Anita Martínez: "No me imagino compartiendo la mitad de la cama"
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Bailarina, comediante, actriz, autora, directora. Anita Martínez es una artista completa, de esas que aman lo que hacen, sin tener demasiado en cuenta la fama. "Vivo esto como un oficio y cuando termino mi trabajo, me saco el maquillaje y hago lo que hace cualquier mujer", minimiza. Actualmente protagoniza Únicas, puertas al amor, en el Teatro Broadway y junto a Sandra Mihanovich, Valeria Archimó, Cecilia Figaredo y Lourdes Sánchez. Y prepara un nuevo unipersonal sobre citas de amor a través de redes sociales y un infantil en el que debutará su hijo Lorenzo, de 11 años. "Me encanta generar proyectos", puntualiza, aunque no hace falta la aclaración. En la intimidad de su camarín, rodeada de percheros, ropa y maquillajes, Anita desgrana la obra que escribió y que dirige, junto a la Archimó. "Valeria y el productor, Guillermo Marín, me llamaron para hacer un espectáculo con tres cuadros musicales. Necesitábamos un hilo conductor, un leitmotiv, y se nos ocurrió la idea de resignificar a la mujer hasta en lo mitológico: ¿por qué Cupido no es Cupida y que una mujer sea la que infunde realmente el amor? Inclusive porque las mujeres lo hemos hecho toda la vida. Fue un desafío porque hay mujeres con una enorme trayectoria en el espectáculo, y muy populares. Necesitábamos algo que no tuviera que ver con ellas tampoco".
-¿Cómo fue el proceso de trabajo en esta obra que habla sobre diferentes historias de amor?
-La primera con la que trabaje fue con Sandra, y fue tocar el cielo con las manos porque además de ser una maravillosa cantante, tiene una intuición increíble. Cuenta la historia de una mujer que cuidó toda la vida a su mamá y ella quedó relegada. Quiere empezar a vivir su propia vida. El personaje de Cecilia es la típica mujer que vive toda la vida con un hombre, él muere y ella queda en jaque. Muestra una de esas parejas simbióticas donde la mujer camina apenas un poco más atrás, respetando al hombre. Ceci es una bailarina increíble y yo quería que trascendiera la bailarina porque es una actriz dramática tan fuerte. Valeria cuenta una historia que castró al marido después de enterarse que tenía tres matrimonios en paralelo. Y Lourdes representa al amor de los milenials, que tienen una apertura en el amor que otras generaciones no tenemos. Es una nueva forma de amar. Y yo hablo del matrimonio, el pesado mandato. La obra habla de cómo transformar los mandatos. Nuestra generación es hija de los mandatos.
-La tuya, personal, es una historia de amor atípica: estás separada del papá de tu hijo (Jorge Parodi, productor de teatro) hace años, pero se llevan muy bien y hasta se fueron de vacaciones juntos. ¿Trabajaron mucho para superar las diferencias y seguir siendo una familia?
-Sí, porque entendí que nosotros vamos a ser familia toda la vida. No es fácil. Hice un gran trabajo interno para entender todo. Me ayudó mucho el yoga, en la última etapa. Hace años que lo practico, pero hice un profesorado y aprendí a resignificar todos los vínculos. Aunque ya venía trabajando en eso. No nos divorciamos porque nunca nos casamos pero desde que nos separamos, siempre pensé que cuanta más gente quiera al nene, mejor iba a ser para él y para todos. Ahí ya había soltado un poco. Somos familia. Pasamos las Navidades juntos, y el año pasado nos fuimos de vacaciones por primera vez. Fue un momento tremendo porque Lolo nos agarró de la mano a los dos, uno de cada lado, y nos dijo: "soñé tanto tiempo con esto". Nos miramos con Jorge y fue muy emocionante. Siempre que hago las temporadas, Jorge me trae los perros, me lleva al nene. Y si él está en temporada, lo visitamos y vamos a pasar un tiempo con él porque trabajas toda la semana y tenés solamente un día libre. Cuando viajo, Jorge cuida a los perros y es el único, además de mi mamá, que tiene las llaves de mi casa. Es la primera persona a la que llamo si me pasa algo. Y no sé cómo hace que en diez minutos está en casa. Es familia. Siente esa celeridad con las cosas nuestras.
-¿Alguno rearmó su vida con una nueva pareja?
