Mientras le prohíben ver a Charly García y planea regresar con Los Twist, el músico volvió a la masividad como compositor popular al servicio de la tanda comercial.
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Pipo de saco blanco. Pipo de saco con lamparones pero blanco, y camisa negra de solapa ancha. Pipo y los anteojos de Pipo en el trazo inconfundible de esa cara, y sentado en las mesitas a la calle de un bar caretón en la esquina de Tagle y Figueroa Alcorta, a las seis de la tarde de otro día caldeadito en la Buenos Aires subtropical. Pipo evaluando la posibilidad de un pisco sour, pidiendo finalmente un Bronx y soltando, a espaldas del mozo que se va, una última instrucción: "Con mucho gin, por favor". Pipo hablando de Charly. Pipo hablando de Melingo. Pipo hablando de un reencuentro de Los Twist. Pipo hablando por teléfono con un celular precario y deteriorado. Pipo hablando de su obra, y de estas últimas musiquitas que lo han vuelto a poner en la tarima veraniega del tarareo nacional. Hacía mucho que no cantábamos algo de Pipo. "Boro boro", "El estudiante": hacía mucho. Pipo volviendo a meter un tema en el inconsciente colectivo. Y que acá mismo haya verano, y que eso esté claro, y que ese tema sea un jingle no le hace, porque Pipo siempre ha sido el gran jinglero del rock argentino. Aquella "Salsa", aquel "Rockabilly de los narcisos": buenas canciones que bien miradas podrían ser buenos jingles. O son jingles. Pipo desdibujando la frontera que separa al artefacto publicitario de la iridiscente canción pop. Pipo sabiendo cómo hacerlo.
¿Es muy embolante componer para un comercial?
No, para mí es lo mismo que componer cualquier otra cosa, porque sigue siendo mi propia satisfacción lo que está en juego: o compongo algo que me gusta o no hay comercial. Otra cosa muy distinta es el que se dedica a esto profesionalmente. Sabe que tiene que hacer algo para convencer a la empresa o termina poniéndole una letra a "Somos los piratas". En realidad, la industria de la publicidad es bastante patética, a mí me da vergüenza.
¿Cuándo se vuelve patética?
Cuando un creativo se toma un ácido, se cree Jorge Polaco y pone un lobo marino a bailar "Thriller"; exactamente ahí.
Pipo Cipolatti no esta de acuerdo con la hipotesis. Le digo, le insisto que volvió. Me dice que nunca se fue. Le digo que volvió a sonar. Me dice que tiene trece discos terminados. Le pregunto cuántos fue que me dijo. Me dice que me dijo trece. Le digo que igualmente, por más trece que sean. Me dice que en todo caso lo que volvieron fue ron los contratos y una aparición en gran escala respaldada por el capital de las telecomunicaciones, pero que nunca dejó de tocar, ni de componer, ni de estar en el programa de radio de Beto Casella. Le digo: ah. Me dice: "Nunca lo escuché, no sé en qué momento salgo al aire, pero sé que estoy".
Y con eso da por terminada la discusión sobre la masividad de su figura pública.
¿Por?
No me gustan, como no me gustan las voces de Vicentico, de Sting, de Phil Collins. No son voces, son timbres.
¿Qué tiene de malo la de Vicentico?
Es una mezcla de Shakira con Isabel Pantoja. En realidad, es un triángulo equilátero: Shakira más Vicentico te da Pantoja. Pantoja más Vicentico te da Shakira, y así. Tampoco me banco la voz del Indio Solari.
Otro timbre…
Nos tenemos cariño, he pasado con él jornadas maravillosas, pero charlando, y charlando el Indio es muy agradable.
¿Qué voces sí?
Frank Zappa, Sandro, Charly, Julio Sosa, Fabiana Cantilo, Violeta Rivas, Ella Fitzgerald, Sinatra. En casa escuchamos mucho Cerati.
¿Te gusta?
A mi novia, mucho. Y yo tengo una amistad con él. Una noche Soda teloneó a Los Twist. Pero fue una noche, después nunca más.
¿Y cómo fue?
Nosotros inauguramos Marabú como lugar de rock, en el 83, y ahí presentamos La dicha en movimiento una noche en la que Daniel Grinbank era el DJ. Pasó una música espantosa, nos rompió las bolas con Yes toda la noche. Me acuerdo que armamos un escenario que era como una kermese, con banderines y bombitas de colores. Calamaro tocó los teclados, Polo Corbella tocó la batería y salimos nosotros con nuestros chalequitos amarillos. Antes había tocado Soda, "Te hacen falta vitaminas", todo eso. Después lo hicimos de vuelta pero la banda soporte fue Virus. Federico y yo hicimos una versión de "Tengo", de Sandro. Yo tenía 20 años. 21.
Viviste la del rockstar…
No, para nada, siempre fui muy tímido. Recién ahora perdí un poco de timidez como para poder hablar de lo tímido que soy. Las chicas se las llevaba Melingo.
