¿Virrey de Venezuela? Marco Rubio en su rol más desafiante hasta el momento
El máximo funcionario diplomático de Estados Unidos viene presionando por un cambio de régimen en Venezuela desde hace más de diez años, pero la parte más difícil recién empieza ahora
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WASHINGTON.- Desde que Donald Trump es presidente, Marco Rubio ha ostentado muy diversos títulos, pero tal vez ahora haya adquirido el más desafiante de todos: el de virrey de Venezuela.
Secretario de Estado, asesor de seguridad nacional, director de la Agencia Nacional de Archivos y Registros, y administrador de la ahora fenecida Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (Usaid), Rubio fue uno de los cerebros detrás del derrocamiento del presidente venezolano Nicolás Maduro, según funcionarios al tanto de la planificación del operativo de este sábado.
Pero sin un sucesor inmediato que gobierne ese país de casi 30 millones de personas, Trump también depende de Rubio para que lo ayude a “manejar” Venezuela, reparta sus recursos petrolíferos y le abra camino a un nuevo gobierno, una tarea titánica y peligrosa para alguien con tantas otras responsabilidades.
“Es abrumador lo que le espera”, dice un alto funcionario norteamericano ante la lista de decisiones que deberá tomar Rubio en materia de energía, elecciones, sanciones y seguridad.
Sin embargo, para Rubio —cuyos padres huyeron de Cuba poco antes de la toma del poder por los comunistas en 1959—, este momento marca la concreción de un anhelo de cambio para Venezuela que lleva más de diez años, y quienes han trabajado con él aseguran que se toma muy en serio los problemas de la región”.
“Marco quedó muy marcado por la experiencia de sus padres”, apunta César Conda, estratega republicano y jefe de gabinete del exsenador Rubio entre 2011 y 2014.
Varios funcionarios norteamericanos afirman que Rubio desempeñará un papel crucial en la orientación de la política del gobierno de Trump para intentar estabilizar Venezuela.
Su dominio del español y su familiaridad con los líderes latinoamericanos y la oposición venezolana lo convierten en un punto de contacto natural para Trump, según otro alto funcionario estadounidense.

Sin embargo, ese funcionario consultado enfatizó que el gobierno deberá nombrar a un enviado de tiempo completo que asista a Rubio, dada la amplia gama de decisiones y responsabilidades inherentes a la tarea que lo espera. En sus declaraciones a la prensa después del operativo, Trump no dio precisiones sobre la capacidad de su gobierno para gobernar Venezuela, y solo afirmó que “quienes me acompañan se ocuparán de eso por un tiempo”.
El presidente elogió el inicio de las conversaciones de Rubio con Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Maduro.
“Acaba de hablar con ella, y está dispuesta a hacer lo que nos parezca necesario para que Venezuela vuelva a ser grande”, declaró Trump. Poco después, Rodríguez contradijo los planes de Trump para su país, asegurando que “jamás volveremos a ser colonia de ningún imperio”.
La captura de Maduro, vestido con pantalones deportivos, no sólo cumple un objetivo largamente acariciado por Rubio, sino que también representa una victoria burocrática para él en una administración que incluye a ardientes escépticos del cambio por parte de Estados Unidos no solo cumple un viejo anhelo de Rubio sino que para él también representa una victoria personal en la interna de un gobierno donde hay fervientes críticos de los intentos de cambio de régimen, en especial al vicepresidente J.D. Vance.

“Mucha gente no creía que una operación de extracción pudiera llevarse a cabo sin problemas”, señala Geoff Ramsey, miembro del Consejo Atlántico, un grupo de expertos en política internacional. “Pero eso Rubio se lo tomará como un éxito rotundo de su estrategia de política exterior”.
Para Justin Logan, director de estudios de defensa del Instituto Cato, aunque la destitución de Maduro difícilmente llegue a satisfacer a los exiliados políticos, sí puede ayudar al gobierno de Trump a evitar meterse es un atolladero como el de Irak o Afganistán, que perjudicaría a los republicanos en las próximas elecciones.
“Solo pasa a convertirse en un enorme problema político si el asunto se agranda y cuesta cada vez más”, dice Logan. “Mientras el costo en sangre y dinero sea tan bajo, pueden hacer prácticamente lo que quieran”.
Confianza
Además de sortear el peligroso campo minado de la construcción nacional de Venezuela, Rubio también deberá recuperar la confianza de los legisladores, que lo acusan de mentirle al Congreso norteamericano.
“Hace apenas unas semanas, mirándonos a todos los senadores a los ojos, los secretarios Rubio y Hegseth dijeron que no se trataba de un cambio de régimen. No les creí entonces y ahora confirmamos que le mintieron descaradamente al Congreso”, declaró el senador demócrata Andy Kim.
Entrevistado por The Washington Post, Rubio negó haber mentido y dijo que lo que prometió fue obtener la aprobación del Congreso solo si Estados Unidos “iba a realizar ataques militares con fines militares”.
“Y no fue eso: fue una operación policial”, declaró Rubio, en referencia a la acusación contra Maduro por narcotráfico en el Distrito Sur de Nueva York.
Y cuando el periodista le recordó que el bombardeo de Venezuela, la captura de su líder fue realizada por militares norteamericanos, y la declaración sobre “manejar” ese país serían ampliamente interpretados como una operación militar, Rubio no retrocedió y dijo que “la misión de anoche fue en apoyo del Departamento de Justicia”.
