Premios Emmy: una ceremonia que reflejó el año que vivimos en peligro

Una ceremonia atípica que logró su objetivo
Una ceremonia atípica que logró su objetivo Fuente: LA NACION - Crédito: Captura de TV
Natalia Trzenko
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21 de septiembre de 2020  • 12:20

Parecía imposible, una apuesta demasiado alta destinada a tener más de un tropiezo en el camino. Pero Hollywood es Hollywood y cuando se propone hacer una fiesta ni una pandemia puede detenerlo. Distinta pero impecable desde el punto de vista técnico y de producción, la 72ª entrega de los premios Emmy que se realizó anoche en Los Ángeles consiguió superar el desafío con tanta holgura que por momentos era posible pensar que el nuevo formato -con los nominados presentes pero a la distancia- se debía a una elección creativa y no al resultado de las medidas de seguridad dictadas por la emergencia sanitaria global. Sin embargo, a medida que los premios se acumulaban y las tendencias empezaban a vislumbrarse, quedó claro que los votantes de la Academia de Artes y Ciencias Televisivas eligieron a sus favoritos imbuidos en el espíritu de época del complejo 2020.

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En la ceremonia que, según sus propios productores y el conductor Jimmy Kimmel, podría haber resultado un completo desastre y que fue menos accidentada que otras sin sus limitaciones y exigencias, hubo algunos desaciertos -esa broma con fuego que rozó el mal gusto teniendo en cuenta los terribles incendios forestales que azotan a los Estados Unidos-, pero todo salió milagrosamente bien. Especialmente gracias sus ganadores.

Los triunfos de Shitt's Creek como la mejor comedia con nueve premios, un récord para el género, la coronación de Succession en el rubro dramático y las once estatuillas para la notable miniserie Watchmen funcionaron como un espejo de la particular etapa que atraviesa el mundo.

Shitts Creek, la comedia récord
Shitts Creek, la comedia récord

Si en el rubro comedia todas las propuestas eran valiosas y merecedoras de reconocimientos, no había forma que este año el humor misantrópico de Curb Your Enthusiasm, la mezcla de comedia y amargura de Muertos para mí y El método Kominsky, la modernidad de Insecure, el absurdo de What We Do in the Shadows, el manierismo de The Marvelous Mrs Maisel o las volteretas filosóficas de The Good Place pudiesen superar al mensaje de amor familiar, aceptación y reconciliación que están en la base de Shitt's Creek (se puede ver aquí por Comedy Central y hay una maratón planificada para este jueves).

Desde su producción, integrada por el dúo formado por Eugene y Daniel Levy, padre e hijo, hasta la historia de cada episodio jugada con maestría por los Levy junto a la legendaria comediante canadiense Catherine O'Hara y la incipiente estrella Annie Murphy, representó cabalmente la idea de esa TV -tan necesaria siempre y más ahora- que reconforta a sus espectadores. La familia Rose, cuya ruina económica termina por ser su salvación espiritual, se transformó en emblema aspiracional en los tiempos de cuarentena, de convivencias forzadas o distancias desgarradoras.

Watchmen: la gran ganadora de la noche de los Emmy
Watchmen: la gran ganadora de la noche de los Emmy Crédito: HBO

En el caso de las miniseries, una de las categorías más esperadas dados sus valores de producción y el usual despliegue de talento tanto detrás como frente a las cámaras, el triunfo de Watchmen subrayó otra de las preocupaciones sociales que le dieron forma a la cultura norteamericana este año. La adaptación de la novela gráfica de Alan Moore y Dave Gibbons no solo fue el programa que más premios cosechó en los Emmy 2020 sino el que mejor representó los conflictos raciales que dividen al país. Con unos guiones y una puesta en escena prodigiosas e innovadoras, la miniserie creada por Damon Lindelof contó además con un elenco de excepción encabezado por la inmensamente talentosa Regina King, el actor en ascenso Yahya Abdul Matteen II y el brillante veterano Jeremy Irons, que se quedó con las manos vacías cuando Mark Ruffalo se llevó el premio a mejor actor de una miniserie por su trabajo enI Know This Much is True (otra de las propuestas de HBO que en el extremo opuesto de Watchmen prefirió a la autoindulgencia y el miserabilismo como estandartes). Más allá del elocuente discurso de Ruffalo al recibir su galardón, las palabras y la presencia de King cerraron el círculo virtuoso de Watchmen con su audiencia.

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"Esto es muy extraño", dijo primero la intérprete al recibir la estatuilla en comunicación desde Nuevo México, vistiendo una remera en memoria de Breonna Taylor, la estudiante de enfermería asesinada en su casa por la policía. "No puedo dejar de mencionar al ser parte de un programa tan anticipatorio como Watchmen que deben votar. Hagan planes para hacerlo. Es importante", urgió la actriz, una de las tantas en mencionar la necesidad de la participación ciudadana en las próximas elecciones presidenciales de noviembre.

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Un recordatorio que el triunfo de Succession como mejor serie dramática hizo aun más explícito. La serie de HBO, la señal más premiada de la noche con 30 estatuillas, una incisiva sátira sobre el poder, la ambición y impunidad de los más ricos, terminó dialogando con una realidad que lamentablemente se parece cada vez más a la ficción. Hasta en la elección del mejor actor, cuando Jeremy Strong le ganó a su "papá" Brian Cox, los votantes de los Emmy decidieron reflejar la trama del programa cuya tercera temporada sigue detenida, esperando poder retomar las grabaciones a principios de 2021.

Jeremy Strong y Brian Cox en una escena de Succession
Jeremy Strong y Brian Cox en una escena de Succession

Fiel al estilo de su escritura en el programa, el creador de Succession, Jesse Armstrong, ofreció el mejor y más actual discurso de la noche. "Por haber sido despojados de la oportunidad de pasar este tiempo con nuestros pares, elenco y equipo creo que voy a dar un par de "desagradecimientos". No le agradezco al virus por evitar que nos reunamos este año, tampoco le agradezco al presidente Trump, por su pésima y descoordinada respuesta ante la pandemia. Ni a Boris Boris Johnson y su gobierno por hacer lo mismo en mi país. Ningún agradecimiento va para los gobiernos nacionalistas y cuasi nacionalistas del mundo, que son exactamente lo opuesto de lo que necesitamos ahora ni a los gigantes de los medios que hacen lo posible por mantenerlos en el poder", cerró Armstrong desde Londres, mientras que los actores de la serie lo aplaudían cada uno desde su casa.

Una imagen que resumió una ceremonia que tenía todo en su contra pero que sin ser perfecta -¿lo es alguna entrega de premios?- logró el cometido de celebrar y reconocer a la televisión. Que, ya sea en su versión tradicional o por streaming, como dijo Kimmel en su monólogo de apertura "es ese amigo que en estos tiempos oscuros está ahí para nosotros 24 horas al día, todos los días. Nuestra vieja compañera, la televisión".

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