No hay manera de hablar con Pipo sin pasar por el asunto Charly. Será que García tiene la significación de un tótem, la marca del sentido en cualquier conversación más o menos extendida que Pipo conceda. Y ahí va su descarga: "A Charly lo dejaron hecho una albóndiga. Lo empastillaron durante cuatro meses con ocho sedantes diarios y ahora lo tienen que desintoxicar por cómo lo intoxicaron para desintoxicarlo".
¿Lo viste últimamente?
No, no me dejan.
¿Quiénes?
El entorno, la familia, los mismos que lo hicieron mierda llevándolo a un neuropsiquiátrico, que es un lugar de suicidio asistido. ¿Qué dice la canción "Kill my mother", después?
No sé. ¿Qué dice?
"Kill my son". Charly odia a su madre, odia a su familia, y los únicos afectos familiares que él reconoce están muertos: su papá y su hermano Enrique.
¿Tocaste mucho con él?
Fueron ocho, diez años ininterrumpidos, en su casa. Y también compusimos.
¿Aquello de Titanes el ring?
Lo primero fue la canción de Mister Moto. Al personaje, que al principio era como un patovica de boliche, nosotros lo hicimos metalero. Y de golpe la canción enganchaba con el estribillo de "I Was Made for Lovin’ You", de Kiss. Te canto: "El nació para ser salvaje / con su moto de metal / Mister Moto siempre combate / contra el bien… y contra el mal". Lo tenemos grabado, eh.
¿Cómo es componer con Charly García?
El siempre dice: si sabés tocar, el demo es el disco. Si lo querés mejorar, lo arruinás. Con él oís. Los sonidos se vuelven otros.
¿Cómo funciona eso?
Cuando entraba alguien en la casa de Charly, él sabía quién era por la nota que hacían sus zapatos. Ahí llegó Fulano, que entró en Do sostenido.
La leyenda del oído absoluto.
No es una leyenda, es real. El motor de la heladera de la casa de Charly estaba afinado en La, que es la nota más amable para el oído humano. Cuando Charly estaba pasado, iba, ponía la mano en la heladera y acercaba el oído. Así se calmaba.
Si el La nos calma tiene haber una nota que sea su reverso, la nota que nos crispa.
Por supuesto, el Si bemol. Las sirenas de las ambulancias y los patrulleros están todas en Si bemol. Es insoportable.
Charly y de ahí, la policía. Son como tópicos, banderillas temáticas del rally mental por las que o pasás o Pipo te hace pasar. Un padre instructor de judo en la Federal ha sido demasiado para que el hijo, para que Pipo, terminara soslayándolo. Y entonces las historias. Cuando Los Twist, junto con Pimpinela, Fernando de Madariaga y Las Primas, fueron a recibir un premio de la policía a revelaciones artísticas del año. Los Twist, además de dar las gracias, tocaron para tres mil federales que se fueron de ahí coreando: "Saaaaangre azul, sangre azul lleva el noble animal". "Es el himno del Círculo de Suboficiales Retirados."
Mirá. Qué orgullo…
Después de aquel premio teníamos que ir a tocar en el Viejo Correo, en Parque Centenario. La fiesta había sido en el Club Huracán y el comisario ordenó que nos pusieran un celular a nuestra disposición. Cuando nos vieron llegar en un camión de la policía, la mitad de los que estaban haciendo la cola en el Viejo Correo su fue a la mierda.
El rock y la policía nunca se llevaron bien.
¿Y por qué deberían? Uno es un género musical y el otro es una fuerza de seguridad de la nación. ¿Acaso los mozos se llevan mal con la chacarera? Además, yo no soy rockero, soy músico.
Antes de que Pipo consume una jugada maestra de incorrección, le va a quedar un rato para hablar de Daniel Melingo. De su pasado común, cuando Pipo le decía: "Vos sos tanguero, qué te hacés el dark", y Melingo no escuchaba, y lo dejaba solo con Los Twist a la deriva, y se iba a Europa a tocar música oscura y formar Lions in Love. De su presente alejado, que lo ve poco. Y de su futuro posible, que es cuando se pone interesante: "Daniel me propuso que reuniéramos a Los Twist. El, Fabi Cantilo y yo. Los tres queremos, así que en algún momento se va a dar. Planes concretos, no hay. Sólo el deseo".
Entonces sí, nos vamos de las mesas tilingas de Tagle y Libertador. La estrella de rock, con su saco blanco y camisa negra vintage. Nos estamos poniendo de pie cuando Pipo, en un movimiento rápido y decidido, hunde la mano en la panera, aprieta un manojo de grisines, los deja caer dentro de su bolso negro y por si a alguien le quedaran dudas rubrica la operación llevándose también tres paquetes de galletas marineras. Nadie hasta ahora me había mostrado tan de cerca la sustancia ilusoria de eso que llamamos celebridad. Damas y caballeros, con ustedes, Pipo Cipolatti.
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