Game of Thrones: una trama signada por mujeres memorables
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La última batalla por el Trono de Hierro llega a su hora final y varios son los personajes que se preparan para tener un rol clave en esa encarnizada disputa. No solo los autoproclamados herederos, los de la sangre legítima, los de los títulos conquistados, sino aquellos que ganaron terreno temporada a temporada, que adquirieron fortalezas y afinaron estrategias, que emergieron del barro más oscuro o los presagios más inesperados, para llegar a imprimir su nombre en el legado literario de Canción de hielo y fuego.
Desde su concepción como gran tratado fantástico sobre una puja ancestral nacida de las mismas páginas del pasado británico, la saga imaginada por el escritor George R. R. Martin se instaló en ese espinoso puente entre las crónicas dinásticas y las fantasías legendarias. Y allí, fueron los personajes femeninos quienes se consolidaron como las piezas claves de un ajedrez literario que se inspiraba en la famosa Guerra de las Rosas –esa librada entre los York y los Lancaster que sacudió a Inglaterra entre 1455 y 1487 y dejó finalmente el trono en manos de los Tudor– para trascenderla, para encontrar allí las siluetas de las mujeres que gestaban su poder como forma de supervivencia, como secreto deseo de dominio, como promesa de un mundo con nuevas reglas.
Cuatro son las mujeres que llegan con pie firme a esa carrera final, reinas coronadas y princesas elegidas, feroces combatientes en un tiempo despiadado, signado por las amenazas de un ejército de muertos de asombro impronunciable, dotadas de astucia y conquistada sabiduría, cerebrales estrategas o apasionadas libertadoras, madres o villanas, santas o devoradoras.

Daenerys Targaryen
La primera en la lista es Daenerys Targaryen, heredera de una dinastía maldita y conquistadora, que llega a Westeros con ejércitos y dragones, dispuesta a dar la batalla final contra muertos y usurpadores. Desde su presentación como la Khaleesi de los Dothraki en la primera temporada, todavía bajo la torpe égida de su hermano Viserys y el dormido poderío de su sangre, la vimos parir dragones y fuego, liberar ciudades de esclavos y enfrentar los poderes ancestrales de los amos, sortear el Mar Angosto y concitar la admiración y el miedo de sus súbditos y acólitos. Parte de su historia recrea la de la británica Isabel I, criada en el exilio como sorpresiva heredera, partidaria de una fe desafiante del orden hegemónico, dueña de un legado teñido de tragedia y locura.
La sombra recurrente en el ascenso de Daenerys ha sido su propio carácter impulsivo, condensado en el fuego de sus bestias y en la firmeza incandescente de la mirada que Emilia Clarke supo regalarle. Su cuerpo menudo demostró ser el mejor jinete de la furia de sus dragones, el que sale indemne de las llamas, el que goza el placer sin remordimientos, el de sus amantes, el de sus aventuras, el de las encendidas discusiones con sus leales confidentes. Si podía resultar obstinada en su insistencia en la genuflexion en su encuentro con Jon Snow, demostró que detrás de sus aparentes caprichos podía albergarse una secreta atracción y una firmeza intuitiva en su propio destino. Reina desde la cuna, Daenerys demostró la destreza de una gran conquistadora, reflexiva cuando el peligro lo requiere, firme cuando la sombra de la debilidad ensombrece su liderazgo.

Cersei Lannister
Su inesperada némesis llegó por un camino similar a un destino opuesto. Cersei Lannister fue entregada por su padre como consorte de un rey recién coronado, como parte de un acuerdo de gobernabilidad luego de los sobresaltos de una rebelión. Extranjera en King’s Landing, hizo de su familia su refugio y maldición: su hermano y amante fue el padre de un linaje de bastardos que ensombrecieron el reino con cada nueva coronación. Como la reina Margarita de Anjou, cabeza de la roja Casa Lancaster de la historia inglesa, Cersei hizo de las sombras su mesa de operaciones, manipulando voluntades y favores con la astucia de una gran estratega. Sobrevivió el luto, anheló el esquivo respeto de su padre, construyó la espada de la fe para hacerla estallar por los aires cuando le dio la espalda, gobernó a fuerza de terror inclinando el tablero siempre hacia su partida.
Emblema de los Lannister, Cersei adquirió fortaleza en las más oscuras tinieblas, demostró un orgullo que resultó un arma de doble filo, alejando a sus más fieles amores, acercando a sus inmorales devotos. Lena Headey supo moldear a su reina de facto en esa extraña frontera entre las intrigas palaciegas y los sacrificios de la tragedia griega, dando a su llanto por la muerte de Joffrey la furia por una injusta venganza, y a su pena solitaria por su dorada Myrcella ese impredecible halo de un castigo divino. Luchó con las peores armas en un tiempo de crueldades e injusticias, y su reino nacido del amargo sabor de la venganza promete la misma historia de sangre y canciones tristes.

Sansa y Arya Stark
Las últimas dos mujeres de esta guerra entre vivos y muertos son las hijas del cruento invierno. Herederas de la Casa Stark, Sansa (Sophie Turner) y Arya (Maisie Williams) nacieron al mundo el día de la muerte de su padre. Decapitado por el capricho de un rey indigno, Eddard Stark (Sean Bean) dejó una huella imborrable en la memoria de sus hijas: el fin del cuento de hadas para Sansa y el inicio del camino de una guerrera para Arya. Sus rumbos no podían ser más opuestos, y a la larga fue esa travesía divergente la que gestó los inevitables rencores y la definitiva alianza. A ambas las vimos crecer y perder la inocencia, sobrevivir la malicia de los palacios y el peligro de la intemperie, reconquistar su dominio y afirmar su propia identidad, ser dueñas de su destino.
Sansa moldeó su carácter entre el desprecio de Cersei y las inquinas de lord Baelish, soportó matrimonios y abusos, regresó al frío como la nueva lady Stark, madura a fuerza del sacrificio de su alma y los sueños de princesa de cuento. Hay dos momentos claves de su travesía: el oscurecimiento del pelo cuando llega al Valle, cuando enfrenta a su tía y se convierte en peón involuntario de una trágica alianza, y la expresión de satisfacción luego de la muerte de Ramsay Bolton, ese impuesto marido al que devora en sus propias fauces. Para Arya, el viaje fue bajo la luz del mundo y la crudeza del clima: sucesivos cautiverios, el arte de la espada y la venganza, la llegada a Braavos y las enseñanzas de los Hombres Sin Rostro, la lista de prometidas muertes como motivo de supervivencia. Su regreso a Winterfell fue como la guerrera de esas mil batallas, la que hizo de su camino inverso al de cualquier damisela el lento germinar de una luchadora incansable.
Con las cartas en la mesa y la octava temporada próxima a estrenarse, Game of Thrones promete conjugar la travesía de sus cuatro mujeres con el merecido protagonismo que su pasado les ha auspiciado.
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