Ricardo Fort, de niño triste a caprichosa figura mediática

Ricardo Fort, una figura que no pasó inadvertida en la pantalla chica
Ricardo Fort, una figura que no pasó inadvertida en la pantalla chica Fuente: Archivo
Tomás Balmaceda
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5 de noviembre de 2018  • 12:07

Cantante, actor, empresario, productor teatral, rompecorazones... Ricardo Fort soñó con ser muchas cosas y cumplió con casi todas en su breve y llamativa llegada a la escena mediática argentina, a la que le aportó frescura y desparpajo, pero también altas dosis de conflictos y problemas. Y es que, por sobre todas las cosas, él ansiaba ser famoso, algo que logró en tiempo récord pero que le costó muy caro. Este mes, en el que cumpliría 50 años y además se produce un nuevo aniversario de su muerte, queda claro que fue una figura única aunque con sus claroscuros.

Fort nació un 5 de noviembre de 1968 en una familia acaudalada y vinculada a los chocolates y las golosinas. Su abuelo Felipe solía contar que siendo un niño vivía prácticamente en la calle pero soñaba con los dulces que veía en las manos de otros más afortunados. Así que luego de ahorrar dinero haciendo changuitas, logró comprarse un mortero especial para moler cacao. Con muchísimo esfuerzo y gran ojo para las oportunidades, en 1912 fundó Fel Fort y comenzó una compañía que fue creciendo e instalándose en el paladar argentino. Su hijo Carlos continuó esa senda desde la década del 50 y luego terminó en mano de sus tres hijos, Eduardo, Jorge y Ricardo. Éste último, sin embargo, desde chico mostró más interés por el mundo del espectáculo que por los negocios y poco tenía del espíritu trabajador de su abuelo.

Amparado por su madre -Marta Campa, quien fuera una cantante lírica de moderado suceso- Fort intentó desde chico explorar sus deseos artísticos y creativos pero pronto se encontró con una situación asfixiante en su casa, que llevaba un ritmo y una disciplina muy diferentes. "Pasé una infancia terrible, no se la deseo a nadie. No tengo ni un recuerdo feliz de mi juventud", reveló en 2009.

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En los primeros años de la década del 90 era común verlo en la noche porteña alternativa con un look poco frecuente en el país, inspirado en un sector de la cultura homosexual estadounidense del momento. "En un momento en el que nadie se declaraba abiertamente gay, él aparecía en los boliches que todos sabíamos que eran para hombres con un aspecto que nosotros sólo conocíamos por revistas de afuera: musculoso, chalecos de cuero, ojos delineados. Era una figura muy impactante, jamás pasaba desapercibida", le contó a LA NACION un habitué de estas fiestas.

A los cambios realizados en su cuerpo con gimnasio y suplementos, Fort pronto le sumaría cirugías estéticas, que lo fueron acercando a la persona que él soñaba ser. Estos hábitos complicaron los problemas congénitos de columna que su padre y su hermano también sufrían y que lo llevarían a una cirugía en la que le colocaron 28 clavos para enderezarla. A pesar de eso, él nunca siguió las indicaciones de los profesionales que le pedían realizar ejercicios físicos sólo bajo supervisión.

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A mediados de los 90, luego de vivir en Los Ángeles, se instaló definitivamente en Miami, ciudad en donde pudo desplegar toda su verdad sin miedo a la mirada de los demás. Allí fue modelo y hasta intentó ser cantante. Las versiones de su mudanza a los Estados Unidos difieren, algunos hablan de un exilio autoimpuesto mientras que otros aseguran que fue obligado por su familia a irse, porque sus padres y hermanos estaban cansados de su estilo de vida tan diferente al del resto del clan.

Aunque regresaba de manera periódica a la Argentina, Fort se mantenía como un personaje virtualmente desconocido en el país hasta que falleció su padre, en 2007, y ya sin su presencia reprobadora decidió levantar su perfil. Lo hizo de la única manera en que sabía hacer las cosas: de forma impulsiva, con excesos e invirtiendo mucho dinero.

Así nació en 2009 Reality Fort, un programa que él mismo producía y ponía al aire primero en Internet y luego en las medianoches del cable, donde pagó el espacio. Era una mirada egocéntrica y sin filtros sobre su vida ostentosa en Miami y Buenos Aires, rodeado de un grupo de amigos a los que llamaba "gatos" y a los que les pagaba salidas nocturnas, grandes banquetes y periódicas visitas al gimnasio. Por ese entonces, comenzó a aparecer en Infama como el misterioso millonario que le enviaba flores a Virginia Gallardo y era exnovio de Celina Rucci, con la que se le había visto en fotos. Luego Alejandro Fantino comenzó a llevarlo a Animales sueltos. Aunque él siempre lo negó, desde América TV varias fuentes confirmaron que esas primeras intervenciones también eran pagas. En 2010 en esa pantalla comenzó a verse otro reality producido por él, Fort Show.

