Desde Paralamas hasta Suicidal Tendencies, la edición número 16 del Festival se llevó a cabo en la capital del país vecino
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Nada menos que 16 ediciones consecutivas convierten al Festival Porao do Rock – ahora conocido simplemente como PDR Festival – en el mayor evento de este tipo dedicado al rock independiente en Brasil. Realizado desde 1998 en la capital del país, Brasilia – la ciudad futurista soñada por el arquitecto Oscar Niemeyer -, el PDR se trata de una especie de Lollapalooza brasilero, ya que la producción - que se convirtió a partir de 2002 en una organización no gubernamental dirigida por nueve consejeros, entre músicos, productores y periodistas -, engloba y promueve una serie de actividades paralelas.
La ONG PDR tiene como principal objetivo apoyar y difundir la escena musical de rock de Brasilia, y también la realización de diversas acciones sociales, como la campaña "Rock contra a fome", que promueve la donación de alimentos no perecederos para instituciones que ayudan a sectores carenciados, "Rock do pedal", que estimula al público a concurrir al festival en bicicleta, disponiendo un estacionamiento y seguridad, y la divulgación y el apoyo a la donación de órganos. Entre las actividades extramusicales que se desarrollan en el Festival, hay deportes extremos, bungee jumping y una minirampa de skate, entre otras.
La edición 2013 del PDR, que se desarrolló durante el viernes 30 y el sábado 31 de Agosto, con una concurrencia de más de 45.000 personas entre las dos noches, se realizó en el estacionamiento del estadio Mané Garrincha, un amplio predio asfaltado donde se ubicaron tres escenarios, sobre los que desfilaron 38 artistas, entre bandas y solistas. Hubo 5 artistas internacionales y 33 brasileros, divididos entre 15 pertenecientes al Distrito Federal (Brasilia) – algunos de ellos surgidos de selecciones previas para bandas emergentes – y 18 del resto del país. La disposición incluía dos grandes escenarios ubicados uno al lado del otro, lo que permitía que cuando terminaba un show en uno de estos, comenzaba otro en el contiguo, separados por una breve pausa. Más lejos, un tercer escenario, el "Palco Budweiser", albergó a siete nombres de rock pesado cada noche. Si bien la programación estuvo dominada (como es tradición en el Festival) por exponentes del rock alternativo, indie, garaje, punk y todas las vertientes del rock pesado, desde el stoner hasta el metal más extremo, también hubo lugar para una gran variedad de sonidos, como por ejemplo, los de Capital Inicial y Os Paralamas Do Sucesso, bandas históricas del rock brasilero que se convirtieron en atracciones centrales del PDR.
Hubo una presencia algo mayor de público (unas 25.000 personas) durante la primera noche, debido a la presencia del crédito local, Capital Inicial, una de las bandas más legendarias del rock brasilero. Formada en 1982 sobre las cenizas del grupo Aborto Elétrico (que incluía a Renato Russo, el mítico líder de Legião Urbana), los Capital Inicial realizaron un show impecable, liderados por su cantante original y fundador, Dinho Ouro Preto. Recorrieron los principales éxitos de su carrera, junto a temas de Aborto Elétrico, y homenajes a Soda Stereo ("De música ligera") y algunos de sus colegas generacionales, como Raimundos y Legião Urbana (la banda más versionada del Festival), junto a una buena versión de "Seven Nation Army" de los White Stripes.
Por el lado heavy, las estrellas de la noche fueron los Soulfly, ahora liderados más que nunca por Max Cavalera, que además de la guitarra asume la primera voz, e incluye en la formación a su hijo Zyon en batería. Presentaron temas de su último álbum, "Enslaved" (2012), una especie de obra conceptual sobre la esclavitud, y adelantaron algo del próximo, "Savages"; como era de esperar, alcanzaron su apogeo con una selección de Roots, la obra máxima de Sepultura (también versionaron "Qué país é ese", de Legião). Su trash metal continúa teniendo una contundencia inalterable al paso del tiempo.
La segunda noche tuvo como estrellas a otras leyendas del rock brasilero, Os Paralamas Do Sucesso, una banda que también tiene una relación cercana con Brasilia, ya que allí fue donde se conocieron y empezaron a tocar juntos Herbert Vianna y Bi Ribeiro, para luego después completar la formación definitiva en Río, con el ingreso del baterista João Barone. Los Paralamas están realizando un show conmemorativo de sus 30 años de historia, y el recorrido es conmovedor en muchos sentidos, especialmente por el elaborado diseño visual que acompaña los temas, con imágenes donde puede vérselos increíblemente jóvenes y desbordantes de energía. El espectáculo también funciona como recordatorio de un cuerpo de trabajo extraordinariamente variado y poblado de canciones memorables, muchas de las cuales también fueron hits en Argentina, y su significancia para varias generaciones. Curiosamente, también culminaron su show con "Qué país é esse", homenaje a los emblemáticos Legião. La milagrosa recuperación de Vianna, que comanda el grupo desde su silla de ruedas, desgranando ritmos contagiosos y solos brillantes, es un ingrediente fundamental del gran momento que atraviesa la banda. La impresión de este cronista fue confirmada por el propio Bi Ribeiro, durante una charla informal en camarines después del show: "para algo tiene que servir la edad", decía con una sonrisa, para agregar, "por momentos pienso que estos son los mejores shows que hemos hecho nunca".
