Tras recomponer Jóvenes Pordioseros a través del disco Abstinencia, el cantante baja el perfil y no vende ilusiones; "queremos ir a lo seguro y no pisar en falso", asegura
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Para Toti Iglesias, Jóvenes Pordioseros significó la marca de agua con la que estampilló cada una de las decisiones musicales que tomó en su vida. Y no es una exageración: a los 8 años decidió así llamar al proyecto que tenía con su primo, haciendo propio el título de Beggars Banquet, el noveno disco de los Rolling Stones. Por supuesto, solo tenían eso, nombre y proyecto, para ganarse los aplausos en el living de un cumpleaños familiar por Lugano, aforo especialmente escogido para aquel debut en vivo. Las canciones y los instrumentos vendrían después (no mucho), acaso en 1992 ó 1993, tiempos de ensayos y algunas tocadas por la postergada zona sur de la Capital. Las fechas y los hombres imprecisos de esos tiempos componen el difuso anecdotario de una historia que comenzó a trazarse recién entrado el nuevo milenio, cuando la banda delineó formaciones más o menos estables, grabó discos, llenó recintos, tatuó canciones, sonó en las radios y transitó el indolente postCromañón con un resonante éxito antes de... bueno... explotar en mil pedazos y volver a fojas cero.
"Dejamos que se metiera mucha gente de afuera que pretendía morder una torta que nos había costado mucho poder cocinar", dispara Toti, acerca de aquella traumática separación coronada con una olvidable despedida en enero de 2008, cuando el grupo tocó en la ciudad entrerriana de Federación sin la participación de su cantante. "Yo tengo la conciencia tranquila porque siempre defendí los intereses de la banda y de los músicos. No guardo rencor porque nadie le hizo mal a nadie; en definitiva, solo fueron momentos y creo que tuvo que ver la edad, también", afirma el vocalista, quien inició un exilio musical forzado en Hijos del Oeste, banda que ahora pone en el freezer para recuperar su franquicia de siempre junto a una formación que combina a músicos de esta última (el baterista Mariano Fiel y el guitarrista Marcelo Marín) con el más puro ADN pordiosero (el bajista histórico Fede Sica y el antiguo violero Nando Canata). Con flamante disco, Abstinencia, bajo el brazo, Toti no planea más que "shows sorpresa en donde surja, porque estoy viajando mucho para tocar con mis amigos, hacerle bien a la salud y no estar tanto en la noche y en la falopa".
¿Y de qué vas a cantar ahora, entonces?
¡De lo mismo! Rescatarme no significa hacerme cura, jeje. Con los años, tomé un poco de conciencia acerca de mi cuerpo. Además, perdí a muchos amigos que quedaron atrapados en la falopa. Tuve un click en donde me dije: "Puedo hablar de las cosas que me siguen pasando, pero con más cuidado". Una vez, mostré mis armas en la tele y después vi en Internet que muchos fanáticos de la banda se sacaban fotos enfierrados. ¡Pibes de 16 años! No quiero generar eso. Si yo las tengo, es por el lugar en el que vivo y los amigos que curto, pero lejos está de mí hacer apología para que un pibito se drogue y ande armado. Habría que pegarles un cachetazo, como también tendrían que habérmelos dado a mí durante mucho tiempo.
¿Cómo fue el reencuentro con Nando Canata, guitarrista de la banda hasta 2003?
Estamos en un nuevo momento de amistad, tocando canciones de esas épocas y despertando el niño interno que se muestra cuando hacemos música, como si estuviésemos jugando en un arenero. Yo estaba muy asustado porque no sabía como nos iba a recibir la gente. Hubo dos generaciones que consumieron Jóvenes Pordioseros: los que nos vieron crecer con Nando en la época de los discos independientes, y los que nos conocieron por las radios y los canales de músicos. En cualquier caso, creo que valoran que somos pibes que no mentimos. Nosotros no queremos cambiarle la vida a nadie porque yo ni siquiera puedo cambiar la mía. No quiero ser profeta de nada, solo lograr que la gente la pase bien escuchando unos buenos rocanroles y, luego, vuelvan contentos a sus casas.
¿Existe alguna diferencia entre grabar con Hijos del Oeste y con Jóvenes Pordiseros?
Hijos del Oeste tiene muchos acordes menores. Con Abstinencia, en cambio, quisimos hacer un disco bastante influenciado por lo que siempre fueron los Jóvenes Pordioseros, que se resumiría en discos de los Rolling Stones tales como Some Girls y Voodoo Lounge y en canciones con (el acorde) sol abierto (y no con cejilla). Mario Breuer tuvo mucho que ver en eso. Nosotros le pasamos el concepto y él se encargó de hacer sonar a la banda de una manera que nos encanta.
Sos un confeso admirador del hip hop y en Abstinencia hay un tema con claras influencias. ¿Harías un disco de género?
Me gusta mucho lo clásico, onda Eminem o 2Pac, y me interesan mucho sus historias de vida. Haría un disco de lo que sea, siempre y cuando sea mi estado de ánimo quién me lo mande a hacer. Porque las canciones son eso: estados de ánimo. Esa canción ("Agradeciendo a Dios"), por ejemplo, la pensé un día que fui a visitar a unos amigos en Solano, por Quilmes. Había un nenito de 7 años en una calle de tierra toda inundada y el agua le llegaba hasta el ombligo. Me pintó escribir sobre eso, y si me pintara hacer un disco de hip hop, lo haría, aunque sinceramente hoy no está entre mis posibilidades.
Juanse te señaló hace unos años como "el futuro del rock and roll". ¿Sentís ese mandato como una responsabilidad?
Los Ratones fueron muy generosos conmigo, me trataron como a uno más de la familia y yo agradecí el cumplido, pero no pienso en esas cosas. El Indio, Skay y Calamaro son íconos del rock, yo solo quiero tener una banda y hacerla sonar. Me daría vergüenza asumir esa responsabilidad. Debo mantenerme tranquilo, ir a lo seguro y no pisar en falso. Ya veremos hasta donde se puede ir.
Por Juan Ignacio Provéndola
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