitán Nascimento en Tropa de elite (2007), de José Padilha.
Desde entonces, Moura se ha convertido en un actor consagrado en su propia tierra y en uno de los rostros sudamericanos más interesantes para Hollywood, logrando en este regreso a su país la merecida validación como un hijo pródigo.
Es que, a sus 49 años y ya con numerosos éxitos en su haber, está trabajando más en el cine de Brasil que sus años juveniles. O por lo menos, eso le confiesa a Elizabeth Moss, su coprotagonista en Shining Girls -miniserie que apenas hace tres años lo sumaba a las filas de Apple TV-, con quien mantuvo una larga conversación a comienzos de diciembre publicada en la revista Interview. “He estado trabajando más en Brasil que cuando era joven, cosa que me resulta genial. De hecho, estoy haciendo una obra de teatro de la que estoy muy orgulloso”, le decía.

La obra es una versión moderna del clásico El enemigo del pueblo de Henrik Ibsen, y le permitió a Moura completar su lectura del presente en sintonía con El agente secreto de Mendonça Filho. En la pieza teatral la vocación guerrera del apasionado protagonista contra la injusticia política complementa el ánimo de Armando, su personaje bajo la lupa del director de Aquarius (2016), hoy convertido en uno de los referentes cinematográficos de su país. “El agente secreto es una mirada retrospectiva a nuestra historia -explicaba Mendonça Filho en la revista Slant hace unos meses-, pero también hace referencia a lo complejo de nuestro presente”.
La declaración no es casual. En El agente secreto, Armando Solimões, con su alias Marcelo Alves, es un archivista viudo que escapa de la persecución política en la ciudad de Recife durante los años 70. La dictadura está en plenitud, y su intento de pasar desapercibido se combina con la obsesión por hallar las huellas de su madre, perdidas hace tiempo. Esa escurridiza trayectoria del personaje no aquieta su temperamento ante una realidad apremiante, que al mismo tiempo que reaparece en el trabajo de Moura sobre el texto de Ibsen, se conecta con su perspectiva del Brasil actual y las recientes protestas de la población para evitar la amnistía al expresidente Jair Bolsonaro. “Estamos muy orgullosos de ser brasileros en este momento, y eso no sucede tan a menudo. Nunca pensé que la democracia brasilera sería un modelo para el resto del mundo. Es una satisfacción estrenar una película ambientada en la dictadura, en un momento en que Brasil finalmente está haciendo lo correcto”, enfatiza el actor.

Sin embargo, el compromiso de Moura con el poder revolucionario del arte no es una novedad. Después del éxito de Tropa de Élite -que tuvo una secuela en 2010-, el actor apareció en algunas series y películas entre las que destacan Praia do Futuro (2014), de Karim Aïnouz (director que luego sería premiado por La vida invisible de Eurídice Gusmão basada en el best-seller de Martha Batalha), y en Trash, desechos y esperanza (2014), una coproducción de su país y el Reino Unido co-dirigida por Stephen Daldry (Las horas) y Cristian Duurvoort, hasta que llegó el suceso de Narcos en Netflix.
En esa serie, que exprimió al comienzo la asociación de Latinoamérica a tópicos como el narcotráfico y el crimen organizado, Moura dio vida a una inusual aproximación a Pablo Escobar, personaje de leyenda de la crónica policial al que delineó como algo más que ese estereotipo del narco poderoso y populista. El éxito de Narcos (2015-2016) -pionera de toda una saga de derivaciones que pulularon por la plataforma- permitió a Moura trascender a un público masivo y al mismo tiempo elegir proyectos en los que tuviera mayor visibilidad. “Nunca hice una película o una serie porque pensara que iba a ser un gran éxito de taquilla -revelaba en la charla con Elizabeth Moss-; me gustaría pensar que, al mirar atrás, soy coherente con las decisiones que tomé. Muchas de las películas que hice son muy políticas porque me gusta la política y me gusta explorar significados sociales y políticos en cosas que otros quizás no ven”.

La llegada de una película como La red avispa (2019), del francés Olivier Assayas, ofreció una posible proyección de esa idea: una mirada retrospectiva sobre los presos políticos de la Cuba de Fidel Castro y la gestación de una red de espionaje en la Miami de los años 90. Moura interpretó a Juan Pablo Roque, un espía cubano infiltrado en las filas de la organización “Hermanos al Rescate”, y compartió un elenco estelar junto a Penélope Cruz, Édgar Ramírez, Gael García Bernal, Ana de Armas, y el argentino Leonardo Sbaraglia. Por entonces había aparecido en un cameo en Narcos: México replicando a Escobar, y en los albores de la pandemia conseguía un importante protagónico en Sergio (2020), dando vida al diplomático Sergio Veira de Mello en una misión humanitaria para la ONU durante la invasión de Estados Unidos a Irak.
“Me encantan los personajes con ganas de vivir. Por eso, en el cine, siempre me encanta ver a los personajes bailando. Me encanta ver a los personajes riendo, disfrutando, teniendo sexo... Siempre y cuando esté bien filmado, claro. Me encanta ver personajes que quieren vivir y estar vivos”, explica el actor en referencia a su personaje de El agente secreto, pero que podría aplicarse a todo un linaje en su filmografía.

