Inconcebible: el abuso sexual con mirada feminista

Milagros Amondaray
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21 de septiembre de 2019  

Fuente: LA NACION

Inconcebible

Nuestra opinión: muy buena

(Unbelievable, EE.UU./2019). Creadores: Susannah Grant, Ayelet Waldman y Michael Chabon. Elenco: Merritt Wever, Toni Collette, Kaitlyn Dever. Disponible en: Netflix.

Una chica de 18 años dijo que fue atacada a punta de pistola. Luego dijo que lo inventó. Así empieza nuestra historia". Inconcebible, la miniserie de ocho capítulos creada por Susannah Grant, Ayelet Waldman y Michael Chabon se apega a los hechos reales (los testimonios de las víctimas se reproducen verbatim) narrados por el artículo "An Unbelievable Story of Rape", de T. Christian Miller y Ken Armstrong, que ganó el Pulitzer en 2016, por lo cual le dedica el primer episodio enteramente a los coletazos de la denuncia -y retractación- de Marie (una extraordinaria Kaitlyn Dever), y a cómo funciona el sistema cuando no hay política de género que acompañe a las víctimas. Lisa Cholodenko dirige el capítulo con esa sensibilidad que vimos en Mi familia, con primeros planos del rostro de Marie, un mapa de sus emociones bloqueadas, contenidas, enterradas.

En su segundo episodio, la serie cambia ligeramente el tono, se adelanta en el tiempo (a 2011) y nos muestra a la detective Karen Duvall (Merritt Wever, en una de las mejores actuaciones del año) escuchando a otra víctima de un ataque sexual acontecido en Golden, Colorado. El guion de Sussanah Grant evoca aquí al de Erin Brockovich (también de su autoría), especialmente cuando aborda cuán inquebrantable puede ser una mujer cuando quiere llegar a la verdad por un bien mayor. De manera inmediata, y por un hecho fortuito, la detective se entera de que está buscando a un violador serial, lo cual la lleva a asociarse con su colega Grace Rasmussen (Toni Collette) para encontrarlo.

De esta manera, Inconcebible se convierte en un drama con elementos del género buddy cop, con ambas mujeres conociéndose a medida que avanzan en la investigación, y con secuencias de alivio cómico que amortiguan el impacto de los momentos testimoniales, desgarradores desde su verbalización, sin necesidad de que se los acompañe con flashbacks gratuitos. Esa es precisamente la decisión narrativa que toman los creadores de la serie: lo que importa es la palabra.

La palabra de la víctima, la palabra de una figura de contención, la palabra que apacigüe en lugar de hostigar. Por lo tanto, si bien la producción flaquea cuando se presentan a falsos sospechosos de las violaciones como recurso para mantener al espectador interesado en el whodunit, su relevancia en la coyuntura actual se logra cuando retrata conversaciones entre mujeres que hablan de igual a igual, tácitamente comprendiendo lo doblemente duro que es moverse en este mundo tan solo por no ser hombre.

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