El argumento no convenció a algunos expertos. Jennifer Kavanagh, directora de análisis militar de Defense Priorities, afirmó que la justificación policial era una excusa “conveniente” para la decisión de la administración de no notificar al Congreso.
La operación para capturar a Maduro “fue extremadamente masiva y compleja”, añadió Kavanagh. “No me parece una operación policial”.
Antes de unirse al Departamento de Estado, Rubio había indicado durante mucho tiempo que apoyaba el uso de la fuerza militar estadounidense para derrocar a Maduro, sugiriendo en una entrevista en español en 2018 que había un “fuerte argumento” para que Estados Unidos debería hacerlo.
Al año siguiente, durante una renovada tensión con Maduro, Rubio publicó en las redes sociales fotografías de líderes extranjeros depuestos, incluido el libio Muammar Khadafy, poco antes de ser ejecutado por fuerzas rebeldes en 2011.
Aunque Trump había considerado la idea de entablar conversaciones con Maduro a principios del año pasado, incluidas aquellas negociadas a principios de su mandato por el enviado Richard Grenell que vieron liberados a varios ciudadanos estadounidenses detenidos, personas cercanas al gobierno dicen que sus instintos se alinearon en gran medida con el enfoque más duro de Rubio.
“Rubio y el presidente están trabajando codo con codo en esto”, y ambos “realmente estaban al mando”, dijo una persona cercana a la administración Trump que conoce a Rubio desde hace muchos años.
Durante una conferencia de prensa el sábado, Rubio insinuó que Cuba podría enfrentarse a una acción militar estadounidense similar. “Si viviera en La Habana y estuviera en el gobierno, estaría preocupado, al menos un poco”, dijo en respuesta a la pregunta de un periodista.
Aunque ex funcionarios y analistas dijeron que no esperan una acción militar inminente contra Cuba, es probable que la presión económica aumente con la salida de Maduro de Venezuela.
“Supongo que una de las primeras exigencias que tendríamos como Estados Unidos a quienquiera que esté manejando las cosas en Venezuela es que cese cualquier apoyo a Cuba, bajo la teoría de que eso desestabilizará ese régimen y conducirá a un mejor resultado”, dijo Kevin Whitaker, quien se desempeñó como embajador de Estados Unidos en Colombia durante la primera administración de Trump.
Dudas
Nadie sabe con certeza quién está al mando en Venezuela en este momento. Algunos expertos en América Latina dicen que Estados Unidos probablemente subestimaba el desafío de gobernar el país con una presencia militar limitada.
“Las cálculos más creíbles sobre el número de efectivos necesarios sobre el terreno oscilan entre las decenas de miles y los cientos de miles”, apunta Adam Isacson, experto de la Oficina de Washington para América Latina. “En Panamá, en 1989, la fuerza de ocupación era de 27.000 hombres, y Venezuela es 12 veces más grande y está 6,5 veces más poblada, con una gama mucho más amplia de grupos armados y bandas delictivas”.
“Es razonable esperar que los 15.000 soldados desplegados actualmente en la región se multipliquen por más de cinco, y eso según la estimación más conservadora”, agrega Isacson.
Al dejar en el cargo a la vicepresidenta Rodríguez, el gobierno de Trump tal vez pretenda evitar una situación como la de Irak, donde el gobierno y el ejército fueron depurados casi por completo, porque eso “fue una catástrofe”, recuerda Kevin Whitaker, embajador norteamericano en Colombia durante el primer gobierno de Trump.
Según un exmiembro del personal del Senado que mantiene contacto con Rubio dice que en el gobierno no creen que los funcionarios vayan a desempeñar un cargo formal, como cumplieron Paul Bremer y la Autoridad Provisional de la Coalición en Irak.
“Les vamos a decir: Si no quieren otro ataque, tienen que hacer esto”, dice el expersonal del Senado. “Cuando Trump dice ‘manejar’ el país se refiere a eso”.
John Feeley, exalto funcionario del Departamento de Estado y embajador en Panamá, dice que al parecer inicialmente el gobierno norteamericano pretende ejercer su influencia en Venezuela a través de la vicepresidenta Rodríguez, a quien describe como “una comunista ideológica” situada “en el corazón del chavismo”.
Feeley señala que si hasta el momento Rodríguez está en conversaciones entre bastidores, “es porque está negociando con Trump para salvar su pellejo”. Y tampoco está claro hasta qué punto tiene influencia sobre el resto del aparato militar y político.
“La esperanza del gobierno de Trump es que, después de los acontecimientos del sábado, todos esos líderes militares venezolanos tengan tanto miedo que no puedan hacer otra cosa que seguir las órdenes de Delcy”, apunta Feeley. “Pero sin tropas sobre el terreno, todo eso es pura cháchara”.
Feeley dice estar asombrado por “la precisión y el profesionalismo” de lo que se le comunicó a la opinión pública sobre la operación militar en Venezuela. Sin embargo, dice que eso “contrasta marcadamente con la incertidumbre y la falta de claridad que escuchamos del presidente y del secretario Rubio sobre el futuro de la gestión de Venezuela”.
Traducción de Jaime Arrambide
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