El severo problema que empiezan a enfrentar los migrantes en EE.UU. y parece no tener una pronta solución
Año tras año, millones de personas abandonan sus países de origen con la esperanza de encontrar una mejor vida en suelo norteamericano; durante el viaje, los problemas de salud se pueden convertir en graves complicaciones
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La travesía de un migrante desde su país de origen hasta Estados Unidos está cargado de incertidumbre. La meta no solo es llegar a Norteamérica, sino hacerlo en las mejores condiciones posibles dentro de un contexto lleno de peligro. Una vez en el territorio, el acceso a los servicios de salud se convierten en una tarea difícil.
De acuerdo con un relevamiento de AP, los médicos a nivel nacional opinan que es inusual que los migrantes sean sometidos a exámenes médicos o algo más que atención primaria para emergencias cuando llegan a la frontera entre México y Estados Unidos. Asimismo, tampoco existe un sistema nacional para rastrear la atención que se les brinda.
En ese orden, dependiendo del estado o ciudad a donde los migrantes se movilicen, las opciones de acceso a la salud disminuyen o se amplían. En algunas urbes, las autoridades guían a los recién llegados hacia sistemas de salud pública sólidos y otras dependen de departamentos de emergencia o médicos voluntarios para tratar problemas de salud que de otro modo podrían prevenirse.
Según refirió la agencia de noticias, más de dos millones de personas cruzaron la frontera ilegalmente entre octubre de 2022 y septiembre de este año, de acuerdo con datos de la Patrulla Fronteriza. De acuerdo con médicos entrevistados, en general, los inmigrantes están sanos debido a que “tienen que serlo para hacer el arduo viaje”.

De hecho, son los viajes los que pueden convertir problemas de salud manejables en emergencias. Tal es el caso de Julio Figuera, un trabajador de 43 años que migró desde Venezuela y que buscó atención médica en una clínica en el condado de Cook, Chicago.
En algún momento de su travesía de más de 4500 kilómetros, el hombre contrajo neumonía. Figuera, que vivía con cientos de otros solicitantes de asilo en el Aeropuerto Internacional O’Hare mientras esperaba un refugio más permanente, regresó para recibir atención de seguimiento en la clínica del condado. La tos persistente volvió y él también. El personal sanitario revisó sus signos vitales, escuchó su pecho y le administraron la vacuna contra la hepatitis. “Fue el viaje lo que me enfermó”, expresó y luego agregó que no era común que su estado de salud decayera.

Este año, cerca de 14.500 migrantes recibieron atención médica en el condado de Cook y 100 fueron recogidos de los refugios para recibir cuidados inmediatos y vacunas. En promedio, esa jurisdicción gastó poco más de dos millones de dólares al mes o US$30 millones desde que abrió la clínica hace aproximadamente un año.
En Nueva York, se registraron 29.000 visitas médicas de inmigrantes durante el último año fiscal, se aplicaron más de 40.000 vacunas y se evaluó a todos los viajeros recién llegados. El caso de Denver es similar, ya que se atendieron 26.000 personas durante el año. Para las autoridades de todo el país, los migrantes podrían convertirse en factores de riesgo potencial para los ciudadanos, si traen consigo enfermedades endémicas de sus países de origen o se infectan durante el trayecto.
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