Armando Solimões puede ser la más estoica de sus criaturas, equilibrando su compromiso político con la supervivencia propia y de su familia, pero hay algo de esa temperatura que ya asomaba en sus personajes anteriores, fuera cual fuera la batalla que enfrentaran. La de las duras calles de Río de Janeiro en la controvertida Tropa de Élite, las fuerza en disputa alrededor de Pablo Escobar en Narcos, el fuego de un amor escurridizo en Praia do Futuro, o la fachada sostenida por el espía de La red avispa. Personajes que contienen sus emociones hasta el estallido de su reacción, a veces anunciada, otras sorprendente. Incluso se vislumbra ese torbellino en Dan Velázquez, el periodista alcohólico y desacreditado de Shining Girls (2022), quien junto a Kirby (Elizabeth Moss) intenta develar la trama detrás de una serie de crímenes seriales y un asesino capaz de viajar en el tiempo. Al Dan de Moura lo persiguen los fantasmas familiares, el fracaso laboral y una pendiente autodestructiva de la que solo consigue escapar a través de la arrolladora investigación que lo une a Kirby y lo encamina al hallazgo de la verdad.

Justamente la “verdad” es lo que está en entredicho en Guerra civil (2024), la distópica aproximación de Alex Garland al presente contemporáneo. En esa deriva fantástica de los conflictos recientes de los Estados Unidos, una guerra intestina ocasiona una convulsión interna que no tiene fin en su escalada. Y Moura interpreta a un periodista que, junto a la foto-reportera interpretada por Kirsten Dunst, persiguen una verdad escurridiza para los medios y manipulada por quienes se aferran al poder. El escenario es devastador y, en ese contexto, el ejercicio de registro que operan los cronistas en permanente fuga ofrece un mapa interesante de la forma de concebir las noticias, de la definición de la memoria del futuro, y del retrato de fuerzas en disputa que pueden ofrecer los hombres y mujeres de prensa. Quizás también como esos artistas que el propio Moura imagina comprometidos no solo con la memoria individual sino con la colectiva. “Tenemos que recordar, y la historia debe contarse correctamente. El cine tiene la capacidad de mostrar cosas, no en forma aleccionadora sino a través del arte”.
En definitiva, el 2025 fue un año importante para Wagner Moura. A comienzos de marzo regresó a Apple TV con la serie Dope Thief, una combinación entre el universo duro de la reciente Task y el tono irónico de Breaking Bad para retratar el mundo de la droga, el trabajo de infiltración policial y los entresijos del crimen organizado. Creada por Peter Craig -guionista de Top Gun: Maverick y The Batman-, la serie sigue a Ray (Brian Tyree Henry) y Manny (Moura), dos buscavidas que se hacen pasar por oficiales de la DEA para robar dinero y mercancía en los aguantaderos de narcotraficantes ubicados en las zonas más peligrosas de Filadelfia. Amigos desde la prisión, cada uno con sus fantasmas y sus cuentas pendientes, se juegan la vida en una operación riesgosa que incluye a una oficial del FBI infiltrada en una banda pesada, y una cadena de amenazas que los pone en la mira tanto de sicarios profesionales como de autoridades conminadas al cumplimiento de la ley. Apenas dos meses después de ese debut, obtenía el premio en Cannes y El agente secreto se convertía en su carta ganadora para la reciente temporada de premiación.

Por su parte, Kleber Mendonça Filho no es un recién llegado a la mesa de los elegidos: hace unos años cosechó éxito y premios con Aquarius (2016), protagonizada por Sonia Braga sobre el conflicto inmobiliario en la ciudad de Recife -la misma en la que se crio el director-, y luego con Bacurau (2019) -codirigida con Juliano Dornelles-, una exploración distópica sobre un territorio en disputa y con ánimos polarizados. Sin embargo, El agente secreto le valió el premio como Mejor Director en Cannes -además del AFCAE (Association Française des Cinémas d’Art et d’Essai) y el Fipresci-, premios en festivales como Biarritz, Sitges y Hamburgo, la inclusión en la lista del año de la revista Cahiers du Cinéma, y nominaciones a los Globos de Oro y varias asociaciones de críticos de Estados Unidos. Para Moura, haber ganado el premio a Mejor Actor en Drama lo convierte en el primer intérprete brasileño de la historia en obtener la estatuilla que otorga la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood. Por el mismo papel, ya ganó además de Cannes, el premio del Círculo de Críticos de Cine de Nueva York al Mejor Actor y una nominación de los Premios Critic’s Choice.

El retrato de la dictadura brasilera fue clave para el interés de Moura en el proyecto. Ya en su ópera prima como director -tarea que señala como complementaria de su labor actoral-, Marighella (2019), había abordado el pasado violento de su país desde la perspectiva de Carlos Marighella, un líder de la resistencia armada devenido en figura política que fue asesinado en 1969. Moura buscó concertar aquel escenario con sus ecos en el presente, ejercicio que lo vincula con la perspectiva de Mendonça Filho en su aproximación al clima de Recife hacia fines de los 70. Ambos, director y actor, son oriundos del noreste brasilero, y para Moura regresar a ese paisaje y hablar con su acento, lo conectó con las vivencias de su personaje y con la tradición del cine político brasilero. Un cine que se imaginó como un espejo posible en el que mirar la propia historia con perspectiva crítica, y la comprensión del arte como un ejercicio constante de reflexión.
“Tu película, Kleber -cierra el actor en la conversación con su director-, habla mucho de la memoria y de la importancia de conservarla. No solo la memoria individual, sino la memoria de un país. Cuando la gente dice hoy ‘No a la amnistía’, lo que está diciendo es que no quiere que vuelva a borrarse nuestra historia. Ya no queremos eso, porque tenemos que recordar. Tenemos que recordar para que no vuelva a suceder”.
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