El universo kafkiano en una gran performance

Emilio García Wehbi y Maricel Álvarez
Emilio García Wehbi y Maricel Álvarez Crédito: gentileza Leandro Rodriguez
Federico Irazábal
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12 de septiembre de 2020  • 14:45

Cuando comenzó a circular la información de que 65 sueños de Kafka volvía a la Fundación Cazadores fue como comenzar a ver alguna luz al final de un excesivamente largo túnel. Maricel Álvarez y Emilio García Wehbi acababan de estrenar, para mediados de marzo, su última producción. Era una suerte de instalación performática en la que 12 intérpretes llevarían a cabo la performance en un espacio diseñado específicamente como marco "escenográfico" o "instalativo". Pero tras cinco activaciones, el DNU presidencial que daba inicio al ASPO le daba un cierre apresurado a algo que necesitaba del tiempo para completarse.

Es que, fiel al estilo de estos creadores que no paran de reinventarse sin perder nunca el sello que les da identidad, la performance 65 sueños de Kafka operaba por acumulación. En cada activación los performers iban dejando huellas de su paso por la instalación y el espectador que viese la primera activación iba a ver algo más "despojado" que aquel que fuera a la última. "Lo que se escribía en las paredes -cuenta García Wehbi a la nacion-, no se borraba y la idea era que las paredes estuvieran cada vez más y más escritas; o los restos de unos maníes que comía en escena uno de los performers no se barrieran nunca y eso iba a generar una montaña de cáscara de maní. Pero nada de eso se pudo porque tuvimos que cancelar las funciones".

Pero ahora que se conformó un protocolo para los espacios y galerías de artes visuales los artistas encontraron la posibilidad de volver, pero no sin pérdida, no sin renuncia. "Cuando surgió esta posibilidad tuvimos que tomar la decisión de volver modificando y resignificando lo que habíamos hecho o, por el contrario, quedarnos pegados a la idea original y no hacer nada, cuenta Álvarez. Fiel a nosotros sabíamos que si bien lo que sucedía con los performers era increíble, sabíamos que también íbamos a poder hacer algo potente desde la presencia tan significativa de esa ausencia". "Quisimos, acota García Wehbi, hacer esta segunda fase con al menos un performer y que fueran rotando de activación en activación; pero eso nos sacaba del protocolo de muestra y nos ponía en performance, y eso no estaba permitido por la nueva reglamentación. Por eso decidimos finalmente que no estuviera ninguno, porque es así el único modo posible hoy de hacerlo".

Y desde el punto de vista del espectador o del visitante ir a la Fundación Cazadores hoy es ir a participar de todo ese dilema y de esas reflexiones que se vuelven legibles en el resultado final. Ver la instalación 65 sueños de Kafka es ver lo que efectivamente hay, pero sin poder olvidar nunca lo que hubo y se perdió (momentáneamente, al menos). Y es ahí donde aparece la instancia fuertemente política de esta obra. Una de las cuestiones más interesantes es cómo todo lo que hay presente -que hay, y mucho- nombra permanentemente lo que no está. ¿Qué ve el espectador? Básicamente es un set en el que el encierro del tiempo y del espacio es protagonista. Un cerco con señales de electrificación separa al visitante de la obra. Dentro del ámbito escénico todo está conectado por infinidad de cables y conectores que activan varias de las piezas que generan sonido, movimiento o luces. Todo de manera automatizada, sin humanos a la vista. El único objeto claramente antropomórfico es un muñeco (un sobreviviente de aquella performance tan polémica de García Wehbi, Proyecto Filoctetes) que yace en el fondo mientras televisores proyectan un tiempo que ya fue y máquinas de escribir y objetos tecnológicos nos trasladan a otras décadas. Todos esos elementos temporales hacen que la experiencia sea la de un viaje hacia atrás (en lo representacional, en lo que los objetos nombran) pero también hacia algo distópico de la ausencia de lo humano. Y es ahí donde la instalación adquiere toda esa potencia de los cuerpos que ya no están, que de un modo u otro nombran a todos esos cuerpos que no están en espacios que por su ausencia se han vuelto fantasmáticos (oficinas, centros comerciales, negocios cerrados, teatros sin funciones ni actores.)

En 65 sueños de Kafka la presencia es tan protagonista como la ausencia. "Cuando decidimos volver sin los performers, agrega García Wehbi en este sentido, tuvimos que decidir qué hacer, por ejemplo, con la platea. Nosotros teníamos montado todo en la Fundación Cazadores para que la gente estuviera todo el tiempo que duraba la activación y por lo tanto era como una función teatral. La gente llegaba a un horario, se sentaba y veía lo que sucedía. Ahora volvíamos pero sin performers y fue una pregunta que nos hicimos: ¿qué hacemos con la platea? ¿la desmontamos, la ocultamos? Decidimos muy por el contrario iluminarla y dejarla ahí, para que también la ausencia de "espectadores" fuera significativa para el visitante. Creo que ahí cuando el que hoy viene ve la platea vacía puede ver lo que tradicionalmente el público no ve: qué significa un teatro, una sala vacía o vaciada". "Estamos convencidos, suma Álvarez a la idea, que esta presencia protagónica de la platea es un modo poético de también nombrar a eso que hoy no está como es el público teatral y que junto a la instalación sin performers propiamente dicha se constituya en un todo para le lectura y la experiencia del visitante".

Toda la experiencia tiene mucho de distópico, de la distopía que en un punto vive el mundo en este 2020. La acreditación se realiza por mail. Son turnos que duran 15 minutos -el tiempo que se puede estar- y con un máximo de 5 personas (se hace acorde al final del DNI). Luego el espacio queda vacío para que sea sanitizado con todo el protocolo. Te recibe en la sala la mismísima directora envuelta en todo el protocolo de salud necesario y munida de alcohol en aerosol y recién ahí y tras dar la dirección postal -en caso de que surja algún infectado de Covid19 la sala debe poseer las direcciones de todos los que ingresan como medida de seguridad para ser contactados- se puede ingresar al espacio. Una vez allí, en la penumbra, comienza ese viaje tan singular que pensaron los directores y que deja al espectador recorrerlo libremente mientras se deja atravesar por las distintas influencias que hay al tiempo que se vuelve imposible sentir cierta nostalgia por lo que hay y por la presencia fantasmática de lo que ya no. Una perfecta metáfora y representación simbolizada y estetizada del presente.

El espacio pensado para 65 sueños de Kafka
El espacio pensado para 65 sueños de Kafka Crédito: gentileza Leandro Rodriguez

Activaciones

Jueves y viernes, de 17.45, a las 21. Turnos de 15 minutos a las 17.45, 18.30, 19.15, 20, 20.45. Solicitar turno a info@fundacioncazadores.org.ar

DNI con terminación número par (días pares), DNI con terminación número impar (días impares). Entrada gratuita, Fundación Cazadores: Villaroel 1438.

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