-No le pregunto nada. Nunca llegamos a hablar de eso. Yo tampoco tengo pareja y, a esta altura, no entro a un tipo en mi casa ni loca. Estoy tremendamente cómoda, no me imagino compartiendo la mitad de la cama. La tengo para mí sola y de ultima, si el nene se pasa para ver una película, estamos bien. Si hay otro más, sería incómodo. Me parece que ya está. Hace mucho tiempo que estoy sola.
-No tenes ganas de convivir, ¿tampoco de enamorarte?
-Si se da, ¿por qué no? Pero la convivencia no me resulta muy agradable. No se puede hacer una ley de cómo vivir en pareja, porque a mucha gente le resulta la convivencia. Es absolutamente subjetivo. Hay gente que es feliz y plena con la convivencia y está bien.
-¿Conviviste muchos años con el papá de tu hijo?
-No me acuerdo… Tres años. Era un lío porque yo tenía temporada en un lugar, él en otro. Ni sé cómo hicimos al pibe (ríe). Eso está bueno pero se sufre también.
-Siempre estuviste muy comprometida con los animales y sos madrina de un refugio también. ¿Seguís ocupándote?
-Sí, claro. Me quedaron tres perros en casa: el galgo y dos viejitas. Soy madrina del refugio San Francisco de Asís, que está en Cañuelas y tiene más de 400 animales. Es el único sueño animal que ganó en la historia del Bailando. Estoy re vegana. Hace 25 años que soy vegetariana y ahora estoy tratando de hacer la mejor transición al veganismo. Hace años que pasé la etapa más importante que es no consumir carnes y no vivir el sacrificio de un animal. Ya lo hice. El veganismo es un camino más selectivo aún. Y lo estoy transitando todavía. Pero creo que vamos todos hacia un mundo vegano, por una cuestión de humanidad, animalidad y ecológica. Es impresionante la cantidad de basura que generamos. Vas al supermercado con una bolsa reciclable y compras productos con envase de plástico. Estamos tan al palo todo el tiempo que no podemos reparar en eso. Hacemos lo que podemos, en casa tenemos una mini huerta, plantas, animales; donde entran tres perros, entran seis (ríe).
-¿También tu hijo es vegetariano?
-Mi hijo está en camino al vegetarianismo. Quiero que haga lo que sienta. Yo no fui vegetariana de chica sino de grande y me parece que la elección propia es muy importante, porque sino es otro mandato más. Está bueno porque aprendió a cocinar y cocinamos juntos, probamos ensaladas, cosas ricas.
-Alguna vez contaste que no te llevas muy bien con la popularidad, ¿cuánto la sufrís?
-Lo que me cuesta es la sobre exposición. El Bailando genera eso, por ejemplo. Cuando participé, mi hijo entraba a primer grado y yo quería estar en todo. Soy una mamá re auto exigente y quería ser perfecta: no me perdí ninguna reunión de padres, ninguna reunión de nada. Va a una escuela pública y es un aprendizaje que siempre quise para él. No estoy peleada para nada con la popularidad. Vivo esto como un oficio y cuando termino de trabajar, vuelvo a ser la persona sin maquillaje, que hace las compras, pasea al perro y levanta los soretes, como todo el mundo. No alimento esa magia, no tengo ni el deseo, ni la fantasía y mucho menos la energía. Conozco mis propios límites y cuando siento que llego, me corro por un ratito. Y no lo hago por ser desagradecida, al contrario. Es mi manera de estar estable, sino me vuelvo loca. Necesito volver a esconderme.
-¿Qué haces cuando te "escondés"?
-Limpio, cocino, armo mis clases de yoga, estudio, miro videos. Siempre estoy estudiando algo, desde meditación hasta lo que te imagines. Ahora con Lolo estamos estudiando cajón peruano, cumbia colombiana. Estudie títeres ya de vieja y me doy el gusto de hacer títeres en mis obras para adultos. Estudio porque creo que tenemos que perfeccionarnos todo el tiempo. Sino nos atrasamos, y nuestro cuerpo se endurece. No quiero ser de esos actores que no pueden girar la cabeza y tienen que hacerlo con el acompañamiento de la cámara porque no pueden. Formarnos es parte de nuestro trabajo, tomar clases, auto conocernos. Es la manera de despertar la intuición.
-¿Cómo sigue tu año laboral?