Por el lado del palco heavy, la gran atracción fueron los Suicidal Tendencies, que ofrecieron un show de una potencia descomunal, siempre liderados por el vocalista Mike Muir, único miembro original. La banda no parece sentir la ausencia de Robert Trujillo (reemplazado por Tim "Rawbiz" Williams, un negro grandote con un estilo de gran agresividad y fuerza),y con un arrasador tandem de dos guitarras lleva adelante su particular punk trashcore con gran ajuste y efectividad. En un momento hicieron subir al escenario a quienes habían traído tablas de skate, terminando con una verdadera invasión de público al son de "Posessed to skate". Aunque hubo temas de su nuevo álbum de estudio, 13, obtuvieron la mayor resonancia con grandes clásicos como "You Can’t Bring Me Down"" y "War Inside My Head".
Pero eso no fue todo, porque en la noche del sábado también hubo otras dos atracciones internacionales. Mark Lanegan ofreció un show tranquilo, casi folk, acompañado por un guitarrista acústico y otro que alternaba entre la eléctrica y el bajo. A pesar de parecer algo extraño dentro del contexto del festival, consiguió hechizar al público, con canciones excelentes y una actitud concentrada y misteriosa,mezcla de Bob Dylan y Jim Morrison. Entre las sorpresas, su versión del standard "Autumn Leaves", adelanto de un próximo disco de covers. Los Mono Men, banda de la zona de Washington ( Bellingham, un lugar próximo a Seattle), cuarteto formado en 1987, reafirmaron su condición de pioneros del grunge, con un show de garage rock con las guitarras bien al frente.
La presencia argentina estuvo dada por Banda de la Muerte, un grupo curtido por sus frecuentes giras europeas, con un sonido pesado que recoge influencias del stoner y de bandas que van desde Black Sabbath a Motorhead. Hicieron homenajes a estos últimos ("Ace of Spades") y los Stooges, asi como también "Abelardo El Pollo", de Pappo’s Blues, incluído en un vinilo recientemente editado donde versionan temas del rock nacional de los 70.
El cierre del festival estuvo a cargo de Lobão, un solista polemico y muy apreciado por el público, que esperó casi hasta las 3 de la mañana para verlo. Lobão integró Blitz en los 80 y tiene una larga trayectoria como solista, con clásicos como "Vida Louca Vida" y "Vida Bandida", que formaron parte de su set. Culminó homenajeando a Cazuza, con "Mal Nenhum". Si hubiera que establecer un paralelo, podríamos definir a Lobão como un equivalente de Fito Páez dentro del rock brasilero
Dentro de la larga lista de bandas pesadas, algunas para mencionar son Dead Fish (punk y hardcore de Espirito Santo, con más de 20 años); Na Lata (new metal del DF); Test (dúo de guitarra y batería de San Pablo, de metal extremo); el death metal de Krisiun (emblemas del metal brasilero); Devotos, pernambucanos formados en 1988 que mezclan heavy punk y mangue beat; el trío motoquero Kábula, del DF, y los Galinha Preta, también de Brasilia, un primitivo cuarteto de punk y hardcore cuyos shows son siempre excitantes y con un toque de humor.
Pero el rock alternativo brasilero tiene un amplio rango estilístico, con sorpresas como Rios Voadores, de Brasilia, una banda psicodélica inspirada en los años 60, con una cantante y bailarina (Gaivota Naves), de impactante presencia escénica. Los paulistas Nem Liminha Ouviu, que se dedican a rescatar lados B y temas oscuros de bandas de los 80 (y algunas de los 90). Alf, del DF, un solista joven pero con una vasta trayectoria en bandas como Rumbora y Supergalo (incluso tocó durante un tiempo con Raimundos). Su rock alternativo con cierta influencia new wave, guitarras angulares y ritmos propulsantes a lo Strokes o Arctic Monkeys, se reveló como una promesa de gran futuro, cuando recién está por editar su primer disco en solitario.
Suficientes nombres por ahora, como para investigar y conocer una escena que está tan cerca y de la cual sabemos tan poco. El rock volvió a hacerse presente en Brasilia, y sus ecos aún resuenan entre las líneas futuristas de las monumentales obras arquitectónicas de Niemeyer.
Por Claudio Kleiman (desde Brasilia)
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