En su búsqueda de reconocimiento y cariño el primer impulso de Fort fue mostrar cómo su estilo de vida excesivo también se trasladaba al plano sentimental. A lo largo de dos años protagonizó tórridos romances con algunas de las mujeres más mediáticas de ese momento, como Virginia Gallardo , Violeta Lo Re, Erika Mitdank y Claudia Ciardone.

"Él era distinto a todo lo que había en los medios: su aspecto era maravilloso, como un superhéroe, no tenía miedo a las cámaras ni a provocar o caer mal, él buscaba la polémica y disfrutaba ser el centro de escena", recordó Adriana Salgueiro, quien trabajó con él en la obra de teatro Fortuna, en diálogo con LA NACION. Para la actriz, el lazo con el público fue instantáneo: "Se daba algo raro: sus millones no lo alejaban del público sino que lo acercaban. Yo he viajado en su Roll Royce y la gente se le acercaba y lo amaba, era una conexión como pocas veces vi. Más allá de su billetera abultada tenía un corazón increíble. Era maravilloso, no sólo era generoso con lo económico sino también con lo afectivo. Se lo extraña mucho".

Marina Calabró -quien lo acompañó en el ciclo nocturno Fort Night Show por América TV- coincide en que nadie podía ignorarlo, para bien o para mal: "Fort tenía esas personalidades que eran imposibles que te dejen indiferentes. Generaba desde amores incondicionales a peleas fervorosas o enojos viscerales. Ricardo dividía aguas y con fuerza: lo amabas mucho o lo detestabas mucho".

Cuando los índices de audiencia de ciclos como Infama o Animales sueltos trepaban con Fort en pantalla, Marcelo Tinelli tomó nota y lo dejó entrar al piso de ShowMatch . En menos de seis meses, el chocolatero pasó de estar en la tribuna a entrar con un caballo blanco para declararle su amor a Virginia Gallardo. En 2010, directamente abrió el ciclo con un musical de Lady Gaga y se sentó en la silla de jurado y fue el centro de atención.

Al aire Fort era soberbio, desordenado y muchas veces misógino. Se reía de los numerosos testimonios que aparecían contando un pasado gay que él negaba y durante meses la televisión se nutrió de viejas fotos, supuestos amantes y otros archivos. Cuando en 2011 la audiencia pareció cansarse de él y no tuvo tanta exposición, "salió del closet" para volver a ser el centro del debate. Peleado a muerte con Tinelli y con otros popes de la pantalla chica como Moria Casán y Jorge Rial , quiso hacer su propio camino con Fort Night Show en 2012 pero no pudo mantener la atención.

Jorge Rial, uno de los enemigos públicos de Ricardo Fort durante su paso televisivo

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Para ese entonces, él mismo financiaba obras de teatro que protagonizaba y en donde actuaba y cantaba, muchas veces sin demasiada justificación artística. Era habitué de los móviles de los ciclos vespertinos durante las temporadas, pero su estrella comenzaba a declinar. Allí empezó a mostrar en público a sus dos hijos, Marta y Felipe, quienes habían nacido tras un tratamiento en los Estados Unidos cuando estaba en pareja con Gustavo Martínez. Hoy Martínez, que no se separó jamás de su lado pero trató de mantenerse lejos de los escándalos, es el custodio legal de los niños.

Gustavo Martínez quedó a cargo de Felipe y Marta, los hijos de Ricardo Fort

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Una operación de rodillas en 2012 fue el inicio de una serie de intervenciones fallidas que buscaron calmar el dolor que le causaba sus problemas de espalda. Su irritabilidad, malos tratos y tendencia a automedicarse lo volvían un pésimo paciente con el que pocos querían lidiar. En enero de 2013 fue internado de urgencia en Mar del Plata, en plena temporada, y se supo que era adicto a la morfina. En noviembre de ese año terminó internado en el Sanatorio de la Trinidad y dejó un video en su canal de YouTube en donde aseguró: "Estoy en un spa para que me mimen, me cuiden, comer cosas ricas y salir diez puntos para disfrutar la vida". Sin embargo, era evidente el dolor y las molestias por las que estaba pasando.

"Siempre sentí que me iba a morir joven", le dijo a Mariana Fabbiani a inicios del mes de noviembre, ya aquejado por varios problemas de salud. Sus últimas palabras públicas resumieron su vida y la frustración de no saber por qué no podía lograr su sueño: "Toda mi vida peleé por ser famoso y de repente aparecí en un programa como el "Bailando..." Pero la vida me quitó el poder de mostrar lo que sé hacer porque hoy no puedo bailar ni moverme y eso es lo que no entiendo, me da mucha frustración. Quiero recuperarme y hacer todo lo que tengo que hacer porque la vida que estoy viviendo ahora no es vida". Fort murió el 25 de noviembre de 2013, tras una hemorragia que le causó un paro cardíaco.

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