Una fiera suelta en el conurbano

Marcelo Stiletano
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20 de agosto de 2017  

Serie dramática producida por TNT, Underground, Cablevisión y Telefé/ historia original: Bruno Stagnaro/ autores: Bruno Stagnaro y Ariel Staltari/ dirección de fotografía: Miguel Abal/ dirección de arte: María Battaglia/ música: Pablo Borghi/ edición: Guille Gatti, Alejandro Brodersohn, Gabriel Stagnaro/ elenco: Peter Lanzani, Luis Brandoni, Luis Luque, Julieta Ortega, Eleonora Wexler, Ariel Staltari, Andrea Rincón/ producción ejecutiva: Leandro Culell, Pablo Flores/ Productores: Mariano César, Gonzalo Armendares, Sebastián Ortega/ producción general: Pablo Culell/ dirección: Bruno Stagnaro/ horarios: Por TNT, los martes, a las 22, y por Telefé, los miércoles, a las 23.15/ Disponible, completa, para los abonados del servicio on demand de Cablevisión/ Nuestra opinión: muy buena

Un gallo para Esculapio

Peter Lanzani, en una actuación consagratoria
Peter Lanzani, en una actuación consagratoria

U n gallo para Esculapio inaugura una época en la televisión argentina. Es la primera serie compacta (nueve episodios en total) hecha en la Argentina que puede seguirse a la usanza tradicional desde la TV paga o de aire, de a un capítulo por semana, o devorarse entera en clave de binge watching, tal como lo sugiere el nuevo paradigma impuesto desde el streaming.

No lo decimos sólo desde la formalidad de los hábitos de consumo de un televidente, sino desde un sentido mucho más cualitativo. Con este ciclo elaborado a cuatro manos por un operador de TV paga, una señal de cable, un canal abierto y una productora independiente, la producción televisiva argentina entiende quizá para siempre cuáles son las coordenadas actuales de la elaboración, la producción y la exhibición de ficciones para este nuevo tiempo.

Esta suerte de envase multipropósito que garantiza un acceso constante a la serie desde todas las plataformas posibles y en distintas escalas de tiempo es decisivo. Pero lo más importante es lo que aparece dentro del cuadro: un relato potente, magnético, en el que la áspera escenografía del conurbano funciona como retrato reconocible y familiar para cualquiera de nosotros sin hacer jamás ni una mínima concesión al costumbrismo. Tampoco las rutinas de otras recientes ficciones consagradas a ese mundo: aquí, ciertos personajes que se habían acercado demasiado al estereotipo vuelven a encontrar un espesor que parecía extraviado.

En ese territorio turbio, atravesado por sucesivas capas en las que se mueven seres cada vez más opacos e inasibles, los dos personajes centrales de la historia trasladan sus enigmas mientras van desplazándose entre pasadizos, atajos y corredores tan estrechos como la frontera que marca para ellos la separación entre el bien y el mal.

Uno es Nelson, un muchacho de provincia que llega a la Capital con el propósito de buscar a su hermano mientras custodia un gallo de riña que no tardará en mostrar sus habilidades. El otro es el Chelo Esculapio, un veterano gallero y líder de una banda de piratas del asfalto, a quien vemos actuar junto a varios de sus secuaces en el armado de una suerte de red mafiosa suburbana muy elocuente en sus procedimientos. Ambos se encuentran por primera vez, como lo indican las reglas, en el cierre de un primer episodio abierto con una de las secuencias más extraordinarias que recuerda la historia de las ficciones televisivas de intriga policial en la Argentina; el operativo del robo a un camión en plena ruta, narrado en tiempo real.

Stagnaro elige una narración seca, descarnada, en la que casi no hay héroes (sentimos eso en Nelson hasta que vislumbramos la carga violenta que guarda en su mirada) y donde la ley está fijada por los violentos. Además, demuestra que sabe filmar como muy pocos en exteriores: no se registraba con tanta plenitud la densidad suburbana desde las mejores películas de Pablo Trapero.

Hay un ritmo visceral que les debe mucho al western y al policial clásico, sin una palabra de sobra y escenas de un timing exacto, más la aparición de personajes secundarios fascinantes, casi fantasmagóricos, y peleas de gallos que dicen mucho desde lo literal y lo simbólico.

Igual de ejemplares son las actuaciones. Brandoni es un villano magnífico, que esconde detrás de su dureza, de una máscara enigmática y del respeto a los viejos códigos algún hilo de humanidad. Lo de Lanzani es consagratorio: sabe cuándo expresarse con el rostro, con la mirada o con el resto del cuerpo. Se mueve en escena con la destreza de quien carga mil batallas actorales sobre los hombros.

El resto del asombroso elenco está a la altura de tan altas exigencias (en un terreno que conoce al dedillo vuelve a brillar Luis Luque) mientras aguardamos el momento en que aparezca todo lo que insinuaron muy brevemente tres personajes femeninos de enorme potencial. Un gran comienzo.

11,7

Puntos de Rating

En el debut del miércoles último por Telefé mantuvo en su franja horaria una reñida lucha con Pasapalabra, que por El Trece marcó 11,9

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