En su segunda visita al país, y antes de sus dos shows en el Luna Park, el histórico baterista entregó una clase magistral de rock junto a su All Starr Band; crónica y fotos
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La pregunta inicial de Richard Starkey es una obviedad que suena hermosa desde su voz grave e inconfundible: "¿Están listos para pasar un gran momento?", suelta el baterista después de irrumpir en escena pasadas las 21 horas con sus característicos dedos en V al aire y cantar "Matchbox", tema de Carl Perkins que los Fabulosos Cuatro interpretaban desde su más tierna historia. Entonces, la emoción y la nostalgia de un Teatro Ópera a sala llena de repente se detona incontenible y la sensación es algo tonta pero única: un Beatle está tocando rock & roll frente a tus propios ojos, un pedazo de esa historia irrepetible vuelve a celebrarse sin artificios, sin solemnidad, con humor y al mando de un seleccionado de músicos de máximo nivel que podrían cargarse sin Ringo las próximas veinticuatro canciones y justificar de sobra cada centavo de la entrada.
En su segunda visita al país después de su show en el Luna Park en noviembre del 2011, a sus imperceptibles 73 años, el plan de Ringo parece ser el mismo que el de sus inicios, cuando a principios de los años 60 era el baterista mejor afamado de Liverpool por su desempeño en Rory Storm and The Hurricanes. Y es que el Beatle parece reactivar toda su vitalidad cada vez que se dispara una nueva canción. Junto a la decimotercera versión de su All Starr Band, proyecto que lo acompaña a dar vueltas por el mundo desde 1989, la formación actual integrada por legendarios músicos estadounidenses (Steve Lukather en guitarra, Richard Page en bajo, Gregg Rolie en teclados, Mark Rivera en saxo y percusión, Todd Rundgren en guitarra y Gregg Bissonette en batería) propone variantes interpretativas y matices y le da espacio al anfitrión para abocarse decididamente a su instrumento.
"Cada uno de los que están acá es una gran estrella", avisa Ringo después de interpretar al frente "It Don´t Come Easy" y "Wings" -dos canciones de su cosecha personal-, para empezar a abrirle el juego a sus compañeros y correr directo hacia su Ludwig ploteada con el símbolo de la paz. Quien toma primero la posta es Todd Rundgren, uno de los principales animadores de la noche, con su porte de hippie viejo y adorable. El ex Utopía, de remera de figuras psicodélicas y melena a dos colores, pela su emotiva voz para hacer "I Saw the Light", tema integrado en su disco doble Something/Anything?. "Es un honor para mí estar por primera vez en Buenos Aires, y encima acompañado de mis hermanos", dice sobre el final de la canción para abrirle espacio a Gregg Rolie, legendario tecladista de la banda de Santana que sentado al hammond interpreta "Evil Ways", una de esas características piezas de latin-rock que ahora alcanza su pico máximo a través de las seis cuerdas de Lukather, un héroe de la guitarra que toca con soberbia y emoción arrastrando una de las primeras ovaciones de la noche.
Por su parte Lukather, ex integrante de Toto, emprende lo que será una línea preponderante durante todo el show: un viaje hacia lo profundo de la década del ochenta con hits como "Rosanna", "Afrika" y "Hold the Line", sostenidos por los agudos cristalinos de Mark Rivera, un grandulón todoterreno que se hace cargo del saxo, el clarinete y las percusiones. Cuando le llega el turno a Richard Page, el ex Mr. Mister apuntala aquella dirección con "Kyrie" y "Broken Wings", dos canciones de su principal proyecto; y luego Rundgren vuelve al mando para interpretar al frente su tema "Bang the Drum All Day" y toparse segundos más tarde con un inesperado revuelo que se roba por un momento la atención del público al percibirse la presencia en la sala de Charly García acompañado por el Zorrito Von Quintiero.
Cuando Ringo vuelve a tomar el control del show, el recuerdo Beatle renace a través de "Don´t Pass Me By", la primera composición de Starkey, "Boys" -que también solía interpretar junto a Rory Storm and The Hurricanes-, "Yellow Submarine", amalgamando a todo el teatro en un gran coro de borrachos, "Honey Don´t" y "I Wanna be Your Man", canción compuesta inicialmente por Lennon-McCartney para los Rolling Stones, y que el Beatle que supo robarse las mujeres más bellas le regala entre comprador y seductor a todas las chicas presentes ante un oleaje de adulaciones que él mismo se encarga de detener con su característico humor: "¡Bueno, ya pareeeeeeeeen!".
Entre la nostalgia y escasos esbozos del presente, con algunos temas de Ringo 2012, su último disco editado el año pasado, como "Anthem", y clásicos del tamaño de "Photograph", "Act Naturally" y "A Little Help from My Friends" ensamblada con "Give Peace a Chance" de John Lennon, la noche cierra con la All Starr Band fundiéndose en ese coro por la paz mientras Ringo Starr se escurre sonriente después de haber promulgado hasta el cansancio aquel legado de su viejo amigo y dejar a un teatro lleno con esa extraña vibración de haber vivido un momento único e irrepetible. Como esa que se siente cada vez que un Beatle vuelve a pisar un escenario.
Por Juan Barberis
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