Argentina, tierra de amor y venganza: un comienzo prometedor para una historia bien argentina

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Martín Fernández Cruz
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12 de marzo de 2019  • 02:53

Poco después de las 22 empezó la nueva ficción de El trece, Argentina, tierra de amor y venganza. Luego de varias semanas de gran expectativa, debutó con un gran episodio la ambiciosa ficción de Pol-Ka, que reúne a Eugenia Suárez , Benjamín Vicuña , Albert Baró, Delfina Chaves, Gonzalo Heredia , y un gran elenco del que también forman parte Virginia Innocenti, Fernán Mirás , Andrea Frigerio y Mercedes Funes .

La historia comienza en Murcia, en 1936, durante la guerra civil española. Allí, un pelotón recibe el bombardeo de aviones enemigos y mueren todos excepto dos soldados: Torcuato (Vicuña) y Bruno (Baró). A Bruno, el fin del conflicto bélico le promete una vida próspera gracias a una fortuna familiar y al cariño de una hermana que lo espera pacientemente. Pero a Torcuato, solo le queda la soledad, y por ese motivo, traiciona a su compañero y le pega un tiro. El villano se va entonces a la casa del hombre que creyó matar, se presenta como su apoderado, toma su dinero y junto a su hermana vuelve a la Argentina.

Mientras tanto, lejos de morir, el soldado es rescatado por aliados que lo llevan a un hospital improvisado para curarlo. Claro que su calvario no hace más que empezar porque cuando se recupera, cae preso de los enemigos durante dos años más. El tiempo pasa, la guerra civil culmina y Bruno es puesto en libertad, solo para descubrir el destino de su hermana y su enemigo. Por ese motivo, decide ir de polizón hacia la Argentina y ajustar cuentas.

Crédito: Silvana Colombo y Artear

El viaje en alta mar sirve de contexto para presentar a otras dos importantes piezas de la historia. Aldo (Heredia) es un oportunista que vive de negocios dudosos, y que vende a precios absurdos pasajes de barco a españoles con la promesa que en Argentina encontrarán el paraíso y la prosperidad. En uno de esos viajes conoce a Raquel (Suárez), una polaca que cree ir al encuentro de un esposo al que no conoce. Para Aldo, todo es amor a primera vista e intenta seducirla, pero una mujer que viaja junto a ella le impide avanzar demasiado. Mientras tanto, en ese barco él descubrirá a Bruno, aunque en vez de delatarlo, lo contrata como empleado y traductor, para hablar en francés con la muchacha polaca. A medida que pasan los meses en alta mar, Aldo comienza a sospechar que la joven está siendo engañada, y cuando llega a Argentina confirma sus sospechas. A Raquel, el destino que la aguarda no tiene nada que ver con un feliz matrimonio, sino con una red de trata de personas.

Mientras tanto, Torcuato vive la realidad que tanto anhelaba. Junto a su hermana Alicia (Funes), maneja una gran fortuna que se mezcla con muchos negocios ilegales. Pero es un hombre poderoso y respetado, y por ese motivo considera que ninguna mujer debería negarse a ser su esposa. Obsesionado con una joven de nombre Lucía (Chaves), le pide casamiento y se sorprende al ser rechazado. Ella pertenece a una familia que supo tener mucho dinero, pero que ahora atraviesa una difícil situación económica. Por ese motivo, su madre (Innocenti) le exige que acepte el compromiso para así saldar deudas y elevar su status social. Y si bien Lucía no quiere, acepta solo porque su padre padece una seria enfermedad y necesita dinero para medicamentos.

Torcuato recibe la buena noticia, y su soberbia lo lleva a pensar que el destino se amolda siempre a sus necesidades. El villano saborea su triunfo mientras otros ven cómo sus planes van de mal en peor. Raquel es llevada a la fuerza a un prostíbulo, Aldo observa impotente cómo la mujer que ama pierde su libertad, y Lucía es condenada a un matrimonio que solo le dará infelicidad. Pero en la imagen final, Bruno, que logró colarse en el cumpleaños de Torcuato, a la distancia, lo apunta con un revolver. Todo indica que va a disparar, hasta que aparece Lucía, y ambos jóvenes se miran sellando la que será la historia de amor que atraviese a esta poderosa venganza.

Un comienzo sólido

Fuente: LA NACION

Lejos de masticar la historia de forma lenta, el primer episodio de Argentina, tierra de amor y venganza, plantea con contundencia el casillero en el que se encuentran todos los personajes. El guión de Leandro Calderone y Carolina Aguirre plantea temas inevitables para una novela de estas características (grandes amores, grandes odios), pero los impregna de actualidad, irónicamente, trasladando la acción al pasado. En gran medida, la saga pondrá en relevancia el rol de la mujer en ese período (y no tanto), y cómo era tratada como un objeto y no más que eso. De ese modo la trama no pondrá necesariamente el acento en el romance, sino en la venganza y en un retrato oscuro de la Buenos Aires de los años treinta. Desde el comienzo del episodio, se hace evidente que la intención es contar una historia cruda, con personajes que por distintas situaciones se encuentran contra las cuerdas, y que deberán hacer lo imposible por cumplir sus objetivos. Y detrás de todas las tragedias que inundan la ficción, se encontrará siempre la visible mano de Torcuato.

El villano interpretado por Vicuña ya es uno de los logros de la tira, y su trabajo promete ser uno de los grandes imanes de la historia. En el otro extremo, los personajes de Baró y Heredia componen a los protagonistas que deberán unir fuerzas para enfrentarse al poderoso hombre. El español que ganó popularidad por Merlí, demostró una notable capacidad para ponerse en la piel de un héroe clásico, idealista en su mirada, capaz de sacrificarse por sus convicciones y dueño de una nobleza indoblegable. Es un héroe sin grises (al menos de momento), y su encanto tiene que ver justamente con esa cualidad. Aldo, por otra parte, promete una evolución distinta. El primer episodio lo muestra como un oportunista, que al tener un buen corazón, deberá armarse de valor para enfrentar una peligrosa red de trata de personas. Él respeta y teme a Torcuato, pero seguramente no pueda desatender el ayudar a Raquel a escapar de esa cruenta realidad.

Crédito: gentileza eltrece

El amplio abanico de secundarios también enriquecerá el núcleo duro de la trama. En el capítulo inicial poco se pudo ver de dos personajes clave: los encargados del prostíbulo, interpretados por Andrea Frigerio y Fernán Mirás. En otro registro, Mercedes Funes (que maneja a la perfección la sutileza de recursos al momento de hacer comedia), es un contrapunto ideal para convertirse en la hermana Torcuato. Es así que cada uno de los intérpretes viaja por un registro muy definido, y que todos desprenden una identidad muy marcada y muy distinta, desde el villano bigger than life de Vicuña, hasta la inocencia de Raquel (con la China y un aprobado en polaco), hasta el Lorenzo de Heredia, que buscado o no, tiene un rasgo porteño que parece sacado de la actualidad.

De ese modo comenzó Argentina, tierra de pasión y venganza, una novela cuyos primeros pasos sentaron las bases de un relato con innegables influencias de Montecristo, y que plantea una ambiciosa historia que busca convertirse en la gran ficción nacional del 2019.

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