-Hasta mediados el 19 marzo estamos con Únicas, porque después viene Flavio (Mendoza): el Broadway es su teatro. Seguimos de gira con Únicas, y hacemos Córdoba, Rosario, La Plata. Además, terminé Histeriotipos, un unipersonal que hice durante diez años. Y el 8 de marzo, día de la mujer, estreno otro unipersonal que escribí y trata sobre citas por internet. No tengo ninguna de esas redes en la que conoces gente, pero mis amigas me cuentan sus experiencias. Entonces está inspirado en todas esas historias. Y está muy bueno. También se estrenó Rumbo al mar, la película de Santiago y Fede Bal. Hago un personaje dramático y me sorprendió verme. Me movilizó mucho ver a Santiago. Fue muy emotivo ver la película con Fede y Carmen (Barbieri). Muy fuerte. Santiago era un gran actor dramático, además de cómico. Y para las vacaciones de invierno voy a hacer una versión nueva de Canciones en tranvía, de María Elena Walsh. Y Lolo va a actuar. Tiene muchas ganas. Es sobre un nene que quiere cambiar el mundo, se arma una casita rodante y se va de viaje, con un circo. Amo generar proyectos.

-Durante muchos años te ganaste la vida como bailarina, ¿cómo diste el primer paso a la actuación?
-Siempre fui bailarina, y mi primer trabajo fue en el musical Cats, a los 17 años. Cuando hicieron al avant premiere de la película, el año pasado, nos invitaron a todos los gatos viejos (ríe) y fue muy emocionante. Empezaron a llamarme para actuar y probé. Yo no quería ser actriz pero de chica imitaba a todas mis maestras, las directoras en la escuela. Siempre quise ser bailarina, estaba becada en los mejores estudios porque tenía condiciones pero no podíamos pagar. Bailaba en punta y era muy buena.
-En tiempos de feminismo, ¿se complica hacer humor?
-Hacia un personaje, Adelmar, un viejo machirulo, y ahora no puedo. Lo tuve que resignificar porque es un viejo asqueroso que les decía piropos a las mujeres. Cambió todo. Antes me parecía una sátira pero ahora hasta la sátira me parece re fuerte. Hay sensibilidad con eso. Todavía no estamos acomodados para hacer cierto tipo de humor.
-¿Extrañas a Adelmar?
-Lo puedo hacer pero con nada de género. Si se pone heavy, ya no.
-¿Y cómo te adaptas a la nueva forma de hacer humor?
-Algo que noté es que todos los humoristas estamos en la misma situación de repensar qué tipo de humor vamos a hacer. Siempre digo que no se puede mirar el humor en retrospectiva. Para mi Alberto Olmedo fue el más grande pero no es justo juzgar lo que hacía con el paradigma de hoy. El humor tiene que ver con el momento social. Siempre. Y juzgar a un tipo como Olmedo hoy, sería injusto. Creo que ni él mismo haría el humor que hacía. Cada vez que me encuentro con un humorista tenemos la misma charla: "viste qué difícil, esto no lo hagamos, esto sí, hay que cambiar". Se re piensa todo el tiempo. Algunas cosas de las que nos reíamos son tremendas. Pero esto se va a acomodar en algún momento. Me parece que las mujeres necesitamos este tiempo, esta resignificación, esta deconstrucción y es súper importante para las generaciones que vienen. Lo que más escucho es decir a los hombres que les cuesta acercarse a una mujer. Bueno, quizá hay que empezar a replantearse cómo acercarse a una mujer de ahora en más. Es un momento interesante. Tenemos que replantearnos dónde nos vamos a parar para generar una igualdad, una equidad. Y eso lleva tiempo.
-A veces parece difícil llegar a un acuerdo porque, para algunos, las mujeres exageramos y ahora todo nos molesta. ¿Qué pensas vos?
-Ya vamos a encontrar el punto medio. No existe poder hacer un cambio si no se hace de una manera fuerte. Es difícil visibilizar algo tan importante sin hacer ruido. Creo que tiene que ver con eso. Hay que aprender a manejarlo. Únicas es un espectáculo feminista y muy femenino en el que hablamos de la importancia de cómo nosotras nos paramos con respecto a nosotras mismas. Es un viaje que nos va a llevar un tiempo, inclusive en la educación y la crianza de nuestros chicos.
-En las otras obras que produce Guillermo Marín (Veinte Millones y Gasalla, en Mar del Plata) hay muchas peleas mediáticas, ¿cómo se llevan en el elenco de Únicas?
-Somos un elenco recontra solidario. Somos mujeres que tenemos muchas responsabilidades, tenemos que ayudarnos entre nosotras, darnos las manos. Eso lo dimos por entendido de movida y así nos organizamos. No hemos tenido ni un si ni un no ni una a. Nos admiramos todas, y miramos el cuadro de la otra, desde el escenario. Siempre.

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